En la oscuridad: Medusa 13 caso abierto
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13 caso abierto

Han abrió los ojos lentamente. Parpadeó.

La luz blanca lo cegó. Cuando intentó cubrirse los ojos con la mano izquierda, sintió un tirón.

Giró la cabeza y alcanzó a ver, de forma nublada, un vial de suero conectado a su brazo.

Luego vio un techo blanco miró a su alrededor.

No comprendía dónde estaba ni qué había pasado.

Unos segundos más tarde, los recuerdos comenzaron a llegar, uno a uno, como imágenes de una película.

Se inclinó para apoyarse en el respaldo de la cama y un dolor agudo le recorrió el abdomen.

—Ugh…

En ese instante, mientras gemía de dolor, Tom entró a la habitación.

—¡Han, espera un momento! Te ayudaré.

Se acercó a él rápidamente y lo ayudó a acomodarse. En ese momento, Han pudo ver el rostro que tanto ansiaba ver. Tom le sonreía con felicidad.

—Tom… ¿cómo estás? —su voz salió áspera.

—¿En serio? Eres el que estuvo en coma una semana y lo primero que preguntas es cómo estoy. Ja, ja, ja. Estoy bien. Espera te traeré agua.

Mientras Tom le servía un vaso con agua, Han estaba muy sorprendido por lo que acababa de escuchar.

—¡¿Una semana?! —repitió sorprendido y tomó el vaso que le ofreció Tom.

—Sí… estaba muy preocupado.

Tom se acercó, le acarició la mejilla y le tomó la mano.

—¿Cómo te sientes?

—Un poco dolorido… Mmm, Tom… El caso…

—¿De verdad quieres hablar de eso justo ahora, cuando recién recuperas la conciencia?

—Tom… por favor. ¿Qué ocurrió? ¿Los atraparon?

Al ver que Han estaba realmente preocupado —y aunque no tenía intención de contarle lo sucedido en ese momento, prefiriendo esperar a que se sintiera mejor— Tom no tuvo más opción que narrar los acontecimientos ocurridos

mientras Han estuvo inconsciente en el hospital.

—Bueno… conociéndote y sabiendo que no lo dejarás pasar, te lo diré. Pero debes prometerme que no te alterarás.

—Está bien, lo prometo. Ahora dime… ¿qué ocurrió?

—Bien…

Después del tiroteo en la casa del doctor Roth, y que el profesor fuera herido, pedí refuerzos y una ambulancia, y salí a buscarte.

Cuando llegaron, les indiqué donde se encontraba el profesor Roth…

pero había desaparecido. Alguien se lo llevó.

Con la herida que tenía en el tórax, difícilmente podría haberse movido por sus propios medios.

—¡¿Qué?!¡Ay…!

Han no pudo contenerse. Lo que acababa de escuchar era insólito. Gritó, inclinándose hacia delante con brusquedad, lo que le ocasionó un terrible dolor en el abdomen. Tom, lo reprendió de inmediato.

—Prometiste no alterarte. Si sigues así, no te diré nada hasta que te den el alta.

—Por favor, no te detengas… No puede ser posible. ¿También lo tenían de rehén?

—Por desgracia, no estaba contigo. No sabemos quién se lo llevó.

—Eso significa que alguien más nos estaba vigilando…

aparte de la mafia. Parecía que el profesor quería decirnos algo.

Pero no lo sabremos hasta encontrarlo… si es que sigue vivo.

Su herida era grave. Pero los investigadores del homicidio del doctor Roth descubrieron que su muerte fue planeada para llegar al profesor Roth.

Al parecer, desde que se jubiló como agente encubierto, su paradero se encontraba fuertemente protegido.

—…entonces buscaban al profesor. Y con la muerte de James...

—Lo lamento mucho, Han.

—No tienes que disculparte. Tú no tienes nada que ver en esto.

—Han…

Luego de que te rescatáramos de esa fábrica y llegó la policía. Solo encontraron a dos hombres muertos. Boris Kuznetsov escapó. Se dispuso un operativo cerrojo, hasta se utilizó a la unidad K-9, pero todo fue infructuoso. Es como si se hubiera desvanecido en el aire.

Por otro lado, del sicario Darko Savic se perdió todo rastro. Salió del país con un pasaporte falso después de tu secuestro. Interpol nos envió una imagen de él ingresando por el Aeropuerto Internacional de Sarajevo.

Bueno, de Medusa tampoco hay rastro. No pudieron encontrar ninguna pista desde que se fugó del hospital. Los capitanes están convencidos de que la mafia está atando cabos sueltos. Por eso hay tantos homicidios.

En cuanto a mí…me dijeron que debo vivir cuidando mi espalda. No se sabe cuándo pueden volver a intentarlo. Fui yo quien lo envió a prisión en primer lugar. Así que, como ves… el maldito caso quedó abierto. No tenemos nada. Ni siquiera un detenido.

Ahora deja de ser testarudo… y descansa un poco.

—¿Cómo puede ser que no tengamos nada? ¿Y la evidencia que conseguimos? Con eso es imposible que el caso siga abierto… maldición.

—La evidencia recolectada desapareció del cuarto de evidencias, los archivos también fueron borrados.

—¿Qué? Eso es imposible. Necesitamos encontrar al profesor. ¿Hay alguna idea de quién pudo llevárselo?

—Nada en concreto, solo conjeturas. Tal vez los mismos agentes encubiertos… o la mafia.

No ha aparecido su cuerpo, así que no hay mucho que podamos hacer. Rastreamos sus tarjetas y cuenta bancaria, pero desde ese día no ha tenido movimientos. Si está vivo o muerto… no lo sabemos.

—Maldición… en pocas palabras…

—Te lo dije. No tenemos nada. Ahora descansa un poco. En cuanto te den el alta, te llevaré a casa.

Al escuchar esas palabras, Han se congeló.

—¿Tom… acabas de…?

—Sí. Cuando digo “casa”, digo la nuestra. Vamos a vivir juntos.

Han no esperaba tal declaración, y mucho menos tan pronto. Se sorprendió abriendo mucho los ojos. Mentiría si dijera que no le gustaba. Al contrario… estaba feliz. Después de haber estado al borde de la muerte y de pensar que nunca volvería a ver a la persona que amaba... ¿Espera… qué? .

Al darse cuenta de sus sentimientos, miró fijamente a Tom a los ojos. Tom lo miraba expectante. Era su declaración. Tenía una hermosa sonrisa en el rostro, con esos hoyuelos que tanto le atraían. Y sus ojos azules brillaron con una luz especial.

Sí, pero… .

Despertar y recibir semejante declaración, no lo podía creer. Sin embargo, no estaba listo para decirlo en voz alta. No dijo nada y solo sonrió.

Tom, al ver la reacción que tanto esperaba, se acercó a Han. Le dio un beso en la mejilla. Después, le subió la manta hasta el cuello, cubriéndolo con cuidado.

—Han, ahora descansa. Vendré a verte después del trabajo.

—Tom… gracias por ir por mí.

Tom volvió a acercarse. Le tomó la mano y le besó suavemente la palma. Mirándolo a los ojos con ternura, le respondió:

—¿Cómo no iría por ti… si te he estado esperando?

Han sintió como se le hacía un nudo en la garganta.

Nadie le había dicho algo así antes. Escucharlo de Tom, que además había arriesgado su vida por él…

eran palabras que se quedarían grabadas en su corazón.

No pudiendo contener la marea de emociones, sus ojos se llenaron de lágrimas.

Tom lo vio, sonrió y con el pulgar le secó suavemente las comisuras de los ojos.

Lo rodeó con los brazos y le susurró al oído.

—Es verdad. Te he estado esperando. Iría al mismo infierno a buscarte si fuera necesario. Nunca te dejaré ir. Más te vale saberlo.

Han apoyó la cabeza en el hombro de Tom. Dejó escapar las lágrimas que ya no podía contener.

Siempre me muestro débil ante este hombre , pensó. En ese instante, recordó uno de sus mayores prejuicios… la diferencia de edad.

Antes de que pudiera decir algo, Tom —conociéndolo como nadie—se adelantó.

—Y no digas nada por la diferencia de edad. Si a mí no me importa… ¿por qué deberías hacerte problema?

Han lo miró, sorprendido por lo certero de sus palabras. Tom le sonreía con esa mezcla de ternura y firmeza. En ese momento, Han comprendió que no tenía nada que temer. No con él.

Derribando sus barreras dejó salir las palabras que había estado conteniendo.

—Tom…yo.

Pero no pudo decirlas en voz alta. Solo logró susurrar un “yo”.

Aunque Tom le había dicho que no le importaba la diferencia de edad, y él se sintió seguro con esas palabras, todavía persistía una pequeña sombra en su corazón.

Además, era la segunda vez en su vida que se entregaba a sus emociones. Temía volver a sufrir.

Sabía que James y Tom eran polos opuestos, pero, aun así, le era imposible no sentirse inseguro. Decidió en ese instante, vivir el día a día y que la vida lo sorprendiera.

Mientras estaba abrazado a Tom, cerró los ojos, vislumbrando su futuro en pareja. Podía decir, sin dudas, que finalmente se había enamorado de un hombre del que recibiría una relación recíproca. Un hombre que había arriesgado su propia vida para traerlo a salvo.

Con el corazón rebosante de emociones que pensó nunca volvería a sentir, se fue quedando dormido poco a poco, en los brazos de Tom.

***

Ese mismo día, Han fue trasladado a una habitación común. Con la noticia de que había despertado del coma, todos sus colegas querían visitarlo.

La primera en llegar al hospital después de Tom, fue su compañera Delfina López.

La detective López llegó con un hermoso ramo de flores para Han. Entró en la habitación; él estaba hablando por teléfono, así que se mantuvo en silencio hasta que finalizó la llamada.

—¡Hola, Han! Finalmente puedo ver tu rostro. Vine hace unos días, cuando estabas en coma.

Han abrió mucho los ojos al verla y sonrió con alegría.

—Delfi… gracias por venir.

—Me alegra tanto verte bien. ¿Cómo te sientes?

—A pesar de las heridas, bastante bien. Solo un poco dolorido en el abdomen.

—Me alegro muchísimo. ¿Sabes? Hay rumores de que tienes un centinela.

—¿Centinela? —preguntó con intriga, frunciendo el ceño.

Delfina sonrió con picardía y añadió:

—Bueno… todos en la estación hemos estado viniendo por turnos a verte. Tu compañero… siempre estuvo presente en cada visita. No se movió de acá.

—Ah… Tom. Se preocupó mucho por mí.

Explicó Han, intentado eludir las sospechas de Delfina. Pero ella era buena leyendo a las personas.

—Han… sabes que lo digo con cariño, pero creo que tu compañero tiene sentimientos por ti. La última vez que vine…

Delfina se llevó la mano a la nuca buscando las palabras para describir la situación que presenció al abrir la puerta de la habitación, y en ese momento Han intervino.

—Delfi… a ti no te puedo mentir. Tom y yo somos pareja.