En la Raya (DC Jake Tanner 2) Capítulo 24
31%

Capítulo 24

LA CAFETERÍA

— D iga su nombre, por favor —comenzó Jake.

—Rebecca Langton.

—¿Qué relación tiene con Jessica Mann, Rebecca?

—Era mi compañera de piso.

—¿Y dónde estaba usted anoche?

—En el trabajo.

Jake alargó la mano hacia una carpeta marrón que estaba cerrada sobre la mesa, a su lado.

Extrajo una hoja A4 que contenía información sobre Rebecca Langton.

Era una combinación del rápido perfil personal que él mismo había elaborado sobre ella y las breves preguntas y respuestas que los agentes en la escena del crimen habían anotado para confirmarla como una testigo creíble.

—Hospital Universitario de Homerton —dijo Jake, más como una afirmación que como una pregunta.

—Sí —Rebecca asintió—. Me tocó el turno de noche. De seis a seis. La encontré cuando llegué a casa.

Jake cerró la carpeta y puso la hoja encima. —¿Y notó algo sospechoso en Jessica anoche? ¿Se comportaba de forma extraña? ¿De algún modo distinto?

—Ahora que lo pienso, sí. Estaba... no sé. Creo que estaba... no dejaba de decirme que aceptara el turno de noche.

—¿Es que no le correspondía? —Jake sacó un bolígrafo del bolsillo y empezó a garabatear en la parte superior de una página nueva de su bloc de notas.

—Bueno, sí y no. Hace un par de semanas había aceptado hacer horas extra y me llamaron para preguntarme si podía hacer el turno de noche. Les dije que no porque... bueno, porque me daba pereza y no tenía ganas.

—¿Y Jessica le dijo que aceptara el turno?

—Bueno... no. No fue tan sencillo. Yo también necesitaba el dinero. Ella simplemente no paraba de intentar convencerme de que saliera de casa.

—¿Dijo por qué? ¿Mencionó algo sobre haber quedado con alguien para cenar o tomar algo? ¿Una cita?

Rebecca negó con la cabeza. —No me dijo nada.

Jake vaciló un momento. —¿Y durante el día? ¿Le mandó algún mensaje sobre alguien en particular? ¿Alguien sospechoso? ¿Alguien que le hubiera llamado la atención por algún motivo?

Rebecca reflexionó unos instantes. —Creo que mencionó algo de un hombre... —Rebecca echó mano de su teléfono—. ¿Le importa si lo compruebo?

—Póngalo sobre la mesa para que pueda ver cómo lo hace —dijo Jake, asegurándose de cubrirse las espaldas por si acaso.

Rebecca hizo lo que le pedía, desbloqueó el dispositivo y abrió sus mensajes. Pulsó en la conversación con Jessica y subió hasta el principio del chat. El registro de hora de los mensajes indicaba que eran de hacía más de veinticuatro horas.

—Para que conste en la grabación, estoy leyendo los mensajes del teléfono de la señorita Langton.

Jake los leyó y, cuando encontró un mensaje que le pareció extraño, se detuvo.

—«Dios mío» —recitó en voz alta—, «¡acabo de conocer al hombre más raro del mundo frente a la cafetería! Me he chocado con él, he derramado mi bebida y luego le he comprado otra, pero me daba la sensación de que lo conocía de algo, aunque no recordaba de qué».

Jake se desplazó hacia abajo y leyó el mensaje siguiente.

—«¡Dios mío! ¡Ahora ya sé de qué me suena! Creo que lo he visto por internet».

Jake dejó de leer y le devolvió el teléfono a Rebecca. Tragó saliva.

—¿Le mencionó alguna vez Jessica algo sobre citas por internet?

Rebecca negó con la cabeza. —No mucho. Creo que era usuaria de Match.com, pero nunca me contaba nada abiertamente. Era muy reservada para esas cosas.

—¿Así que no se le ocurre nadie que quisiera hacerle daño?

—Lo siento, no. Jessica era una persona cariñosa y atenta. A la única persona a la que hizo daño en su vida fue a sí misma; era famosa por anteponer a los demás. Supongo que por eso se hizo enfermera.

Jake retiró la carpeta de la mesa, se la puso bajo el brazo y dijo: —Entrevista finalizada a las 11:07.

—Apagó la grabación de vídeo y luego le explicó lo que sucedería a continuación—.

Ha sido de gran ayuda, Rebecca. Gracias.

Alguien vendrá enseguida para acompañarla fuera, y aquí tiene mis datos de contacto por si recuerda algo más.

Jake deslizó una tarjeta de visita sobre la mesa, se levantó y se dirigió a la puerta. Al abrirla, se le ocurrió una última idea.

—Ah, una última cosa: la cafetería. ¿Sabe a cuál se refería?

—A la misma a la que iba siempre. Alinka’s. En el extremo de Tomlin’s Grove.