En la Raya (DC Jake Tanner 2) Capítulo 17
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Capítulo 17

IR DE PESCA

— G racias por aceptar esto —dijo Drew mientras colocaba un juego de carpetas sobre la mesa—. Va a ayudar mucho en nuestra investigación.

—Bien. Bien. De ayuda —dijo Archie Arnold, sentado muy erguido con los brazos apoyados en las rodillas—. ¿Solo unas cuantas preguntas?

—No es más que eso —dijo Garrison al lado de Drew—. Solo unas cuantas preguntas. Nada serio. Solo queremos dar continuidad a lo que nuestro colega te preguntó el otro día.

—El detective Jake Tanner. Me cayó bien —dijo Archie.

—Bien. A nosotros también nos está empezando a gustar —respondió Drew.

Los tres estaban sentados en la Sala de Interrogatorios 3. Garrison había ido a recoger a Archie y luego lo había llevado de vuelta a la comisaría. Al parecer, el hombre no tenía medios para desplazarse por su cuenta y tenía fobia al transporte público.

La sala de interrogatorios estaba fría y mal iluminada.

Decisión de Drew. Una técnica de intimidación leve que había aprendido de un viejo colega cuando estaba empezando.

La mayoría de las veces no funcionaba porque el público general estaba cada vez más informado sobre sus derechos y el tipo de condiciones en las que debían permanecer, pero en la infrecuente y, posiblemente, milagrosa ocasión en que su técnica funcionaba, el éxito era prueba suficiente para que Drew justificara seguir usándola.

Drew fingió poner en marcha la grabación y luego hizo una pausa de otros diez segundos, mirando fijamente a Archie en completo silencio; otro truco que había aprendido del mismo colega.

—¿Cuánto nos puedes contar sobre Steven y Jessica Arnholt, Archie? ¿Eras buen amigo suyo? ¿Quedabais los fines de semana para ir de picnic? ¿Hacías que te leyeran cuentos por la noche antes de dormir?

Oh, esto iba a estar bien. Iba a disfrutar con esto.

—No los conocía tanto —dijo Archie—. De verdad. Lo prometo.

—¿Seguro?

Archie asintió.

—¿No organizabais fiestecitas sexuales con ellos? ¿Ni tomabais unas cuantas drogas con ellos para ayudar a relajaros, para calmar los nervios?

—Malas. Las drogas son malas. Hay que alejarse de las drogas —dijo Archie, gesticulando con las manos—. De verdad. Lo prometo.

—¿Pero las prostitutas están bien? —comentó Garrison y luego volvió a recostarse en su asiento.

—¿Estás seguro, Archie? Creo que hay algún corredor de apuestas por ahí dispuesto a ofrecer una buena cuota por eso. ¿Cinco a uno, tal vez? —Drew hizo una pausa. Arqueó las cejas.

Archie arqueó las suyas también, imitando la expresión de Drew. Entonces Archie empezó a morderse un dedo.

—Yo diría que es una cuota bastante buena, teniendo en cuenta todo —añadió Drew.

—Teniendo en cuenta todo —dijo Garrison, asintiendo hacia Archie—. Así que, ¿qué más nos puedes contar?

—Drogas, malas. Miedo. Alejarse de las drogas.

Drew suspiró pesadamente mientras se inclinaba hacia delante en su asiento. No llegaban a ninguna parte. Era hora de meter presión. —¿Dónde estabas la noche del diecisiete?

—En casa. Viendo la televisión. University Challenge , mi programa favorito.

—¿Toda la noche? ¿Desde las ocho hasta las ocho de la mañana? Eso me parece muchísimo tiempo. ¿No estás de acuerdo, agente Garrison?

—Lo estoy, subinspector Richmond, lo estoy.

Sé con certeza que yo me aburriría. Puede que incluso saliera a dar un paseo si aún no tuviera sueño.

Cosa que... curiosamente, es lo que dice un testigo presencial que hiciste tú.

Te vieron caminando calle arriba y calle abajo.

Dijeron que te vieron salir de tu casa alrededor de la medianoche y entrar en la galería de arte de Steven y Jessica más o menos a la misma hora en que fueron asesinados.

Y luego vieron a una prostituta entrar en tu casa poco después.

Garrison vaciló y Drew observó cómo el hombre se lamía los labios. Sus miradas se cruzaron antes de que continuara. —Una cuota muy buena para eso también. Quizá incluso mejor, de dos a uno.

Durante un largo momento, Archie no dijo nada. Siguió mordiéndose el dedo hasta que se hizo sangre. Los tres hombres en la sala sabían lo que estaba pasando, aunque Archie fuera el que más tardara en procesarlo.

—Archie... —insistió Drew—. ¿Algo que quieras decir a eso?

—No es verdad. De verdad.

—¿Ah, sí? Entonces, ¿qué estabas haciendo anoche? —preguntó Garrison.

—No pasa nada —interrumpió Drew, ajustándose la corbata—.

Siempre podemos tener otra reunión si es necesario.

¿Quizá puedas decirnos si sabes qué les pasó a Steven y Jessica Arnholt?

Su asesino sigue ahí fuera, y habría una recompensa bastante significativa si pudiéramos encontrarlo.

Por supuesto, nada financiero, pero sentirías un gran orgullo y sentido del deber si pudieras darnos un nombre. Quizá fuera alguien a quien conoces.

Pasó otro breve momento mientras la sala se quedaba en silencio. Drew oyó el sonido de su propia respiración al inhalar con fuerza. —Estás siendo de una ayuda enorme para nuestra investigación, y aún ni te das cuenta.

—¿Habéis terminado? —dijo Archie, poniéndose de pie. La silla rechinó contra el suelo.

—Siéntate —dijo Drew con severidad.

A su lado, Garrison se levantó pesadamente de su silla y se interpuso entre Archie y la puerta. No había escapatoria. Su tarea era sencilla: sentarse, callarse y responder a las preguntas.

Con cautela, Archie se sentó. Apoyó los antebrazos en los reposabrazos de la silla.

—Podemos hacer que esto sea muy sencillo o muy difícil para ti, Archie —empezó Drew, lanzando una mirada rápida a la grabadora para asegurarse de que definitivamente estaba apagada.

—Malas. Cosas malas —dijo Archie, con voz queda.

—Eres nuestro. Tu zona es nuestra. Pero no nos gusta que nos mientas.

Sabemos que anoche estuviste trapicheando, y sabemos que tenías a una fulana contigo.

No hace falta que te avergüences delante de nosotros.

No nos importa. Pero si quieres que tu suministro continúe —tanto el del coño como el del paquete con el que venía—, harás lo que te digamos.

—Drew hizo un ligero gesto hacia el dedo que Archie había estado mordisqueando—.

Siento curiosidad... ¿eso es un síntoma de las drogas, de la discapacidad o un reflejo nervioso?

Archie observó su dedo como si no fuera realmente suyo, como si fuera un objeto inanimado que hubiera recogido de la mesa.

—Pupita —dijo—. Me has hecho hacerme daño.

—No tanto como el que podemos hacerte nosotros si no nos escuchas.

Si quieres que tu amiguito siga trayéndote sus drogas a la urbanización, seguiremos asegurándonos de que estés bien cuidado y de que obtengas un precio competitivo, ya estés fuera o dentro.

Aunque he oído que ya te dan buenas tarifas dadas tus circunstancias.

—Yo... yo... ¿Por qué me contáis esto? ¿Qué pasa si lo largo?

Drew sonrió con suficiencia. —Estamos seguros de que no se llegará a eso. Además, ¿a quién van a creer? ¿A un yonqui discapacitado o a dos reputados inspectores de policía que han dedicado años de duro trabajo y entrega al servicio? Creo que sé la respuesta, ¿y usted, agente Garrison?

—La sé —dijo Garrison, asintiendo.

—Archie —continuó Drew, deteniéndose para tragar saliva y aclararse la garganta—. Verás, nuestra nueva relación puede ser beneficiosa para ambos.

—Explica —dijo Archie.

—Si nos ayudas con nuestra investigación, podemos llegar a un acuerdo. Tarifas rebajadas. Una participación importante en las operaciones. Una posición de poder más alta. Por supuesto, esos tres niveles dependen totalmente del trabajo que hagas para nosotros... en caso de que lo necesitemos.

Archie mantuvo su atención en Drew. —¿Qué necesitáis que haga?

—Nada, por ahora. Solo se te requerirá si nuestra investigación no progresa.

—Pesca. Ir de pesca.

—Serás el cebo, sí —añadió Garrison—. O podemos usarte a ti para que cargues con el muerto o —y supongo que preferirás esta vía porque la otra no es tan atractiva— puedes encontrar un sustituto adecuado.

Alguien que pueda pringar en tu lugar. Pero esa decisión depende casi por completo de nosotros. Así que será mejor que nos impresiones.

—Y... —Archie vaciló—. No. Di que no. Me niego. Se lo contaré a todo el mundo. Se lo contaré a la policía... ¡se lo contaré a Tanner!

Otra sonrisa de suficiencia se dibujó en el rostro de Drew.

Realmente estaba disfrutando con esto. Y quería que continuara.

—Puedes intentarlo, pero no valdría la pena ni el tiempo ni el esfuerzo.

El agente Tanner está con nosotros. ¿De verdad crees que tendríamos a un miembro en nuestro equipo que no siguiera el mismo camino que nosotros? Estúpido.

—No. Di que no —repitió Archie.

Drew se recostó en su silla, cruzando los brazos.

—Desde que estamos aquí, Archie, un par de nuestros agentes se han colado en tu casa y han encontrado de todo con tu ADN.

Ropa. Toalla de baño. Cepillo para el pelo.

Cepillo de dientes. Estoy seguro de que también podremos encontrar algunos depósitos de semen en tus calcetines.

No hace falta más que cabrearnos un poco para plantar esas pruebas por todo el cuerpo de Steven y Jessica Arnholt.

No nos costará mucho convencer a alguien para que vuelva a examinar las pruebas y...

¡espera! ¿Qué es eso? Han encontrado algo.

Algo que pasaron por alto antes. ¿ADN que implica a Archie Arnold en la escena del crimen en el momento de los asesinatos?

Caramba, increíble. Milagroso. Dios bendiga a la ciencia moderna.

El rostro de Archie se contorsionó mientras asimilaba lo que le estaban diciendo. Estaba jodido, y todos en la sala lo sabían. Drew acababa de poner el último clavo en su ataúd. Y se sentía eufórico.

Durante un buen rato, Archie no respondió. Y entonces, mientras Drew le miraba con desprecio, las lágrimas asomaron a sus ojos y rodaron por sus mejillas. Archie se inclinó hacia delante, apoyando los codos en las rodillas, y empezó a sollozar ruidosamente.

Drew no quería quedarse a ver esa soplapollez; se levantó de la silla y la deslizó hasta dejarla pegada a la mesa.

—Ha sido un placer hacer negocios contigo, Archie —dijo, dirigiéndose a la puerta—. Ya puedes buscarte la vida para volver a casa.