9 La carnada
A la mañana siguiente, luego de organizar la mesa, Tom estaba por decirle algo a Han cuando su teléfono comenzó a sonar. Frunciendo el ceño, lo tomó de inmediato y respondió:
—El detective Smith, aquí.
—Soy Toledo. Tommy… tenemos un homicidio en un estacionamiento. La víctima fue asesinada en su auto. Estábamos realizando la investigación y …
Ante la duda de continuar, Tom lo interrumpió:
—¿Qué sucede?
—Acaba de llegar el forense. Ya sabemos su identidad… Es una de las personas que entrevistaste, por el homicidio de Patterson.
—¡¿Qué acabas de decir?!
Sorprendido por lo que acababa de escuchar, prácticamente gritó.
Desvió la mirada hacia Han y en un segundo frunció el ceño, en señal de que algo iba mal.
Han notó su expresión y lo miró fijamente.
Tom, al ver que Han lo observaba, se dio la vuelta, ocultando su siguiente reacción, y continuó hablando:
—Tommy… es el doctor Roth. La pareja del detective Patterson. Fue estrangulado.
Tom se quedó mudo. No podía emitir sonido. Aún no habían terminado de esclarecer el caso, y ya tenían a uno de los testigos asesinado.
Ante el silencio prolongado de Tom, el detective Toledo habló:
—¿Tommy?
—Vamos para allá.
Finalizó la llamada, miró a Han con rostro de preocupación y vacilación. Bajó la mirada y frunció el ceño. Parecía que estaba buscando en su mente las palabras para expresar lo que tenía que decir a continuación.
Al ver que Tom dudaba en hablar, Han le preguntó:
—¿Tom? ¿Qué sucede? ¿Ocurrió algo malo?
Tom exhaló un largo suspiro, se acercó a Han y lo tomó del hombro, mirándolo fijamente a los ojos. Han, cada vez más intrigado, esperó a que hablara.
—Han… lamento decirte esto, pero… el doctor Roth fue hallado muerto en su auto. Lo asesinaron.
—... ¿Qué?
Ante las palabras de Tom, Han se quedó en blanco, sin comprender lo que acababa de escuchar. Unos segundos más tarde frunció el ceño con evidente tristeza y dio tres pasos hacia atrás tambaleándose, hasta que se tropezó con la silla.
Si no fuera por Tom, que se acercó rápidamente, lo tomó del brazo y luego lo rodeó por la cintura, se habría caído al suelo. Lo sentó en la silla y fue a la cocina por un vaso de agua. Han estaba en evidente estado de shock .
Después de entregarle el vaso, que Han tomó con las manos temblorosas, Tom se puso en cuclillas frente a él y le tocó la pierna.
Han lo miró con los ojos llenos de lágrimas, y apretando la barbilla para contener sus emociones.
Tom lo sabía. Era inminente. Estaba por romper en llanto, pero intentaba contenerse delante de él.
Decidido a ayudarlo a desahogarse, se puso de pie, lo tomó por los hombros y apoyó su cabeza contra su abdomen. Han se dejó llevar enterrando el rostro en el cuerpo de Tom. Un segundo más tarde, Tom sintió como se le humedecía la camisa. Levantó una mano y acarició su cabeza para tranquilizarlo.
Su reacción era comprensible: acababa de perder a alguien que conocía de toda la vida y con quién había compartido una relación durante más de diez años. No estaba celoso. Estaba preocupado por su estabilidad emocional.
Ahora que sabía que Han había sido el detective que lo rescató aquel día, cuando era un niño, su deseo de estar con él y protegerlo se acrecentó aún más.
Mientras Han se desahogaba, Tom recordó aquel día en que le dijo que corría muchos riesgos, que debía asistir a la escuela para salir de ese mundo tan peligroso y oscuro. También le aconsejó que no huyera de los orfanatos ni de las casas de sus padres adoptivos.
Aunque prestó atención a las amables palabras del detective —y le gustó su genuino interés por su seguridad y bienestar—, continuó huyendo.
Se rodeó de malas influencias, y fue así como, en su adolescencia lo reclutaron para infiltrarse en la organización de Medusa. Tenía un prontuario tan extenso y desde tan joven que… ¿quién dudaría de un chico así?
Pensando en ello, lo abrazó más fuerte, intentando consolarlo. Han sabía que era mayor que Tom, pero no podía evitar mostrarse frágil frente a él cada vez.
Después de desahogarse por un tiempo, recuperó la compostura. Con los ojos enrojecidos e hinchados, le dijo:
—Lo siento. Yo…
Tom, tomándolo de la barbilla, con una mirada cálida y un rostro amable, le habló con sinceridad, demostrando que realmente sentía lo que decía y lo apreciaba:
—No tienes que pedir perdón. Soy tu compañero. Entiendo por lo que estás pasando en este momento. Quiero que te apoyes en mí.
Han se sintió un poco confundido y trató de expresar su agradecimiento:
—Tom…
Pero Tom lo interrumpió:
—Vamos, Han. Nos están esperando. Podremos hablar más tarde. No te preocupes.
No quería escuchar más disculpas de Han. Lo mejor era que fueran a encontrarse con los investigadores y ver que habían obtenido de la escena del crimen.
***
En el escondite del Jefe de la mafia rusa, mientras Lukyan disfrutaba de la cena, uno de sus hombres de confianza entró al salón con euforia.
—¡Jefe! Está hecho.
Lukyan, lo miró complacido.
—Muy bien. Ahora el maldito bastardo va a salir de la cueva en la que se está escondiendo. Ya saben lo que tienen que hacer.
Lukyan hablaba con Sergei, quién le informaba que todo iba según lo planeado y que el señor “X” estaba listo para dar el siguiente paso.
Se dirigió a su escritorio, con el ceño fruncido, analizando algo en su cabeza. Luego tomó asiento en él. Después de permanecer en silencio durante unos minutos, preguntó:
—¿Boris regresó?
Sergei respondió sin dudar.
—No.
—Bien. Él debe estar presente en el galpón del viejo edificio de la fábrica cuando sea la hora. Asegúrate que esté todo listo allí. Tú te quedarás conmigo, y él acompañará al señor “X”, junto con un par de hombres
—Sí, jefe.
Pensando que con esas instrucciones terminaba su conversación, Sergei estaba por retirarse cuando Lukyan lo llamó.
—Sergei… de ahora en adelante serás el superior de Boris. Es momento de ver como te desenvuelves con más responsabilidades. Tendrás más cosas a cargo.
Sergei, sorprendido por lo que acababa de escuchar, abrió mucho los ojos y trató de refutar las palabras de Lukyan.
—Jefe… pero Boris…
Lukyan lo interrumpió de inmediato, usando un tono más firme para dejar en claro sus planes y deseos para la organización:
—Boris lleva más tiempo conmigo… sí. Pero tú eres más capaz. Tengo que preparar a alguien para el futuro. Espero que no me defraudes; desde este momento todo es una prueba para ti.
—Sí, jefe.
Sin atreverse a decir nada que pudiera generar la furia de su jefe, Sergei salió de la oficina.
Estaba un poco perplejo. Siempre había asumido que sería Boris quien estaría al mando de la organización.
Ahora que Lukyan le había dicho que sería él, un gran peso había caído sobre sus hombros, como si una montaña se derrumbara sobre él.
Siempre había sido fiel. Actuaba de acuerdo con lo que su jefe le pidiera; había eliminado los objetivos marcados sin hacer preguntas. Los motivos no eran de su incumbencia: lo que le ordenaban, lo hacía sin dudar.
Estaba con Lukyan desde hacía mucho tiempo.
Él lo había sacado de las calles, al igual que a Boris, cuando eran adolescentes.
Les dio cobijo, los mantuvo a su lado, les enseñó y los guió para ocupar puestos importantes dentro de la organización.
Sergei no tenía quejas ni críticas. Para él, en cierto modo, Lukyan Volkov era como un padre.
Por eso lo seguía ciegamente y obedecía todas sus órdenes.
Pero sabía que Boris no se tomaría bien esta noticia. Boris siempre había deseado estar al mando. ¿Cómo reaccionará Boris?
Mientras tanto, encontrándose solo en su oficina, Lukyan comenzó a murmurar para sí mismo…
—Bueno… se va acercando la hora de mover las fichas que quedan en el tablero hacia el jaque mate . ¡Ja, ja, ja! Maldito hijo de puta… veremos qué haces ahora. Si puedes.
Lukyan estaba lleno de ira. Quería terminar con la guerra que había comenzado hacía más de treinta años.
Un fiscal corrupto que le pedía dádivas constantemente y que cometió un acto irresponsable.
Lo comprendía, porque él mismo hubiera actuado del mismo modo.
Pero después de tanto tiempo, lo que quería hacer ya no tenía sentido. Era solo venganza.
—¡Ja, ja, ja! Maldito bastardo. Tanto orgullo… para terminar asesinado por un niño. Como el maldito pervertido que eras. Parece que no era el único al que molestaste. Ahora me voy a encargar de la otra maldita rata. ¿Cómo se atrevió a hacerlo?
Ring. Ring.
Mientras repasaba los acontecimientos del pasado, Lukyan recibió la llamada del señor “X”.
En el estudio solo se escuchó lo que Lukyan decía:
—Sí.
—Excelente. Ya sabes lo que debes hacer cuando aparezca.
—¿Y en cuanto al detective…?
—Muy bien. Manténme informado.
Al terminar la llamada con el señor “X”, Lukyan, sonrió ampliamente y luego estalló en carcajadas.
—¡Ja, ja, ja! Solo es cuestión de tiempo. Estamos cerca del final.
Salió de su oficina, diciendo esas últimas líneas. Caminaba como si fuera dueño del mundo y sus hombres lo seguían detrás.
***
En el estacionamiento de un centro comercial, ubicado cerca del hospital en donde trabajaba el doctor Roth, los peritos forenses y detectives procesaban la escena y buscaban evidencia.
Tom y Han llegaron al lugar una hora y media después de haber recibido la llamada.
El primero en acercarse al auto del doctor Roth, que en ese momento se estaba siendo peritado, fue Tom. Antes le había indicado a Han que, si quería, podía esperar en el auto. No era necesario que presenciara la escena. Pero Han se negó rotundamente.
Sí, el fallecido había sido su pareja. Pero, ante todo, él también era detective, y siempre se había comportado como un profesional. Esta no sería la excepción.