Capítulo 23
A PEDIR DE BOCA
T anya Smile era una oponente formidable.
Al menos eso era lo que él quería que la gente creyera.
Se había topado con ella muchas veces a lo largo de su carrera, en diversas reuniones como aquella; en escenas del crimen donde él iba más rezagado de lo que debería.
Más rezagado de lo que al público le habría gustado saber.
Más rezagado porque confiaba en que otros hicieran el trabajo —y, de hecho, el trabajo sucio— por él.
Liam caminó con parsimonia hacia ella y se olió el cuello de la camisa; el leve aroma del aftershave que se había puesto esa mañana aún seguía fresco en la tela.
Mientras se acercaba, analizó a Tanya antes de dirigirse a ella: el pelo negro, ondulado en las puntas justo por debajo de las orejas; las gruesas gafas negras; las largas piernas que miró durante más tiempo de lo socialmente aceptable; el lunar en un lado del cuello que ella intentaba tapar con maquillaje a la menor oportunidad.
Cuando llegó, el cámara tenía el ojo pegado al visor y el técnico de sonido mantenía el micrófono suspendido sobre el rostro de Tanya mientras le daba instrucciones.
—No te preocupes —le gritó Liam, levantando las manos en señal de rendición—. Te ahorraré el tiempo de buscarme. Estoy aquí mismo.
Tanya giró sobre sus talones. Al verlo, se le dilataron las pupilas y entreabrió los labios, revelando una dentadura de un blanco casi perfecto que le había costado mucho dinero.
Se colocó un mechón de pelo tras la oreja y, con ese solo movimiento, lo desarmó.
Era su talón de Aquiles, y Liam intuyó que ella se esforzaba por contener una sonrisa.
—Inspector jefe Greene. Puedes resultar difícil de localizar incluso en el mejor de los casos —dijo ella, haciendo una señal al cámara para que bajara el equipo antes de prestarle a Liam toda su atención.
—Depende del humor con el que me pilles.
Tanya se puso la mano izquierda en la cadera. —¿Y de qué humor te he pillado ahora?
—De un humor colaborador.
Tanya abrió mucho los ojos. Se giró hacia el cámara e hizo un gesto para que los dejara a solas. Una vez que este se marchó, volvió a centrarse en Liam. —¿Qué noticia de primera página tienes para mí?
Liam puso los ojos en blanco con una risita y se acercó más a la cinta blanca que los separaba. —Venga, Tan. Sabes que esto no funciona así.
—Sí, lo sé. ¿Te he fallado alguna vez?
Liam enarcó una ceja. —No nos quedemos aquí lo suficiente como para averiguar la respuesta a esa pregunta.
—¿Qué necesitas de mí? —preguntó Tanya. Estaban casi hombro con hombro.
—Algo un poco poco ortodoxo. Tenemos a un novato en las filas.
—¿Cuánto tiempo lleva contigo ?
—Eso es lo que estamos intentando averiguar —dijo Liam—. Vas a ayudarnos.
—¿Cómo?
—Necesito que metas presión. Que montes un escándalo por el asunto. Que nos pongas en evidencia. Que me pongas en evidencia a mí. Después de que hayas hecho eso, veremos cómo reacciona el novato —explicó Liam. Sus ojos se movían de izquierda a derecha, buscando oídos indiscretos.
—Realmente es una petición inusual —dijo Tanya, frotándose el orificio derecho de la nariz—. ¿Crees que servirá de algo?
—Es un buen tipo, pero si resulta ser un soplón, desenmascararlo es más importante que encontrar a este asesino en serie. Para eso ya tenemos una solución de reserva.
Ambos hicieron una pausa mientras pasaba un coche de policía patrullando. Liam lo observó e hizo un gesto al conductor al pasar.
Tanya le tocó el brazo, reclamando de nuevo su atención. El contacto duró más de lo debido, especialmente en público.
—¿Y yo qué gano con esto? —preguntó ella, frotándose de nuevo el mismo punto de la nariz.
Liam se encogió de hombros, evitando su mirada. —Lo de siempre. Quizás un poco más... gratis , obviamente. Estoy seguro de que podemos llegar a un acuerdo. Dependerá de lo bien que ejecutes tu parte del plan.
Tanya sonrió con picardía y le apretó el antebrazo en tono juguetón. —Me portaré lo mejor que sepa.
—Cuento con ello. Y dile a tu novio que...
—No es mi novio —protestó ella.
Liam continuó sin hacerle caso: —Dile que sigo esperando noticias suyas.
—Ese vago de mierda. ¿Qué ha hecho ahora?
—Aún tiene un cargamento que vender. Y tiene que avisarme si está teniendo problemas con el envío. Si no es el hombre adecuado para el trabajo, entonc—
—¡No! —dijo Tanya, tocándole el brazo otra vez—. Lo es. De verdad. Lo es. Hablaré con él. Déjamelo a mí.
—De acuerdo —dijo Liam—. Ahora, ¿has oído hablar alguna vez de un grupo de crimen organizado llamado Los Carmesíes?