En la oscuridad: Medusa 9 La carnada #2
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9 La carnada #2

El cuerpo se encontraba en el asiento del conductor.

En el momento en que vio el cadáver del doctor Roth, Han sintió como su corazón se aceleró y se le revolvía el estómago.

La acidez y las náuseas lo invadieron, quemándole la garganta.

Reprimió rápidamente el impulso de devolver, girándose por unos momentos para no mostrar más debilidad frente a Tom.

Tampoco quería que se preocupara por él.

Era consciente de que últimamente Tom había estado muy pendiente de él. Ese hecho le hacía sentir emociones encontradas. Sabía que era mayor, pero no podía evitar mostrarse débil frente a Tom, y ese hecho lo incomodaba.

Sin embargo, al mismo tiempo, le gustaba que Tom se preocupara y velara por él. Era la primera vez que alguien se mostraba realmente interesado en sus sentimientos y en su bienestar.

Sobre todo, era contrario a sus experiencias pasadas: en lugar de empujarlo o rechazarlo, lo aceptaba y lo consolaba. Pensaba que otra persona, después de verlo tan afectado por la muerte de su expareja, estaría celosa o molesta. Pero Tom era diferente. Muy diferente.

Era brillante y comprensivo…

Se preocupaba más por los demás que por sí mismo.

Se lo había demostrado varias veces. Eso hacía sentir vivo a su viejo y cansado corazón.

La vida le había propinado varios golpes desde joven y era la primera vez en mucho tiempo que sentía que podía confiar en alguien.

Pero ese sentimiento también lo asustaba.

No quería volver a salir herido. Por ello estaba siendo muy precavido con Tom.

Pensando que en algún momento debería hablar con él sobre lo que había pasado entre ellos, finalmente se acercó a la cabina del auto para escuchar y observar lo que el forense había encontrado.

—Detectives, como pueden observar, por las marcas en el cuello de la víctima, fue estrangulado con su propia cadena —informó el forense.

Ante sus palabras, Han murmuró:

—Nunca se la quitaba…

Tom, en ese momento, apoyó su mano en su hombro y lo apretó levemente, en señal de apoyo.

El forense continuó explicando que el doctor Roth había intentado defenderse, y que tenía tejido debajo de sus uñas.

Había recolectado las muestras para llevarlas al laboratorio y realizar la prueba de ADN.

Aunque ellos ya sospechaban quién podría haberlo hecho, necesitaban los resultados para emitir la orden de arresto por doble homicidio y comunicar la búsqueda a interpol.

Cuando observó de cerca el cuerpo del doctor Roth, Han sintió como sus ojos se llenaban de lágrimas. Muchos recuerdos pasaron por su mente. No podía creer que hubiera terminado así. Fue lamentable. Más allá de que Roth se había comportado como un patán, no le deseaba el mal.

Después de escuchar al forense, Tom volvió a apoyar la mano en su hombro de Han.

—¿Estás bien?

Han sabía a qué se refería. Le respondió con una triste sonrisa e inclinó las cejas en un gesto que decía más que las palabras.

Se despidieron del forense y se subieron al auto para regresar a la casa de Tom después de pasar por la estación de policía. Una vez que Han se abrochó el cinturón de seguridad, comenzó a conducir por la carretera lentamente y en silencio para darle el espacio que Han necesitaba para su duelo.

Han tenía la cabeza girada hacia la ventanilla, con la mirada perdida en el exterior. Tom, mientras conducía, lo observaba de vez en cuando por el rabillo del ojo derecho. Podía ver su reflejo en el vidrio: estaba llorando.

Las lágrimas corrían por sus mejillas en cantidad.

Solo pensaba en que deseaba que pronto se sintiera mejor.

Era la primera vez que veía llorar a un hombre, y ese día lo había hecho dos veces.

Solo podía imaginar lo que Han estaba sintiendo, por el estado en que se encontraba.

Él nunca había experimentado una pérdida así.

Jamás había amado, ni tenido una familia.

Mientras conducía y veía llorar a Han en silencio, se mantuvo sin decir nada. Respetó su tiempo. Quería consolarlo, pero sabía que, si decía algo en ese momento, solo lo haría sentir incómodo y vulnerable. Por eso se contuvo.

Han… realmente espero que te desahogues y pronto te sientas mejor. Estaré a tu lado en silencio sosteniendo tu mano todo el tiempo que necesites .

Maldición .

Maldijo por dentro ante toda esta situación en la que, cuando parecía que daban un paso hacia adelante, los arrastraban hacia atrás nuevamente.

Lo único bueno de todo esto era que ahora sabían cuál era la conexión.

Todo se remontaba a muchos años atrás, lo que hacía imposible hablar con las personas implicadas, debido a que estaban fallecidas o se desconocía su paradero.

Cuando finalmente llegaron a la casa de Tom, Han se dirigió directamente a su cuarto sin decir una palabra.

Ingresó a la ducha, mientras Tom, comenzó a preparar la cena para animarlo un poco.

Estaba decidido a hacer que se sintiera mejor.

Se sentía impotente y frustrado de verlo atravesar un momento tan difícil.

Todavía no había superado del todo su ruptura…

y ahora debía lidiar con la muerte de su ex.

Unos minutos más tarde, Han salió de la habitación. Tenía los ojos un poco enrojecidos e hinchados, pero se lo veía más despierto, menos perdido en sus pensamientos.

—Necesitas ayuda con la cena —preguntó con suavidad.

—No te preocupes, ya casi está lista. Siéntate.

Siguiendo sus palabras, Han tomó asiento en la mesa de la cocina. Después de unos segundos de silencio, se armó de valor y le dijo:

—… Gracias.

Sus palabras se escucharon tranquilas. Cuando Tom se giró para mirarlo, su expresión reflejaba sinceridad.

—No sé por qué me agradeces.

—Gracias por apoyarme estos días y preocuparte por mí.

—Somos compañeros —respondió, como si no fuera gran cosa.

—Lo sé. Pero aun así… gracias.

—Está bien. Deja de agradecerme.

—Tom…

—Dime.

—No puedo dejar de pensar en James. Ese día, cuando lo interrogamos, te dije que estaba involucrado de alguna manera.

Bueno… —hizo una breve pausa en busca de las palabras correctas—.

Viendo como resultaron las cosas, que el asesino es el hermano gemelo del detective Patterson, y que ahora él está muerto…

lo que vi ese día… creo que era culpa y miedo. Debería haber insistido en que hablara.

—No creo que lo hubiera hecho, aunque le insistieras. El asesino está jugando con nosotros. Todavía no logro comprender qué gana con la muerte del doctor Roth. Pero mi instinto me dice que muy pronto lo averiguaremos.

—Mmm…

Tom escuchó atentamente a Han. Se alegró que fuera él quien hablara primero. Mientras pensaba en ello, Han volvió a hablar.

—Tom…

—Sí.

—¿Te importaría contarme sobre tu familia? Es que he estado pensando, y realmente no creo que haya sido una casualidad que mataras al fiscal general. Como tampoco creo que te hayan reclutado al azar. Parece que se han estado preparando desde hace mucho tiempo.

—Han… de eso no tenemos testigos ni evidencia.

Solo el ADN y huellas dactilares de Darko Savic.

Debemos tener cuidado con quien hablamos sobre el caso.

No sabemos hasta dónde llegan las ramificaciones ni quién está implicado.

No te olvides que estamos lidiando no sólo con la mafia, sino también con policías corruptos, y que ya han conspirado para asesinar a un fiscal general.

—Tienes razón. No debemos comentarlo hasta estar seguros de en quién podemos confiar.

—Respondiendo a tu pregunta… no recuerdo mucho a mis padres. Murieron cuando yo tenía dos años en un accidente automovilístico. Junto con mis padres, también murió el conductor del otro vehículo. No tenía otros familiares más que ellos. Mi madre se llamaba Lera Popov, y mi padre, Iván Solokov.

Mientras contaba la historia de sus padres, Tom bajó la cabeza un momento y cerró los ojos.

Han, al verlo, se sintió mal. Sabía que, aunque Tom era muy pequeño para recordar cómo eran sus padres, había crecido sintiendo su ausencia.

No podía imaginar el dolor que debía estar sintiendo en ese momento.

Recordar una infancia dura, de orfanato en orfanato, de familia en familia, sintiéndose solo y abandonado.

Pensó que había tenido una infancia demasiado difícil.

Como la pausa de Tom se extendió más de lo esperado, se acercó a él y colocó la mano en su hombro.

—No tienes que seguir. No hace falta —le dijo con una suave sonrisa en su rostro.

—No, quiero que lo sepas. Después me llevaron a un orfanato. Lo único que me quedó de mis padres es un álbum de fotos de su casamiento y algunas de nosotros tres como familia. Bueno… el resto de la historia ya la conoces.

Han, en ese momento, quitó la mano del hombro y le acarició la cabeza. Al sentir la caricia Tom, lo miró a los ojos. En el instante en que sus miradas se cruzaron, se quedaron así, en silencio, durante mucho tiempo.

Como si quisieran comunicar lo que sentían sin necesidad de palabras.

Hacía poco que se conocían, pero mientras más tiempo pasaban juntos, más emociones incontrolables surgían en su interior. Emociones que crecían día a día.

Tom era consciente de las dudas de Han. Por eso no iba a hacer nada hasta que él diera el primer paso. Esperaría con paciencia el momento oportuno.

Hacía varias semanas que Han se había mudado a su casa, ante su pedido, para protegerlo del asesino. Aunque esa fue una excusa para estar más cerca de él, Han no lo sabía. Confiaba en que no había intereses ocultos en tal petición.

Todo ese tiempo se habían comportado como si fueran una pareja. Con solo

un poco de contacto físico, la cercanía era muy agradable, y por primera vez en su vida, Tom deseaba estar con alguien de forma formal.

Quería tener una pareja. Tal vez era por la edad de Han que se sentía cómodo a su lado, pero también era cierto que su deseo por él era intenso, casi imposible contener.

Lo hacía porque no quería presionarlo, y mucho menos ahuyentarlo.

Pero, si pudiera le pediría que se trasladara definitivamente a San José.