12 EL SECUESTRO #3
Tom sabía que, si Alex se había quedado sin balas y tenía que enfrentarse cuerpo a cuerpo con Boris, no tendría ninguna chance. La preocupación lo carcomía.
Después de unos minutos, al ver que no salía, puso en marcha al auto. Mientras lo hacía, le habló a Han:
—Han… espera un minuto más. Iré a…
Justo cuando estaba por decir que iría en busca de Alex:
Toc, toc, toc.
Tom giró la cabeza y vio a Alex parado del lado del acompañante. Desbloqueó la puerta; Alex se subió y miro hacia Han. La condición del hombre era peor de lo que imaginaba. Parecía que no duraría mucho más.
Tom condujo a toda velocidad rumbo al hospital más cercano. Mientras zigzagueaba por la carretera, se cruzaron con varias patrullas que se dirigían hacia la fábrica. Antes de ingresar, Tom había llamado y enviado su ubicación al capitán.
Cuando vio las patrullas, volvió a marcar el número del capitán y colocó el teléfono en el manos libres para informar la situación.
—¡Capitán!
—¡Detective Smith!
—¡Capitán, tengo al detective Michaels! Me dirijo al hospital. ¡Está grave, muy grave!
Mientras hablaba, Alex lo interrumpió con un grito:
—¡Dima, Dima! ¡Estás herido!
—¿Qué?
—Estás sangrando.
En ese momento bajó la mirada y revisó su cuerpo; confirmó que estaba herido, pero no parecía grave. Su preocupación estaba centrada en Han.
—Detective, ¿qué está pasando?
Tom se había olvidado que seguía hablando con su capitán cuando Alex lo interrumpió.
—Estoy bien, Alex. No te preocupes, es algo superficial.
—No es nada, capitán. Solo una herida superficial. Llegaré al hospital en diez minutos.
—Está bien, detective. Me dirijo hacia allá primero.
Luego de finalizar la llamada, Tom miró por el espejo retrovisor y vio que Han había perdido el conocimiento. Estaba preocupado. No sabía cuánto tiempo Boris lo había estado golpeando.
Maldición, maldición…
Tom no dejaba de maldecir por dentro.
Cuando llegaron al hospital, estacionó a toda velocidad sobre la rampa de emergencias. Se bajó del auto y, sin perder tiempo, tomó a Han en brazos —que seguía inconsciente— y entró corriendo por la puerta de urgencias.
Lo vieron ingresar con un hombre ensangrentado e inconsciente en brazos; los médicos y los enfermeros de guardia se acercaron de inmediato.
—Señor, ¿puede decirnos que pasó? —le preguntó una enfermera mientras colocaban a Han en una camilla.
—Mi compañero, el detective Michaels, fue brutalmente golpeado. Creo que tiene un sangrado interno.
De inmediato, se llevaron a Han para realizarle los estudios pertinentes y confirmar o descartar el sangrado interno. Cinco personas lo rodearon mientras atravesaban la puerta que decía “solo a personal autorizado”. Desde ese momento, Tom ya no pudo estar a su lado.
—Señor, usted también está herido. Trataremos su herida.
Tom seguía mirando la puerta por donde había desaparecido Han, sin prestar atención a las palabras de la enfermera. Reaccionó tarde, solo cuando Alex lo tomó del brazo.
—¡Dima…Dima!
Al escuchar la voz de Alex, Tom lo miró.
—Debes atender tus heridas.
—Señor, debo revisar sus heridas. Por favor, acompáñeme.
Tom no quería alejarse de la puerta. Cuando volvió a mirar, vio que la luz de “En operación” se había encendido. Se congeló. Habían pasado menos de cinco minutos desde que lo ingresaron, pero ver ese cartel iluminado solo confirmó sus peores sospechas.
—Mierda… si algo le llega a pasar…
Alex levantó la vista y la dirigió hacia donde estaba mirando Tom. Lo abrazó por los hombros y, hablando suave, le dijo:
—Dima, está en buenas manos. Atiende tus heridas, ¿sí? Yo esperaré aquí.
La enfermera aprovechó para insistir:
—Señor, acompáñeme. Solo serán unos minutos.
—Dima, ve. Me quedaré aquí por ti.
Volvió a repetir Alex. Sabiendo que no había nada que pudiera hacer en ese momento más que esperar, decidió seguir a la enfermera para tratar su herida.
—Volveré pronto, Alex. ¡Gracias!
Caminó dubitativo detrás de la enfermera.
Maldito hijo de puta… si algo le pasa, no me importa nada… te voy a matar de la peor forma .
Con eso en mente, entró en la sala de tratamiento.
***
Cuando la policía llegó a la fábrica abandonada, sólo encontraron a dos hombres muertos y el lugar donde habían tenido cautivo al detective Michaels, con rastros evidentes de su sangre.
Contrario a las expectativas de Tom, Boris no fue capturado.
Todo indicaba que había escapado antes de que llegaran los agentes.
La policía recogió muestras y desplegó a los agentes K-9 para rastrear el área.
Sin embargo, por desgracia, la búsqueda fue infructuosa.
Los perros marcaron un punto en el terreno, pero luego el rastro se desvaneció.
Recorrieron todo el lugar intentando recuperarlo sin éxito.
Parecía que Boris se había disipado en el aire.
El capitán Martínez se dirigió primero al hospital en donde estaban los detectives Smith y Michaels, para informarse sobre su condición.
Tom, luego de tratar la herida en su torso estaba junto a Alex en la sala de espera. Alex se mantuvo a su lado todo el tiempo, frente a la puerta de la sala donde estaban operando a Han.
Al ver la expresión de preocupación en el rostro de Tom, Alex apoyó una mano en su hombro en señal de apoyo. Lo miró a los ojos.
—Dima… todo saldrá bien. No te preocupes, lo trajiste a tiempo.
Tom apoyó su mano sobre la de Alex, que seguía en su hombro.
—Gracias, Alex. No sé cómo devolverte el favor. Si no me hubieras acompañado, no lo hubiera logrado.
—¡Dima! ¡Somos amigos! Cuentas conmigo, lo sabes.
—Lo sé, Alex. Lo sé… lamento decir esto, pero debes irte. Este lugar se llenará de policías y detectives en cualquier momento.
—Está bien. Me iré. Espero tener noticias tuyas pronto.
—Alex…te veré pronto.
Alex asintió y se puso de pie.
—Cuando vengas a verme, preséntame a tu novio, ¿quieres? Soy un amigo especial.
—Es un hecho.
Luego Alex se retiró.
Minutos más tarde, la sala de espera se llenó de detectives de ambas estaciones, todos esperando noticias sobre Han, quien había ingresado al quirófano hacía más de tres horas.
Tom estaba sentado, mirando hacia el suelo. Lo único que podía pensar era en que Han saliera bien de la operación. Solo eso le importaba.
—Por favor… por favor, si algo le pasa… nada tendrá sentido.
Oró de manera casi inaudible. Estaba aterrado. Lamentaba haber permitido que Han saliera del domicilio del doctor Roth en persecución del tirador. Pensaba que, si algo le pasaba a Han, su vida ya no tendría sentido.
Y si lo peor ocurría… se dedicaría a cazar a Boris y torturarlo de la peor manera posible.
Lo juro… si algo le sucede, aunque te escondas en el mismo infierno te voy a encontrar .