En la oscuridad: Medusa 14 ¿MEDUSA? #4
93%

14 ¿MEDUSA? #4

—Puede que hoy no lo entiendas, y es mejor que no te diga todo lo que voy a hacer. Tú solo tienes que hacer esto que te pedí. ¿Sí? Prométeme que lo harás.

Aunque no comprendía por qué su padre le pedía que lo enviara a la cárcel, Dima decidió confiar ciegamente en él.

—Padre… Lo prometo. Haré lo que me pides. Pero…

—Sin peros. Confía en mí, hijo mío.

A partir de ese día, Dima comenzó a trabajar desde abajo en la organización. Hacía recados, vivía una vida libertina y promiscua, y cumplía con su rol de policía encubierto, pasando la información a sus superiores como debía.

Su padre era un estratega. Había pasado años planeando cómo eliminar los peligros que pudieran perjudicar a su único hijo.

Así que Dima hizo todo lo que le pidió. Para el mundo, era un huérfano infiltrado en la organización de Medusa.

Pasó seis años más dentro de la organización. Durante los últimos dos, formó parte del círculo más cercano de Lukyan junto con Boris y Sergei.

Hasta que un día recibió el llamado de sus superiores: esa misma tarde se realizaría una redada para atrapar a Medusa y su gente.

Por desgracia para los policías, solo lograron capturar a Lukyan y a algunos miembros menores de la organización.

Ni Boris ni Sergei, ni otros nombres resonantes, fueron capturados.

El día de la redada, atraparon a Lukyan en un galpón preparado para el despacho de un cargamento al exterior. Normalmente iba acompañado por sus manos derechas, pero esa vez había ido solo con Dima. A los otros dos, les había ordenado realizar tareas en Estados aledaños.

Tras el arresto de Medusa, la identidad de Dima como infiltrado quedó expuesta. Por eso se cambió el nombre a Thomas Smith, dejó de ser policía encubierto y, luego de un tiempo como policía de calle, rindió el examen para convertirse en detective.

Una vez aprobado, comenzó a trabajar como tal, resolviendo con rapidez casos que llevaban años sin solución en el estado de San José.

Pronto su nombre comenzó a resonar entre las estaciones de policía de los Estados cercanos.  Y a los pocos meses, toda California conocía su nombre.

El detective Smith se convirtió en una celebridad: joven, apuesto, de aspecto frío, capaz de resolver cualquier caso que le pusieran enfrente.

Amante de la noche, todo un gigoló, pero reservado en su entorno laboral. No fraternizaba íntimamente con colegas.

Sus relaciones eran fugaces, solo parejas de una noche. Las mujeres que se le acercaban, si trabajaban en la fuerza, eran rechazadas.

Smith no quería problemas en su ámbito profesional, por más hermosas que fueran.

Un día lo vieron besando a un hombre en un bar, y pronto se extendió el rumor de que era bisexual. A raíz de eso, algunos colegas gays, comenzaron a invitarlo a salir, al igual que lo habían hecho las mujeres. Sin embargo, todos fueron rechazados, sin excepción.

Con el tiempo, dejaron de insinuarse, sabían que solo buscaba parejas de una noche y que no se involucraba con colegas.

Pasó tiempo como detective en San José resolviendo casos complejos y coqueteando en los bares por las noches.

Un día, mientras redactaba el informe de un “caso frío”, que acababa de resolver, su capitán lo llamó a la oficina para informarle que lo dejaría al frente de un homicidio recién denunciado.

Así fue como se hizo cargo del caso de Sierra Azul y conoció al detective Han Michaels, de Stanislaus, la persona que había hallado un cadáver mutilado a la vera de un sendero de entrenamiento.

Al poco tiempo de iniciar la investigación, Lukyan se fugó del hospital al que había sido trasladado para atender las heridas sufridas en prisión después de un ataque.

Cuando escuchó la noticia de su evasión, supo que el tablero estaba dispuesto y las piezas comenzaban a moverse.

Aunque estaba preocupado por lo que podría pasar, también comprendió que era mejor que su padre no le hubiera dado los detalles de sus planes.

De ese modo, sus deducciones serían genuinas, y no tendría que desviar la investigación ni correr el riesgo de ser descubierto por sus compañeros.

***

Actualidad.

Mientras Tom conducía hacia el hospital, sus pensamientos lo trasladaron al pasado.

Estaba inmerso en sus recuerdos, reconociendo que jamás había imaginado enamorarse de Han.

Cuando descubrió que él era aquella figura que había despertado sus deseos en la juventud, supo con certeza que no debía dejarlo escapar. Tenía que ser suyo.

Mi padre, hizo todo lo posible para allanar el camino. Le estoy muy agradecido .

Todavía se preguntaba cómo había logrado que enviaran al detective Michaels para colaborar en la investigación.

La estación de policía de Stanislaus era mucho más grande que la de San José, con muchos más detectives y oficiale s. La curiosidad persistía, pero era mejor no preguntar.

Lo importante era que Han lo estaba esperando para ir a su casa y disfrutar de unas merecidas vacaciones de dos semanas en el extranjero.

Han ahora era su familia. La familia que nunca tuvo.

Y él sería la familia de Han. Le daría el amor que no recibió. Desde que lo conoció supo que Han, no había experimentado la calidez ni el afecto que merecía. Sospechaba que su familia lo había rechazado por su orientación sexual.

Por eso fue fácil meterse en su piel: solo tenía que ser cariñoso y estar pendiente de su bienestar.

No era mucho pedir. No fue ningún esfuerzo. Al contrario, le gustaba derretirlo poco a poco, verlo abrirse, ocupar ese lugar que tanto deseaba en su corazón.

Le llevó menos tiempo del esperado. El bastardo que había estado a su lado por casi once años lo había tratado peor que a una pareja ocasional.

Pero con unos cuantos cuidados y una demostración sincera de interés, aquel hombre cayó rendido ante los encantos de un joven atractivo e inteligente, que no solo lo admiraba como colega y lo respetaba, sino que también lo apoyaba se preocupaba sinceramente por él.

El detective Michaels era famoso por su capacidad para leer los gestos de las personas. Eso lo convertía en un gran adversario en investigación, y un excelente compañero al momento de entrevistar a los testigos.

No se equivocaba. Era certero y tenía buen corazón.

Tom se sintió atraído de inmediato. Pero sin conocer los gustos del detective, y sabiendo los rumores que circulaban sobre su propia vida privada, prefirió al principio parecer frío y distante.

Tras la atracción inicial, cuando descubrió que Han era el hombre que había encendido sus anhelos en su juventud, la posesividad de Tom se disparó al máximo.

Nadie sabía lo oscuro y retorcido que podía ser su interior.

Como una sombra de lo que habría llegado a ser si hubiese tomado el mando de la mafia, toda esa oscuridad y posesividad se concentraba en Han.

No permitiría que nada ni nadie lo apartara de su lado.

Ahora solo queda esperar… que Han siga en la oscuridad .

Con eso en mente, Tom estacionó el auto frente al hospital y se dirigió a buscar a Han.