7 El asesino #3
Después de comprobar que la herida estaba localizada en la pierna y que no parecía haber fracturas, Tom suspiró aliviado. Luego se inclinó, dándole la espalda.
—Vamos, sube. Te cargaré. El capitán envió a dos detectives a investigar. Deben estar por llegar. Dejemos la bicicleta aquí, así ubican el lugar y pueden buscar evidencia.
—Está bien… aunque no creo que encuentren nada. Pasó con la moto y disparó sin decir una palabra.
—Vamos, vamos al hospital.
—¡Ugh! Mmmm… Ufff.
—¿Listo? Sostente fuerte.
Sosteniéndose del cuello de Tom mientras este lo cargaba en su amplia y fuerte espalda, Han se sintió finalmente relajado por la llegada de su compañero. Apoyó la cabeza en su hombro y dejó escapar un suspiro.
Todo el cansancio y la adrenalina que habían corrido su cuerpo durante las últimas horas cayeron de pronto como una pesada piedra. Se sentía agotado.
Mientras descendían por el sendero, Tom logró calmar el golpeteo de su corazón, que hasta hacía unos instantes parecía que se le iba a salir por la boca. Estaba preocupado por Han. No sabía por qué.
Solo se conocían desde hacía muy poco tiempo y, aunque habían tenido sexo, ambos habían evitado hablar del tema, como si fuera un acuerdo tácito entre ellos.
Lo que sí estaba claro para Tom era que sentía algo más que una atracción física por Han.
Reconociendo su propio interés, ahora quería saber cómo se sentía Han al respecto. Han era mayor que él y acababa de romper una relación de diez años apenas unos meses atrás. Su cabeza y su corazón debían estar poco receptivos a nuevas emociones… o una nueva relación.
Tom sabía que aquella noche en que ellos tuvieron sexo, probablemente había sido impulsada por el despecho. Han había descubierto quién era la nueva pareja de su ex.
Pero también había algo más.
Tom notó que Han reaccionaba como alguien que no conocía el sexo con caricias. Su vasta experiencia con hombres y mujeres le había enseñado a reconocer cuando una persona experimentaba algo por primera vez o que hacía tiempo no experimentaba. Eso fue lo que sintió con Han aquella noche.
Tengo que saber cómo se siente .
Una vez que llegaron al lugar donde Tom había dejado estacionado el auto, colocó a Han con cuidado en el asiento del acompañante. En ese momento llegaron los dos detectives asignados a investigar el hecho.
—Detective Michaels, ¿se encuentra bien? Somos los detectives Toledo y Domínguez. Nos conocimos en la estación el día que llegó. El capitán nos envió a investigar.
Después de hacerle las preguntas de rutina y escuchar el relato de Han, se despidieron.
Tom condujo hasta el hospital, donde ya los estaban esperando. Llevaron a Han a la sala de tratamiento y le extrajeron la bala. Por suerte, no había tocado el hueso, pero le llevaría un tiempo sanar. Luego de las curaciones y las recomendaciones médicas, Tom se ofreció a llevarlo a casa.
Cuando llegaron al auto, Tom lo ayudó a acomodarse y, antes de arrancar, le dijo algo inesperado:
—Han, no creo que debas ir a tu casa.
—¿Qué?
Respondió Han sorprendido y mirando hacia arriba desde la silla de ruedas, con la que lo había trasladado hasta el auto.
—¡Intentaron asesinarte! Pueden estar esperándote. Quiero que te quedes en mi casa, por el momento. Por otro lado, en tu departamento no hay ascensor.
Han no podía creer lo que estaba escuchando. Era cierto que le habían disparado, pero aún dudaba que se tratara de un intento de homicidio. No creía que lo fueran a intentar nuevamente, y menos en su casa. Por eso, se negó con cortesía.
—Tom, agradezco y comprendo tu preocupación, pero…
Tom lo interrumpió antes de que pudiera terminar de hablar.
—Si te sientes incómodo porque dormimos juntos la otra noche, no tienes nada de qué preocuparte. No haré nada que no quieras. Entiendo muy bien que te dejaste llevar. Realmente estoy muy preocupado. No estoy diciendo esto con intenciones ocultas.
Han, al ver la sincera mirada de preocupación de Tom, dudó por unos minutos.
No estaba seguro de poder contenerse estando en su casa y pasando tiempo juntos.
Sabía muy bien que se sentía atraído hacia Tom en más de una manera, y esa preocupación por su integridad física solo se sumaba a su atractivo.
Por otro lado, era una ventaja no tener que ir hasta su casa y volver todos los días. Aunque la distancia no era enorme, una hora y media de conducción después de jornadas agotadoras se hacía cada vez más pesado. Y, analizando el tener que subir las escaleras en ese estado…
Luego de poner todo en la balanza, decidió aceptar la propuesta de Tom. Sabía que se sentiría algo incómodo, pero sus palabras lo habían tranquilizado.
—De acuerdo, me quedaré en tu casa… solo hasta que sane la herida.
En cuanto Han respondió, Tom sonrió, mostrando esos llamativos hoyuelos en sus mejillas. Le acarició la cabeza con suavidad, puso en marcha el auto y se dirigió a su casa.
***
Después de cinco días viviendo en la casa de Tom, habían establecido una rutina. Tal como le había prometido, dormían en habitaciones separadas, y Tom solo se permitía un poco de skinship : le acariciaba la cabeza, o lo abrazaba por la cintura para susurrarle algo al oído.
Cada vez que eso ocurría, Han se sentía incómodo.
No porque no le gustara, sino porque era algo nuevo para él.
No estaba acostumbrado a esas demostraciones de afecto, y mucho menos esperó que Tom fuera tan demostrativo.
Una vez más, lo había juzgado mal. Había construido un perfil de él solo por la portada.
Afortunadamente para Han, Tom solo lo hacía cuando estaban solos en su casa.
Se sentiría muy avergonzado si lo hiciera en público, sobre todo porque en Han pesaba el prejuicio de la diferencia de edad.
Todavía creía que Tom se aburriría de estar con alguien mucho mayor. Por eso había trazado una línea.
Su rutina consistía en levantarse a la misma hora, desayunar juntos, ir a la estación de policía, trabajar en el caso, y luego volver para cenar. Se podía decir que eran como una pareja de casados que trabajaban juntos: compartían todo, excepto el sexo. Así llegaron a conocerse mucho mejor.
Tom, contrario a lo que mostraba a los demás, era una persona muy dedicada y cariñosa.
En todo momento buscaba el bienestar de Han.
Sonreía mucho más de lo que él había imaginado.
Era un tipo muy alegre, por completo diferente al perfil que mostraba en el trabajo.
Ese hombre frío y distante, no existía cuando estaban solos.
Por su parte, Han era un libro abierto, como lo había mostrado desde el principio. Lo que las personas veían era lo que obtenían. Era sensible y temperamental, incapaz de ocultar sus sentimientos. Comprometido con la verdad, alegre, pero al mismo tiempo solitario.
Tom no sabía nada del pasado de Han. Ahora que lo conocía, si él no lo mencionaba, debería haber un motivo. No quería presionarlo. Él ya estaba lidiando bastante con el tema de su expareja.
Así pasaron los días.
Durante la noche del quinto día, mientras cenaban, Tom no pudo contener la curiosidad que le venía haciendo cosquillas desde hacía tiempo.
—Han…
—Dime —respondió con la cabeza baja en el plato y sin mirarlo.
—He notado que nunca mencionas a tu familia.
En ese momento, Han, que estaba comiendo pasta, dejó la cuchara y el tenedor sobre el plato y levantó la vista. Hizo un gesto como si estuviera pensando qué responder.
Tom, expectante, le dio espacio.
—Bueno… No tengo relación con mi familia. Es todo lo que voy a comentar al respecto —respondió en tono seco y continuó—. He terminado de cenar, me voy a descansar. Muchas gracias por la comida.
Luego de responder de ese modo, se levantó de la mesa y se retiró con una expresión en su rostro que a Tom le fue difícil de describir.
Lamentó de inmediato haber hecho la pregunta.
Había roto el ambiente ameno que compartían.
La reacción de Han era demasiado intensa como para tratarse de algo trivial.
Sabía que, si decía algo en ese momento, solo empeoraría las cosas.
Eso haría que Han se cerrara aún más. Así que se quedó en silencio mirando hacia donde había desaparecido, recogió la mesa y negó con la cabeza.
No debería haber preguntado .
***
El sexto día, mientras estaban en la estación, revisando la evidencia que tenían, recibieron una llamada del médico forense. Tenía los resultados de las huellas dactilares.
Habían pasado las huellas en la base de datos de otras agencias y apareció una ficha de persona buscada por Interpol.
Interpol lo buscaba por ser un asesino a sueldo de la organización Serbia llamada Senka , famosa por entrenar a niños como sicarios. La mayoría eran huérfanos; otros eran hijos o parientes de mafiosos.
Cuando vieron la foto del asesino de Senka , llamado Darko Savic, tanto ellos como sus compañeros quedaron en shock.
Era el rostro del detective Patterson, con diferente corte de cabello, pero definitivamente era él.
Comparando las fotografías de ambos hombres, sus rostros y contextura eran idénticos. Pero las huellas decían que eran personas diferentes. Solo había una explicación posible: ¡era su hermano gemelo!
La revelación arrojaba más preguntas que respuestas. Han, mirando la fotografía, dijo:
—¿Cómo no sabíamos de su hermano gemelo? ¿Cómo llegó a ser asesino a sueldo en Serbia? ¿Por qué mató a su hermano? ¿Es un trabajo por cuenta propia… o alguien lo contrató?
—Esto es muy extraño —agregó Tom—. Vayamos a interrogar al señor Stevens.
Tenían muchas preguntas. Tom, en ese momento, decidió volver a entrevistar al mejor amigo de Patterson, ya que no tenía familiares con vida.
Tal vez él sepa algo de su hermano. Y si es así… ¿por qué no lo mencionó?
Mientras pensaba en ello, Han le dijo a Tom:
—Tom, si el señor Stevens sabe algo sobre el hermano gemelo…
Tom asintió con la cabeza, demostrando que ambos estaban pensando lo mismo. La compatibilidad que tenían en la forma de investigar lo tenía a Tom asombrado e intrigado. Era la primera vez que tenía un compañero que coincidiera tantas veces con sus pensamientos.