En la oscuridad: Medusa 10 El profesor
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10 El profesor

Dos días después del asesinato del doctor Roth se celebraba el velatorio. Su padre, único familiar cercano, se encargó de organizar todo y recibir a quienes llegaban para despedirse de su hijo.

En el lugar estaba lleno de médicos, enfermeras, amigos y, como era de esperarse, también asistió el mejor amigo del detective Patterson, quien se acercó al padre del doctor Roth para presentar sus respetos.

Cuando llegaron Han y Tom —quien había insistido en acompañarlo, a pesar de que le dijo que no era necesario—, el salón se encontraba repleto de personas.

Al entrar, todos los presentes dirigieron miradas insidiosas hacia Han.

Momentos antes de su llegada, muchos habían comentado con sorpresa que, siendo pareja de Roth durante tantos años, no fuera él quien estuviera a cargo del servicio fúnebre.

Sin conocer la situación actual entre ellos, comenzaron a murmurar y a lanzar juicios injustos.

El padre del doctor Roth, que no solía hablar de la vida privada de su hijo, tampoco toleraba que se hablara mal de alguien que había estado a su lado durante tantos años, no solo como pareja, sino también como amigo. Por eso decidió intervenir.

Con voz firme, les dijo que se habían separado por decisión de su hijo, quién se había enamorado de otra persona. Y que, por respeto a su memoria, les pedía que dejaran de hablar sin saber.

Cuando sintió las miradas de todos los presentes sobre Han, Tom decidió caminar más cerca de él.

Han avanzaba entre las personas saludando con calma.

Tom podía ver claramente que conocía a todos los presentes.

Era de esperarse, después de haber compartido tantos años con alguien, aunque nunca hubieran vivido juntos.

Han caminaba con seriedad y compartía unas palabras con cada persona que saludaba. Presentó a Tom como su compañero, quien también ofrecía el pésame y se mantenía como un centinela a su lado.

Cuando llegó el turno de saludar al padre del doctor Roth, Han se acercó y lo abrazó. El padre también lo estrechó con fuerza. Después de unos segundos se separaron.

—Lamento que volvamos a vernos así —dijo Han con lágrimas en los ojos—. Haré todo lo posible por atrapar al asesino. No voy a descansar hasta lograrlo.

El padre del doctor Roth le dio unas palmaditas en la espalda, y luego Han se giró para presentar a Tom.

En el momento en que su cuerpo se hizo a un lado, Tom, que estaba detrás de él, frunció el ceño y adoptó una expresión tan extraña que a Han le costó mucho poder interpretarla. Estirando un brazo hacia Tom, Han dijo:

—Tom, él es el padre de James, Chris Roth. Es profesor de secundaria.

—Profesor Roth, él es mi compañero y quien colabora en la investigación: el detective de homicidios Thomas Smith.

En el instante en que el profesor Roth vio a Tom, su rostro perdió el semblante por unos segundos. Sin saber qué decir, alternaba la mirada entre ellos.

Reaccionó tarde, extendió la mano ante la ofrecida por Tom y lo saludó cordialmente.

A Han le pareció notar una expresión extraña en el rostro del profesor Roth, pero pensó qué se debía a que Tom era demasiado joven.

Por eso decidió extender su presentación, para despejar cualquier duda sobre sus capacidades.

—El detective Smith puede parecer joven, pero es el mejor de todos nosotros en este momento —dijo Han con firmeza.

—Mucho gusto. Gracias por ayudar a Han a resolver el homicidio de mi hijo —respondió con una expresión contenida.

—Encontraremos al responsable. Le doy mi palabra —agregó Tom, estrechando su mano.

Luego de separar sus manos, tanto Tom como el Profesor Roth se miraron de forma extraña. El ambiente se volvió tenso, y Han lo notó de inmediato. Algo no estaba bien.

Justo cuando estaba por preguntar en voz alta al profesor Roth que ocurría, este se disculpó diciendo que tenía más personas que saludar, y se alejó de ellos a paso lento. Tom lo observó con el ceño fruncido, hasta que desapareció de su vista.

Tom permaneció inmóvil por unos segundos. Luego se dio la vuelta y miró a Han con el rostro endurecido y una mirada tan fría que podría congelar a cualquiera.

—Detective… ¿Qué tan bien conoces al profesor Roth?

Han estaba asombrado por el tono, la voz… y el modo en que Tom le hizo la pregunta.

¿Detective…? Sintió que podría morir bajo esa mirada. Era la primera vez que veía a Tom así. Toda su aura había cambiado. Gritaba peligro . La mirada de Tom es intensa, casi amenazante. Pero… ¿por qué? ¿Qué estaba pasando? El profesor Roth también estaba actuando extraño. ¿Se conocen? , pensó Han.

No podía encontrar el motivo. Solo se llenó de preguntas sin respuesta. Sabía que debía preguntarle a Tom, pero no estaban en el lugar adecuado. Así que decidió responder primero y luego buscar el momento para hablar con él en privado.

—Lo conozco desde que estaba en la escuela secundaria. No somos muy cercanos, más allá de la relación que tuve con su hijo. Mientras estuvimos juntos, lo veíamos una o dos veces al año. Siempre estaba muy ocupado.

¿Por qué?

Tom lo miró con la misma expresión endurecida, pero su respuesta fue breve:

—Hablaremos de eso más tarde.

La atmósfera estaba tan tensa como la expresión de Tom, por lo que Han decidió ponerse en marcha. Necesitaba averiguar rápidamente los motivos del cambio en su actitud.

Una vez en el auto, Tom suspiró y miró a Han a los ojos por un instante. Se lavó en seco el rostro con la mano; luego le pidió perdón y le dio una suave caricia en la mejilla.

—No volveremos a la estación. Iremos a casa. Hay algo muy importante que necesito decirte, algo que nadie más puede escuchar.

Han asintió en silencio. Sabía que algo grande estaba pasando.

El mundo a su alrededor se había puesto patas para arriba hacía unos meses, y parecía que seguiría así por un tiempo.

Estaba ansioso por saber qué demonios estaba ocurriendo.

Solo tenía que esperar unos minutos más…

pero la ansiedad y la preocupación ya habían comenzado a hacer estragos en su cuerpo y en su mente.

Mirando a Tom conducir, a Han le pasaban por la cabeza mil preguntas, un millón de escenarios posibles. Se estaba volviendo loco. Sobre todo, le preocupaba Tom, que había mostrado un aura que emanaba peligro, como si advirtiera que no debían acercarse demasiado.

Mientras nadaba en suposiciones, el auto se detuvo. Tom lo llamó y Han, que no se había dado cuenta que ya habían llegado, soltó un suspiro de sorpresa y bajó del vehículo junto a él.

Luego de entrar, Tom se sentó en el sofá y le indicó que tomara asiento a su lado.

Exhalando un largo suspiro, Tom le preguntó:

—¿Recuerdas el día en que te conté cuando maté al fiscal sin saber quién era?

—Lo recuerdo. Estabas tú, una joven y tres personas: entre ellas Medusa, el fiscal Patterson y una tercera que no identificaste en la narración.

Al ver que Han recordaba claramente los hechos, Tom se sintió aliviado de no tener que contar todo otra vez. Era un episodio del que no estaba feliz ni orgulloso. Sobre todo, no le gustaba recordar como aquel viejo pervertido había abusado de él.

Tom tomó la mano de Han y le dijo:

—Han… la tercera persona presente en ese momento era Al Meyer.

Él era el encargado de manejar la ruta de la droga hacia Europa.

Estaba a cargo de los envíos, gracias a sus contactos en los puertos.

La droga se embarcaba en contenedores que no se encontraban registrados en aduana, ni al salir ni al llegar a destino. Ese era su trabajo.

Después de decir esto, Tom dudó unos segundos. Luego prosiguió con los detalles del pasado.

—Ese día, en el momento en que le clavé el cuchillo en el cuello al fiscal… se escuchó una carcajada a un lado. Era increíblemente fuerte. Las risas de ese hombre me perforaron los tímpanos de tal manera que tuve que girar la cabeza y ver de qué se reía.

Medusa codeaba al hombre a su lado y le decía que le debía dinero, por haber perdido la apuesta sobre cómo moriría el fiscal. Después de ese comentario, el hombre giró la cabeza… y nuestras miradas se encontraron. Estaba aterrado.

Como dije antes, pensé que me iban a violar y luego asesinar. Mientras lo miraba fijamente, el fiscal dejó de moverse. Al fin el bastardo había muerto. Fue entonces cuando me levanté, sin dejar de observarlos.

Ese hombre, el tercero presente… es el profesor Roth.

—¿Qué? ¿Estás seguro? Es imposible.

No, no, no… no puede ser. Debes estar equivocado. No dijiste que llevaba máscara.

Han lanzó una pregunta tras otra en evidente estado de incredulidad. Luego se quedó en silencio, mirando a Tom como buscando confirmación.

—Tom…

Tom lo miró con ojos que decían más que las palabras. Lamentaba ser él quien debía decirle la verdad. Una vez más, el mundo que rodeaba a Han se revelaba como una mentira. El padre de su ex pareja, el profesor respetable que pensó conocer, trabajaba con la mafia. Y no solo eso… abusaban de menores.

Han estaba asqueado. No podía creer que hacía apenas una hora había abrazado a ese hombre. Tenía ganas de vomitar.  La cabeza le daba vueltas. Un dolor repentino lo atravesó, y se dejó caer en el sillón, tirando la cabeza hacia atrás, tratando de procesar lo que acababa de escuchar.

Se sentía sucio. Contaminado por ese abrazo.

—Maldito hijo de puta —maldijo en voz alta.

—¡Maldito hijo de puta, bastardo! Ahora comprendo su reacción al verte. Él también te reconoció. ¡Aaah, si lo hubiera sabido cuando lo tuve enfrente…!

—Han, está bien. Tranquilízate —dijo Tom, sabiendo que Han, con su temperamento, era capaz de regresar y darle un puñetazo en el rostro a ese hombre.

—¡Aaah…aaah! No. No importa como estoy yo. Lo que importa es cómo estás, tu. ¡Maldito hijo de puta! Pervertido… bastardo.

Estaba tan indignado que no podía controlarse.

—No te voy a mentir. Desde que arrestamos a Medusa, pensé que no lo volvería a ver, a menos que estuviéramos tras la ruta de la droga.

Es más, pensé que había muerto. Pero al verlo hoy…

recordé todos esos años infiltrado. En especial, ese día.

El día en que nuestras miradas se cruzaron.

Aunque el que se reía era Medusa, pero el que tenía satisfacción en su mirada…

era él, ese tipo. Como si en verdad hubiera estado esperando ese final.

Han lo miró incrédulo con la respiración agitada.

—Tom… esto es increíble. ¿Tú crees que ese hombre… tal vez…?

—Bueno, si lo piensas bien… en ese momento no sabía que había matado a un fiscal.

Cuando les informé a los que me infiltraron que había asesinado a una persona porque las cosas se salieron de control, me dijeron que no me preocupara, que ellos se encargaran de todo.

Ellos sabían que era fiscal. Por lo tanto…

—Es como pensamos. Las personas que te reclutaron te usaron para sacar del camino al fiscal.

Si antes había intentado obtener más ventajas de Medusa, no sería de extrañar que también haya querido hacer lo mismo con los policías encubiertos.

Como estaban a cargo de la ruta de la droga, probablemente pidió dinero a cambio de no revelar sus verdaderas identidades a Medusa. ¿No lo crees?

Estamos en este lío por la ambición de un fiscal y policías corruptos… la mafia, en todo esto, parece ser ajena. La verdad… no sé qué pensar.

—Pero no hay ninguna prueba de todo esto. Seguimos teniendo solo conjeturas.

—Lo único que podemos hacer para confirmar o descartar esto… es hablar con el profesor Roth.

—¿Tú crees…?

—Me dijo que se iba a quedar en la casa de James, para organizar sus cosas. Podemos ir allá mañana. Mientras antes lo entrevistemos y sepamos qué ocurrió…

—Este caso está cada vez más enredado. Si realmente era un agente encubierto en ese momento… aaah...

Exhalando un gran suspiro de frustración, Tom no quería pensar en nada. Era mejor dejar las conjeturas hasta después de hablar con el profesor Roth.

Desde que apareció el cadáver del detective Patterson, todo parecía estar intrínsecamente relacionado con la mafia.

Han, al pensar en ello, se preocupó profundamente por la seguridad de Tom.

Aunque el atentado fue contra su propia vida, era más que evidente que el centro de todo esto giraba en torno a Tom y su vínculo con la mafia.

Temía que fuera solo cuestión de tiempo para que algo malo le ocurriera.

Por primera vez en mucho tiempo, no se sintió como una carga para Tom. Al contrario, se sentía mejor viviendo juntos. Así podría apoyarlo si la mafia intentara algo contra su integridad física.

Estaba tan absorto en sus pensamientos que, cuando levantó la vista, vio a Tom preparando la cena con una expresión extremadamente fría en el rostro.

Volvía a emanar de él esa aura de peligro.

Como una bestia herida a punto de ser cazada.

Una advertencia silenciosa de mantener distancia…

porque podría atacar en cualquier momento.

Y, sin embargo, Han se sentía extrañamente atraído hacia esa aura. No sabía por qué. Había muchos misterios que rodeaban la personalidad de Tom.

No importa lo que suceda , pensó Han.

Llegaremos al final del asunto juntos, resolveremos estos homicidios .

Se prometió a sí mismo.