14 ¿MEDUSA? #3
Mientras el cuerpo del hombre se desangraba frente a él, Dima permanecía inmóvil, estupefacto. El hombre robusto se dirigió al moribundo entre carcajadas:
—Te dije que un día te matarían por pervertido. ¡Ja, ja, ja!
Luego giró la cabeza hacia el otro hombre que lo acompañaba y le dijo:
—Me debes. Acabas de perder la apuesta. ¡Ja, ja, ja!
—¡Medusa!
—Me debes.
Dima estaba atónito. El hombre que había estado buscando estaba frente a él. No solo eso, sino que estaba riendo porque uno de sus propios compañeros acababa de ser asesinado. No puedo creer mi suerte. Estos hombres están locos .
Desde ese momento, Dima pasó dos años dentro de la organización como parte del entretenimiento.
Un día, Sergei y Boris, lo llamaron porque Lukyan tenía una propuesta para él. Lo pasaron a buscar y lo llevaron a la casa del jefe.
Al llegar, lo guiaron hasta un estudio donde Lukyan lo esperaba.
—Entra. El jefe te está esperando.
Dima pensaba que se trataba de otra fiesta privada. Pero al entrar al estudio, Lukyan lo recibió con una expresión seria.
—Dima, bienvenido. Toma asiento.
—Gracias, jefe.
—¿Quieres tomar algo?
—No, estoy bien. Gracias.
—Te llamé hoy porque hay algo que debo decirte… ahora que has pasado dos años con nosotros.
—¿...?
Dima no entendía porque tenía que decirle algo justo ahora y frunció el ceño.
—Dima… no eres huérfano.
—¡¿Qué?!
Completamente sorprendido, Dima gritó, abriendo los ojos de par en par.
—Eres mi hijo. Dimitry Lukyanovich Volkov.
Al escuchar el nombre, el refutó con firmeza:
—No, está equivocado. Mi nombre es Dimitry Ivanovich Solokov.
Lukyan sonrió con picardía y le respondió:
—Ese es el apellido de tu tío. Déjame contarte la historia.
En ese momento el corazón de Dima comenzó a latir con fuerza. No podía creer lo que acababa de escuchar. No era huérfano. Tenía familia.
—Todo se remonta al día en que naciste. Ese día me encontraba de viaje en el extranjero y no pude acompañar a tu madre. El parto se adelantó quince días debido a un atentado contra el auto en el que ella viajaba. Tu madre se llamaba Alenka Popov.
Al nombrar a su esposa fallecida, Lukyan se mostró visiblemente afligido. Dima, aún en estado de shock, solo podía escuchar atentamente la historia.
—Alenka, llegó al hospital muy golpeada por el accidente de tránsito. Corría riesgo su vida… y la del bebé.
Me llamaron cuando ya había sido ingresada a quirófano para realizar una cesárea de urgencia. Los latidos del corazón del bebe estaban bajando de frecuencia. Debían intentar salvarlo.
Inmediatamente después de recibir la llamada, tomé el primer vuelo de regreso.
Mientras estaba abordando, recibí un mensaje de texto diciendo que el niño había nacido y que sería llevado a neonatología.
Pero no decía nada sobre tu madre. Intenté llamar, pero no hubo respuesta.
Luego se encendió el aviso para colocar los teléfonos en modo avión.
Lukyan hizo un gesto de tristeza, y miró a Dima a los ojos, mientras él lo observaba. Se acercó y le colocó una mano en el hombro. Dima se congeló ante el repentino contacto de quien decía ser su padre. Estaba en el limbo, sin poder comprender del todo lo que ese hombre le estaba revelando.
Lukyan continuó con la narración de lo ocurrido en el pasado y su voz se oía con mucho pesar:
—Mientras estaba de regreso en el vuelo, miles de pensamientos pasaron por mi cabeza.
El primero era que estuvieran bien, tanto tu madre como tú.
Fueron las horas de vuelo más largas de mi vida, el viaje se me hizo eterno.
Solo quería estar con ustedes. Me arrepentí de haberlos dejado solos.
Aunque era un viaje de dos días… no debería haberme ido.
Hizo una pausa. Tenía lágrimas en los ojos. Miró su escritorio, donde había un retrato de una bella joven mujer. Dima siguió la mirada de Lukyan.
Ella debe ser mi madre , pensó Dima.
—Cuando llegué al hospital, Alenka… había fallecido por las heridas. No logró resistir. Pero tú, mi bebé, mi adorado hijo, estabas vivo. Así que no lo dudé. En ese momento, lo más importante para mí era proteger lo más sagrado que Alenka y yo teníamos: a ti.
Por eso te saqué del hospital ese mismo día y te llevé hasta la casa de la hermana de tu madre, para que te criara como si fueras su hijo.
Quería protegerte de este mundo en el que vivo…
el mismo que se llevó a mi amada esposa.
No quería que nadie te pusiera en peligro.
Incluso si eso significaba no tenerte a mi lado.
Eres lo más sagrado que tengo. Eres lo que me dejó Alenka. Desde ese día la organización cambió de nombre a Medusa.
Lukyan, hizo otra pausa y miró a Dima los ojos. Dima comenzaba a reaccionar.
Al notar esto, Lukyan le entregó unas fotografías. Eran imágenes de su vida junto a Alenka, y otras de ella embarazada.
Él las tomó con las manos temblorosas y los ojos llenos de lágrimas. Abrió el álbum y comenzó a recorrer las fotografías, mientras Lukyan le daba espacio con unos minutos en silencio.
—Dima…Lera, era la hermana menor de tu madre. Estaba casada con Ivan Solokov, por eso tu apellido es Solokov. Les pedí que te adoptaran y te criaran como su hijo. Apuesto que nunca viste fotos…
Dima se detuvo en una imagen. Allí estaban los que él siempre creyó que eran sus padres… y también Lukyan, junto a una mujer embarazada sentada a su lado.
—...No. Siempre me pregunté por qué no había ese tipo de fotos. Solo tenían imágenes mías de cuando era bebé.
—Eres mi hijo. Lamento no haberlo dicho antes, pero tenía que protegerte. A los dos años de que estuvieras con Lera, atentaron contra ellos… como lo hicieron con Alenka. Tampoco llegué a tiempo para protegerlos. Estoy muy arrepentido por ello.
En ese momento Dima comenzó a llorar. Lukyan se acercó más a él y lo abrazó con fuerza. Entre llantos, Dima le preguntó:
—¿Por qué? ¿Por qué me dejaste solo desde tan pequeño?
—Lo siento mucho, Dima. Pero si te traía conmigo en ese momento, lo más probable era que te hubieran asesinado. Hay personas infiltradas en mi organización. Por eso dieron con tus tíos.
Seguramente… también es el motivo por el que te eligieron para infiltrarte en mi organización. Aunque todavía no estoy seguro.
Dima se quedó helado. Era verdad. Él estaba infiltrado.
¿Cómo lo sabe?
Mientras se secaba las lágrimas del rostro, lo miró con una expresión de asombro.
Lukyan lo sostuvo con la mirada y le dijo:
—Te estás preguntando cómo lo sé, ¿verdad?
Bueno… te reconocí de inmediato. El que te trajo fue Al Meyer, por lo que era evidente que te estaban utilizando.
No estaba seguro para qué, ni de si sabían tu verdadera identidad.
Por eso tuve que mantenerlos cerca más tiempo, hasta llegar al fondo del asunto.
—Hijo… En esta vida no hay coincidencias.
¿Cómo podría ser que, de todos los jóvenes que hay en esta gran ciudad,
justo aparezca frente a mí mi adorado hijo… aquél que tanto luché por ocultar? Y por el que cambió el nombre con el que nos conocían. Medusa. Tú, mi Medusa, estabas frente a mí. Estaba feliz… y preocupado a la vez.
Al escuchar que Lukyan lo llamaba Medusa, preguntó con asombro:
—¿Qué? ¿Yo… Medusa?
—Sí, hijo.
Todos los que te vieron o sabían de ti fueron silenciados.
Pero después del atentado contra tus tíos, era evidente que mi organización había sido infiltrada.
Tenía que ser paciente. Estaba claro que uno de los infiltrados, era el pervertido hijo de puta que te trajo ante mí: Al Meyer, el encargado de la ruta de la droga.
Si eso era así… tu vida estaba en peligro.
Tenía que protegerte… y proteger a la organización.
No tuve más opción que ser paciente.
Aún hoy, no estoy seguro de cuánto saben… ni cuantos infiltrados o traidores hay.
Después de escuchar las palabras de su padre, Dima lo miró con un rostro difícil de leer. Lukyan se acercó, lo abrazó con fuerza… y volvió a pedirle perdón.
—Lo siento, Dima. ¿Puedes perdonarme? No logré protegerte… ni a tu madre, ni a tus tíos. Hice todo mal. Cometí muchos errores, pero eso no volverá a suceder.
Lukyan lo abrazó con fuerza, apoyando la barbilla en su hombro. Repetía una y otra vez que lo perdonara. Dima, quebrado por la emoción, comenzó a llorar nuevamente.
—Pa… dre.
Lukyan sintió una emoción indescriptible al escucharlo pronunciar esa palabra. Se alejó un poco para observar su rostro. Con un amor difícil de contener en el corazón, volvió a abrazarlo con fuerza y le besó la cabeza.
Amaba a su hijo más que a nada. Era lo más sagrado que tenía. Por la memoria de su amada Alenka, eliminaría a quien se atreviera a hacerle daño.
—Estoy aquí, hijo. Estoy contigo.
—Padre… no vuelvas a dejarme.
Con esas palabras, Dima se aferró a su padre durante un largo rato, desahogando su corazón que había estado sufriendo en silencio durante años. La soledad, el abandono, el miedo… todo se derramaba en ese abrazo.
Luego, cuando las lágrimas comenzaron a calmarse, Lukyan le explicó cómo manejarían las cosas de ahora en adelante… y lo que él debía hacer.
Desde ese día, Lukyan aceleró sus planes. Preparó a Dima para que pudiera defenderse de todos los peligros y vicisitudes que podría llegar a afrontar. Aunque no le dijo exactamente qué haría, sí le dejó claro lo que él debía hacer.
—Dima, escúchame un segundo. Tienes que seguir al pie de la letra las órdenes que te dieron los policías.
Secándose los ojos y las mejillas con la manga de la sudadera, Dima lo miró con los ojos bien abiertos.
—¿Qué? ¿Qué? ¿Estás loco?¡NO VOY A HACER ESO!
Ahora que había encontrado a su padre, no quería dejarlo. No quería seguir trabajando como encubierto. Quería estar con él. Quería formar parte de la organización.
—Dima, tienes que hacerlo. Confía en mí.
—¡Padre!
—Confía en mí. Después de que me envíen a la cárcel, deja de ser encubierto y conviértete en detective. También debes cambiarte el nombre a Thomas Smith. Así podré seguirte de cerca.
—Padre… ¿por qué?