En la oscuridad: Medusa 12 EL SECUESTRO #2
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12 EL SECUESTRO #2

Luego de conducir durante aproximadamente media hora, Tom llegó a un bar que hacía tiempo no frecuentaba. Tenía miedo de encontrarse con personas que le guardaban rencor, pero encontrar a Han era más importante que cualquier otra cosa.

Ingresó al bar y recorrió el lugar con la mirada.

Buscaba de un lado a otro, tratando de no perderse nada.

En una mesa, a muy pocos metros, encontró a la persona que estaba buscando.

Lentamente se fue acercando. Sus pies pesaban como si tuviera piedras amarradas.

Cada caso lo sentía en el pecho, con los latidos del corazón a punto de estallar.

Solo esperaba que no hubiera nadie hostil en la mesa.

—Hola, Alex… Tiempo sin verte.

Alex, sorprendido, giró la cabeza hacia la voz familiar y abrió mucho los ojos. Una gran sonrisa se dibujó en su rostro, pero de inmediato, como si recordara algo, se levantó de un salto, tomó la muñeca de Tom y lo arrastró por la puerta trasera del bar a un callejón contiguo.

—Dima… ¿qué mierda estás haciendo? ¿Estás loco?

—Alex… necesito tu ayuda.

—Aaah, mierda… mierda.

Alex comenzó a maldecir sin parar, el pedido de Tom era una decisión difícil. Lo miró con extrema preocupación, frunciendo el ceño.

—Sabes que te están buscando, ¿verdad?

Tom notó que, por la forma en que lo decía, Alex parecía tener una idea bastante clara de lo que estaba ocurriendo. Se pasó la mano por el cabello, volvió a maldecir y exhalo un largo suspiro.

— Aaaaaah… ¿Qué quieres?

—¿Sabes dónde está operando ahora Medusa? Más precisamente… ¿dónde llevan a los que interrogan?

La última parte de la frase se le atascó en la garganta. Su voz se oyó un poco quebrada.

—Dima… es mejor que no vayas. Sabes que ya es hombre muerto. Si vas allí… tú también.

Alex estaba realmente preocupado por Tom. Habían pasado muchas cosas juntos, y sabía que lo estaban buscando.

—Alex… es mi compañero. Me ayudó cuando era pequeño, y ahora…

Tom lo miró a los ojos. Alex comprendió de inmediato a qué se refería con “compañero”. Ellos habían sido amigos, se habían divertido juntos… y en un momento, fueron amantes. Sabía cómo era Dima con las personas que apreciaba.

El día de la redada, le había advertido que no fuera al lugar en donde debían reunirse con el resto de la pandilla; eso lo salvó de ser arrestado junto con los demás. Estaba en deuda con él.

Mirando fijamente la expresión de súplica en el rostro de Tom, Alex respondió:

—Está bien. Vamos. Iré contigo.

—No… no, Alex. Si lo haces, también correrás peligro. Si logramos salir con vida, te van a buscar por traidor. No quiero que tú estés en riesgo.

—O voy contigo… o no te digo a dónde tienes que dirigirte. Tú decides.

Alex no iba a dar el brazo a torcer. Se conocían desde hacía muchos años. Tom sabía que con él era a todo o nada, por lo que no tuvo más remedio que aceptar su solicitud.

Era un gran amigo, alguien en quién podía confiar plenamente. Sabía que, si estaba en su poder, haría lo que fuera para ayudarlo.

—Está bien, Alex. Ven conmigo. Pero te quedarás detrás de mí.

—Sí, si...

Alex sabía muy bien que era muy difícil cumplir esa promesa. Iban directo a la guarida donde torturaban personas. Las chances de lograrlo eran mínimas. Si querían salir con vida, tendrían que atacar hombro a hombro.

Sin decir más, se dirigieron al auto de Tom. Una vez que Alex se sentó en el asiento del acompañante, ingresó la dirección en el GPS. Ambos sabían que tenían pocas probabilidades de sobrevivir… pero Tom tenía que intentarlo. Tenía que salvar a Han.

Una vez que confirmara que Han estaba en ese sitio, llamaría al capitán para pedir refuerzos. Ese era su plan.

Condujo por la carretera, zigzagueando entre autos y camiones a toda velocidad durante unos veinticinco minutos. Tom no pensaba otra cosa que en llegar a tiempo. Rogaba que Han estuviera con vida.

En determinado momento el GPS indicó doblar, llegaron a un sitio que, aparentaba ser una fábrica abandonada.

Cuando llegaron a la fábrica, estacionó el auto en un lugar oscuro, pero de fácil acceso. En caso de tener que huir con prisa. Ambos bajaron con armas en la mano. Sabían que el sitio estaba vigilado, por lo que debían moverse con extrema cautela.

Se movieron con sigilo y una vez dentro del inmueble, se escabulleron entre las cajas almacenadas, avanzando por los pasillos en silencio, hasta llegar a un pequeño galpón que parecía ser un depósito. Desde allí se escucharon voces.

—Ja, ja, ja. Maldita perra, ¿todavía no tienes suficiente?

—Boris, este bastardo te está matando con la mirada. Dale más duro.

Pum, pum, pum.

Puaj. Puaj. coff, coff.

—Ja, ja, ja. Mira, está vomitando sangre. ¿Qué tal si ahora usamos cuchillos y navajas? ¡Ehh! Ja, ja, ja. ¿Qué opinas, hijo de puta?

Han era incapaz de responder. Le faltaba el aire. No sabía cuánto más podía soportar. Su conciencia iba y venía. Entre los golpes constantes y el dolor en el abdomen, la situación no podía empeorar. Sudaba en exceso. Sabía que, en poco tiempo, perdería el conocimiento.

—Cof, cof. Puaj.

—Ja, ja, ja. Comencemos con esto…

Boris tomó una cuchilla de carnicero y comenzó a acercarla a la pierna izquierda de Han. Tom, sin poder soportar escuchar más, estaba por interrumpir en el lugar, pero el brazo de Alex lo detuvo, haciéndole una señal de que esperara.

Ring, ring.

El celular de Boris comenzó a sonar. Metió la mano en el bolsillo del pantalón y miró la pantalla. En el cristal líquido flotaba el nombre “Sergei”.

Han suspiró aliviado al ver que atendía la llamada. Sentía todo su cuerpo ardiendo por dentro; era una sensación extraña que jamás había experimentado. La sangre que brotaba de su boca. Todo su abdomen ardía.

Ahora que analizaba sus heridas, no creía que pudiera resistir mucho más. Su cabeza zumbaba. Tenía tinnitus en el oído izquierdo, seguramente debido a los golpes. Su cuerpo comenzaba a enfriarse lentamente.

Tom… espero que estés a salvo. Me hubiera gustado verte una vez más .

Mientras trataba de respirar, escuchó a Boris atender la llamada.

—Sergei.

—Sí, nos estamos divirtiendo. Ja, ja, ja. Tienes que ver como está. Ja, ja, ja.

—¿El jefe? Por qué no lo puedo tocar. Pero…

— ¿En cuánto tiempo? Bien. Sí, está bien.

Cuando finalizó la llamada, Boris se dio vuelta y le habló a Han:

—El jefe está en camino. Me quería divertir más contigo, pero tal parece que se quiere encargar él mismo. Una vez que lo veas… serás alimento de gusanos. Ja, ja, ja. Hubiera dado lo que fuera por ver el rostro del traidor hijo de puta de Dima en el momento que el jefe te mate.

Justo al final de sus palabras:

Bang, bang, bang.

Los disparos comenzaron a llover. Boris se tiró al suelo.

Los dos hombres que lo acompañaban cayeron heridos a un lado.

Han levantó la cabeza y vio a Tom acercándose.

Abrió los ojos con incredulidad. Un atisbo de esperanza comenzó a crecer en su interior.

Tal vez… el final trágico que había estado imaginado no sería tal.

En ese momento, Boris corrió hacia un costado. Tom y Alex aprovecharon la situación. Se acercaron uno al lado del otro, cubriéndose entre sí, disparando en dirección a Boris.

Tom corrió hacia Han. Mientras le quitaba la cadena y las ataduras de las muñecas y el tobillo, le habló con urgencia:

—¿Han? ¿Estás bien? ¿Puedes oírme?¡Estás muy mal herido! Resiste… te sacaré de aquí. No pierdas el conocimiento.

—Tom … coff, coff, coff… puaj.

Tom puso de pie a Han, mientras este vomitaba sangre. Pero Han apenas podía mantenerse sobre sus piernas; estaba demasiado débil, y la daga, todavía seguía clavada en su pierna derecha.

Mierda… parece tener un sangrado interno , pensó Tom al ver la sangre que brotaba de su boca. Le colocó un brazo sobre el hombro y, con la mano que no sostenía el arma, rodeó su cintura para sostenerlo.

Poco a poco comenzaron a moverse, sigilosos y lentos hacia la salida, con Alex cubriéndoles las espaldas. Atravesaron por un largo pasillo, cuando de repente:

Bang, bang, bang.

Se oyeron disparos detrás de ellos, seguidos por los gritos de Boris.

—¿A dónde piensas que vas? ¡Maldito bastardo! ¡¡TRAIDOR!!

Boris gritaba y disparaba, acercándose como un toro desquiciado. Alex se cubrió detrás de una columna y le gritó a Tom:

—¡¡Dima!!¡Corre! Los cubriré.

Tom y Han comenzaron a correr, pero el estado de Han era crítico. En un momento se tambaleó… y ambos cayeron al suelo.

Los disparos entre Alex y Boris seguían resonando. Tom se tiró sobre Han, protegiéndolo con su cuerpo de la balacera.

—¿Han, Han? ¿Estás bien?¡¡Resiste!!

—Tom… Puaj.

Han no pudo hablar. Solo volvió a vomitar sangre, y su cuerpo se volvió más flácido. Sin otra opción, Tom lo levantó en sus brazos, dejando el arma en su funda. Lo cargaba como podía, casi arrastrándolo. Han había perdido toda su fuerza y estaba por perder el conocimiento.

—Tom… déjame. No lo lograré de cualquier modo… cof, cof, puaj.

—No lo haré. Esa no es una opción. ¡Salimos juntos de aquí o no salimos!

En ese instante, Alex —que observaba la situación desde la columna donde se cubría— salió disparando hacia Boris, mientras les gritaba a Tom y Han:

—¡Dima! ¡Corre ahora, los cubriré! Ten en marcha el auto… si no salgo en cinco minutos, vete y llévalo al hospital.

—¡Alex! Te estaré esperando. ¡Más te vale salir!

Tom, después de decir eso, corrió como nunca, cargando a Han. Una vez fuera del edificio, se dirigió al auto. Cuando estaba a unos pasos, giró el cuerpo y miró hacia la fábrica. Todavía se escuchaba el intercambio de disparos en el interior… hasta que, de repente, se produjo un silencio absoluto.

Pensando que Alex se encontraba en camino hacia el auto, Tom dejó a Han en el asiento trasero, acostándolo con sumo cuidado.

—Han, espera un minuto. En cuanto llegue Alex, te llevaré al hospital.

—T…om… Puaj, coff, coff. ¡Gra…cias!

Le dio las gracias con una sonrisa leve. Estaba muy pálido, su cuerpo se sentía frío al tacto y sudaba. Tom se sentó en el asiento del conductor y esperó unos segundos, atento a ver si Alex los seguía.

—Alex… vamos… vamos. ¿Por qué demoras tanto?