En la oscuridad: Medusa 12 EL SECUESTRO
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12 EL SECUESTRO

Han despertó mareado y comenzó a parpadear. No podía enfocar la vista correctamente… Estaba todo oscuro.

—Debo haberme desmayado.

¿Qué mierda…?

Cuando intentó tocarse los ojos, notó que tenía las manos y los tobillos atados, y algo le cubría la cabeza.

Lo último que recordaba era haber salido de la casa de James, persiguiendo una sombra que corría por el jardín.

En determinado momento, alguien lo golpeó por detrás.

En ese instante, apareció el tinnitus y, tras unos segundos de zumbido, la visión se volvió borrosa… y su conciencia se cortó.

Intentando reconocer en qué situación se encontraba, se concentró en el sentido de la audición.

Al parecer estaba en el baúl de un auto.

Lo que le cubría la cabeza no le permitía ver absolutamente nada, por más que intentara.

Trató de desamarrar las ataduras de sus muñecas, jalando con fuerza, pero le fue imposible.

Forcejeo una y otra vez, y solo logró lastimarse la piel, provocando un corte que comenzó a sangrar.

Lo mismo sucedió con las ataduras de los tobillos.

Se retorció y tiró, pero todo fue en vano.

Parecía que lo habían atado con precintos.

Han se había convertido en el rehén de un asesino a sueldo.

—¡Mierda!

No pudo ocultar su frustración. Recordando lo que sucedió momentos antes de oír los disparos, parecía que el profesor les estaba por decir algo importante… algo que ellos todavía no sabían. Pensando en ello, comenzó a cuestionarse:

—¿Qué iba a decir ese loco bastardo? Maldita mala suerte. A juzgar por cómo resultaron las cosas, nos estaban vigilando a nosotros… o lo estaban vigilando a él. Si es así, ¿por qué no le dispararon antes? Estuvimos hablando aproximadamente treinta minutos hasta que nos dispararon.

Maldición… Tom, espero estés bien. Lo siento. No debería haber sido tan impulsivo. ¿El profesor estará vivo? Espero que sí… y que pueda decirnos lo que intentaba revelar .

Mientras estaba perdido en sus pensamientos, transcurrieron unos cuarenta minutos. El auto se detuvo de repente. Al notarlo, se quedó en silencio, fingiendo seguir inconsciente. Se oyeron voces. Las puertas del auto se abrieron. Luego llegó el turno del baúl.

Alguien lo levantó y cargó en los hombros, tan bruscamente como si fuera un costal de semillas. Por el acento de las voces, no había duda: eran rusos. Eso lo confirmaba. Estaba en manos de Medusa.

Conociendo las historias sobre esa persona, un escalofrío recorrió su cuerpo. Han cerró con fuerza los ojos… y pensó en la única persona que deseaba ver una vez más antes de morir.

¡Tom!

Luego de atravesar varios espacios —o al menos eso creía, porque pasó bastante tiempo siendo cargado— lo dejaron en lo que parecía ser una silla y lo encadenaron al piso por el tobillo derecho.

Después, le retiraron la tela que cubría su cabeza. La luz del galpón era tan intensa que le lastimó los ojos. No pudo enfocar con claridad. Parpadeó varias veces y, finalmente, logró ver de forma borrosa a tres personas frente a él.

Uno de ellos era enorme, con cuerpo de boxeador de peso pesado, y parecía ser el que estaba a cargo. En ese momento hablaba por teléfono.

Cuando Han abrió la boca para preguntar qué querían, uno de los hombres le dio un puñetazo en el rostro. La mejilla le estalló por dentro. Conteniendo el grito de dolor, escupió sangre hacia un costado.

—¿Quién te dijo que podías hablar, bastardo?

No hablarás hasta que te lo digan.

Tras la amenaza, Han le lanzó una mirada feroz y el hombre lo golpeó en el mismo lugar.

Cuando el hombre que parecía al mando terminó la llamada, se acercó a Han, lo tomó por la barbilla, lo miró con rostro insidioso… Luego comenzó a reír como un loco. Se dio la vuelta y les dijo a los otros dos:

—Bueno, parece que nuestro Dima tiene un compañero atractivo… aunque un poco viejo para sus gustos habituales. Ja, ja, ja. Estoy seguro que vendría por ti… ¿no es así?

Las últimas palabras las dijo mirando a Han con una sonrisa maliciosa.

En ese instante, Han entendió que las intenciones estaban sobre la mesa. Él era la carnada para atraer a Tom a ese lugar.

Maldita sea, maldita sea… ¿Cómo pude ser tan impulsivo? Dios… solo espero que Tom no esté herido .

Mientras se maldecía a sí mismo, los hombres miraron hacia un costado y le señalaron una mesa que se encontraba repleta de instrumentos de tortura. En el instante en que los vio, Han tragó en seco y cerró los ojos, deseando estar teniendo una pesadilla. Pero, por desgracia para él… todo era real.

Se dio cuenta, en ese momento, de que todo lo que había acontecido estaba relacionado con la mafia.

Mierda, mierda…

Desde el asesinato del detective Patterson, la usurpación de su identidad, la fuga de Medusa, la muerte del doctor Roth, el ataque al profesor —quien resultó ser oficial encubierto— todo apuntaba a una venganza de la mafia contra quienes los habían traicionado.

Tal revelación, le indicó a Han que sus chances de salir con vida de esa situación eran prácticamente nulas. Él era testigo de la limpieza de la mafia.

Sabiendo esto, y entendiendo el motivo por el cual lo tenían cautivo, volvió a sentirse devastado y arrepentido.

Solo espero que termine pronto , pensó.

Luego inclinó la cabeza, como dándose por vencido. Estaba casi sin esperanzas. Pero en ese momento, uno de los hombres se le acercó.

—¿Qué sucede, perra? ¿Por qué pones esa expresión? Todavía no ha llegado tu hora. Debes esperar al invitado especial. Ja, ja, ja...

Han se estremeció. Sabía que hablaban de Tom. Solo esperaba que no fuera tan impulsivo como él. Prefería haber muerto en la casa de James, que convertirse en carnada para atrapar a Tom.

Sin decirle una palabra, el hombre que parecía estar a cargo, se acercó con una sonrisa burlona… y comenzó a golpearlo en el estómago.

Pum. Pum. Pum.

Puaj.

Coff, coff, coff.

Se escucharon golpes, uno tras otro sin detenerse. Luego, una débil tos y gemidos de dolor.

Puaj.

—¿Qué sucede, perra? ¿No te estás divirtiendo? Ja, ja, ja.

Pum. Pum. Pum.

Se divertirían con él, hasta que llegara el “invitado especial”.

— Sería mejor si Tom nunca llegara… —murmuró mientras escupía sangre.

—¿Qué murmuras, bastardo?

Pum. Pum. Pum.

Cof, cof… puaj.

Han no quería que le hicieran daño a Tom. Y él no estaba en condiciones de ayudar en absoluto. A este paso, lo más probable es que muera en unas horas , pensó mientras sentía un ardor insoportable en el estómago. Su conciencia comenzaba a desvanecerse, debido al intenso dolor.

Pum. Pum. Pum.

Puaj, coff, coff.

Recibió más golpes… y su conciencia pronto se cortó.

Unos minutos más tarde, un ardor punzante lo despertó.

Cuando abrió los ojos, vio al hombre robusto inclinado frente a él, apoyado sobre una rodilla.

Sostenía algo en la mano que estaba clavado en su pierna derecha.

Parpadeó varias veces. Entonces lo vio con claridad.

Era una daga. Estaba clavada en su pierna hasta el mango.

—Ja, ja, ja… Despertaste, bastardo. ¡¿Quién te dijo que podías dormir!? ¡Hijo de puta!

Luego de decir esas palabras, Boris giró la daga incrustada en la pierna de Han, desgarrando el músculo.

—¡Aaaah, nooo!¡Detente!¡Aaah… ugh! ¡Maldito bastardo!

Dos segundos más tarde, una patada llegó desde la izquierda directo al abdomen de Han. El golpe fue tan fuerte que la silla en la que estaba cayó hacia atrás, estirando la cadena que sostenía su tobillo y provocando un esguince.

Plum.

—Cof… cof... uhg.

—¿Zorra, no te cansas de chillar?

—Ja, ja, ja. Mira lo deplorable que te ves, detective.

—Oye, no te duermas… recién estamos comenzando.

—Jasha, ¿tienes el teléfono celular del tipo?

— Sí, jefe. Aquí lo tienes.

—Bien… veamos los contactos. Mmmm… “Detective Smith”. Tomemos unas hermosas fotografías para Dima. Levántalo.

Jasha se acercó a Han y levantó la silla. Han no podía mantener la vista enfocada. El dolor en el abdomen era insoportable; algo caliente se esparcía por dentro. Estaba seguro de que tenía una hemorragia.

El tobillo le dolía como el demonio. La herida de la pierna casi no la sentía… el dolor del abdomen y del tobillo bloqueaban todo lo demás.

Mientras pensaba en las heridas que le habían ocasionado, escuchó el sonido del obturador de la cámara del celular, acompañado por la risa de Boris.

—Excelente. Esperemos que le agrade nuestro regalo a la rata traidora.

Acababan de tomar y enviar las imágenes al número de Tom.

—Ahora continuemos con la diversión. Si este tipo llega muerto para cuando aparezca ese hijo de puta… me tiene sin cuidado. Ja, ja, ja.

Mientras conducía por la carretera, Tom oyó el tono de identificación de llamada que le había asignado a Han.

Tiling. Tiling. Tata.

Detuvo el auto a un lado de la autopista. Estaba desesperado. Lo había configurado para responderle siempre, incluso si estaba ocupado.

Una vez que estacionó correctamente, tomó el teléfono del bolsillo de su chaqueta. Había dos imágenes.

Imagen 1

Al tocar la pantalla para abrirla, lo que vio lo hizo estremecer.

Han estaba atado a una silla, y encadenado al suelo por el tobillo. Se veía una daga clavada en su pierna derecha… y el rostro golpeado.

Se quedó helado mientras observaba la imagen. Con el corazón acelerado tocó la segunda imagen.

Imagen 2

Era un primer plano del rostro de Han. Más allá de los golpes, su apariencia era demasiado pálida. Parecía estar sufriendo un dolor insoportable… y su expresión lo confirmaba. Sin poder contenerse, Tom maldijo en voz alta.

—Maldito bastardo.

Luego de eso, envió un SMS en respuesta a las imágenes que le habían enviado.

Sí él muere, más te vale correr, porque te voy a perseguir hasta el fin del mundo.    Hijo de puta.

Después de enviar el mensaje, arrancó al auto y continuó a toda velocidad por la carretera, rumbo a buscar a la única persona que podría decirle en donde tenían cautivo a Han.

—Han… por lo que más quieras, resiste. Iré por ti.

***