En la Raya (DC Jake Tanner 2) Capítulo 22
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Capítulo 22

LA GUARIDA DEL LEÓN

D rew esperó a que Jake desapareciera calle abajo.

—¿Qué es lo último, jefe?

—¿A qué te refieres? —respondió Liam, metiéndose las manos en los bolsillos.

—Tanner. ¿Está de nuestro lado?

—Has visto que ha cogido el dinero. Estaba encantado. Ha tenido una sonrisa en la cara el resto del día.

—Solo tenemos que decirle de dónde ha salido —añadió Garrison.

—Lo cual me recuerda —dijo Liam, dando un paso atrás. Sacó la mano del bolsillo y se masajeó la barbilla—. ¿Cómo vamos con Archie?

Drew miró a Garrison con timidez.

—Está de nuestro lado, jefe. Ayer nos sentamos con él y charlamos un poco. Es consciente de cuál es su situación. Está listo para claudicar en cualquier momento —Drew vaciló—. Pero tenemos que ser cautelosos con él.

—¿Por qué? —espetó Liam. Un agente de la policía científica pasó pavoneándose con una cámara en las manos, y los tres guardaron silencio de inmediato. Una vez que el mono blanco se hubo perdido de vista, Liam continuó—: ¿Qué le pasa?

Drew miró a Garrison y luego al suelo antes de responder.

Se rascó el espeso cabello negro mientras hablaba.

—Es que… bueno, por alguna razón parece que se lleva bien con Tanner.

No sé cómo ni por qué, pero cuando se vieron ayer, Archie le saludó con la mano.

Y durante el interrogatorio, Archie dijo que Jake le caía bien, que era majo.

Liam se frotó el puente de la nariz, sumido en sus pensamientos. —¿No le habéis advertido de las consecuencias de sus actos?

—No hemos podido dejarlo más claro, jefe —añadió Garrison.

—Bien —continuó Liam—, bueno, tal como va esto, cada vez parece menos probable que vayamos a necesitar a Archie.

A menos que conozca a alguien a quien le guste follarse a los muertos y comérselos.

Pero tenemos que encontrar otra forma de atraer a Jake a nuestro bando.

Tenemos que enseñarle de dónde ha salido ese dinero.

—Es demasiado pronto para empezar a atiborrarlo de drogas —dijo Drew con una sonrisa burlona. Su intento de hacer reír a los demás se topó con miradas gélidas y silenciosas. Su sonrisa se desvaneció y su expresión se volvió inexpresiva.

—¿Qué tiene en mente, jefe? —preguntó Garrison.

Liam abrió la boca para hablar, pero se distrajo cuando una gran furgoneta blanca frenó en seco derrapando a unos cuarenta metros de ellos, al otro lado del perímetro.

Tres individuos, vestidos con ropa informal, bajaron del vehículo.

Uno de ellos llevaba una pértiga larga con un micrófono de cañón en el extremo.

El otro sostenía una cámara de vídeo grande en la mano.

La última persona en salir del vehículo era una mujer bien vestida, con una chaqueta de raya diplomática y una falda de tubo que le llegaba justo por debajo de la rodilla.

—Aquí vamos —dijo Liam.

Drew giró sobre sus talones y echó un vistazo al equipo que se estaba instalando junto a la furgoneta. Sabía quiénes eran. Todos lo sabían.

—Tanya Smile… Vaya… —dijo Drew, agradecido de no haber verbalizado los otros pensamientos que tenía en la cabeza sobre ella.

Liam consultó su reloj. —Tres horas. No han tardado mucho. Están mejorando.

—O nosotros estamos empeorando —dijo Garrison.

—Dejadmelo a mí —dijo Liam—. Iré a hacer lo mío.

—Ten cuidado —añadió Drew justo cuando Liam se ponía en marcha—. Ya sabemos cómo te gusta comportarte en la guarida del león.