Capítulo 16
BIENVENIDO A LA COMUNIDAD
U na corriente de aire frío le erizó las mejillas a Lester al abrir la puerta principal de su casa.
Aquello le preocupó. El aire debería haber sido cálido, apenas por encima de la temperatura ambiente.
Debería haber estado estancado. Exactamente como lo había dejado.
Lo cual significaba que había una corriente procedente de algún lugar de la casa, una que no tenía derecho alguno a estar allí.
Al cruzar el umbral, su cuerpo se tensó y su mano se cerró en un puño.
Tras cerrar la puerta con cuidado tras de sí, lanzó las llaves a un pequeño cuenco que colgaba de la pared.
Irrumpió en la cocina, se lanzó hacia el cajón más cercano a la puerta y hurgó entre el contenido.
Sus dedos envolvieron la hoja de cocina de dieciocho centímetros que había robado en la galería de Jessica y Steven Arnholt.
Limpia y pulida, servía como recuerdo del tiempo que había pasado con ambos.
Empuñándola con fuerza, empezó a registrar la casa.
Primero se dirigió al salón, asomándose tras la puerta.
En cierto modo esperaba que hubiera alguien allí, pero no había nadie.
Una parte de él deseaba encontrar a alguien.
Para poder hacer que se arrepintieran de haber invadido su propiedad.
Ahora le había cogido el gusto a la sangre, a la matanza, y nada iba a detenerlo.
Aunque sabía que los puntos serían extraoficiales y no aumentarían su puntuación, no dejaría de ser muy divertido.
Tras asegurarse de que la planta baja estaba despejada, subió las escaleras. Sus pies susurraban sobre los peldaños, con una respiración monótona. Su pulso se mantenía en sesenta.
Al llegar a lo alto de la escalera, se detuvo. Contuvo el aliento. Escuchó.
Silencio. Salvo por el sonido del viento silbando al pasar por una ventana abierta. Venía del cuarto de baño.
Antes de entrar en el baño, revisó el resto de los dormitorios y el despacho. Todo estaba tal y como lo había dejado.
Dio la espalda al dormitorio y se quedó mirando la puerta blanca del baño, que estaba entreabierta. De nuevo, se detuvo a escuchar. Seguía sin oír nada.
Lester se acercó al baño, manteniendo la hoja apretada contra la pierna. Con la otra mano extendida, empujó la puerta. Las bisagras cedieron y chirriaron, y mientras la puerta rebotaba contra la pared del fondo, entró de golpe, con el cuerpo tenso por el subidón de adrenalina.
Exhaló profundamente, decepcionado. Estaba vacío. Frente a él había una ventana abierta. Debía de haberla dejado abierta él mismo.
—Idiota —se recriminó—. Eres estúp...
Algo lo distrajo: el sonido de un movimiento. Su mirada se desvió hacia atrás. En el suelo, rascándose la cabeza contra el marco de la puerta, había un gato.
—¿Qué coño haces tú aquí? —dijo, bajando el cuchillo y relajando el agarre sobre el arma.
Se agachó para coger al felino, pero este se escabulló hacia su dormitorio.
Lo persiguió, miró debajo de la cama y lo sacó de un tirón por el collar.
El gato le bufó y chilló. Lo sostuvo en vilo, anulando sus garras tal como había hecho cuando era niño.
Dirigiéndose hacia el baño, apretó el agarre alrededor del cuerpo del gato y lo mantuvo con el brazo estirado.
Al entrar en el baño, Lester colocó al gato en el borde de la ventana.
Había una caída de casi cinco metros entre la ventana y el suelo firme, lo que, curiosamente, planteaba la duda de cómo demonios había entrado en primer lugar.
Pero en ese momento a Lester no le importaba eso.
Su única preocupación era cómo bajaría. Y tenía la respuesta perfecta.
Bajo su casa, a la derecha, había una carretera principal.
Una pareja que paseaba a su perro deambulaba por allí, cogidos del brazo, hablando entre ellos.
Odiaba verlos con sus amplias sonrisas. Imaginó que tenían una vida sexual de mierda.
Que era aburrida. Sin chispa. Insípida. Luego imaginó lo que les haría a los dos en una sola noche.
Cómo les enseñaría cosas que nunca habían creído posibles.
Los pensamientos lo excitaban y le costaba desprenderse de ellos, como una enfermedad de transmisión sexual violenta y agresiva que no dejaba de reaparecer.
El gato lo distrajo, rajándole el antebrazo y provocándole sangre con sus afiladas garras.
Lester apretó con más fuerza, asegurándose de que el animal sintiera que estaba en peligro inminente.
Se apoyó contra la pared, sacó el brazo por la ventana y luego lanzó al gato como si fuera un dardo.
Sus patas se agitaron en el aire mientras salía volando.
Después de lo que pareció un largo rato, finalmente aterrizó sobre la espalda y rodó por la calzada.
Se puso de pie tambaleándose, desorientado, dio unos traspiés y se desplomó hacia un lado, donde se quedó completamente inmóvil durante unos instantes.
Lester contuvo el aliento mientras lo veía sufrir; deseaba con todas sus fuerzas que cruzara la carretera y fuera atropellado.
Pero no pasó nada. No venían coches. La carretera estaba vacía.
El gato había tenido suerte. Había escapado de la muerte por los pelos. Pero si Lester volvía a verlo, no tendría tanta fortuna.
Se cambió el cuchillo de mano y bajó las escaleras; luego abrió su ordenador portátil e inició sesión en La Comunidad.
Era lo primero que hacía cada vez que llegaba a casa, cuando no había animales callejeros colándose en su propiedad.
Tras unos segundos, su perfil se cargó y allí, en la esquina superior derecha, bajo su nombre, había una pequeña notificación roja sobre el icono de un mensaje.
Jessica .
Lester leyó el mensaje y, en cuanto terminó, se masturbó agresivamente sobre el muro de noticias de Jessica Mann, apretando el cuchillo contra su pierna y su estómago para obtener un estímulo extra.
Unos minutos después había acabado y decidió dejar el desastre en sus pantalones.
Había cosas más importantes de las que preocuparse.
Jessica quería quedar con él. Había leído su mensaje inicial anoche, pero se había olvidado de contestar. Pero tras el incidente de esta mañana, ahora recordaba de qué le conocía. Era una cita. En su casa. Esta noche, a las 21:00. Después de que su compañera de piso se hubiera ido.
Estarían ellos dos solos en menos de siete horas. Ahora podrían consolidar su relación con una Comunión. Ahora Lester podría revivir la experiencia y la liberación que había sentido con Jessica y Steven la otra noche.
Bienvenido a la verdadera Comunidad.