7 El asesino #2
No le importaba en absoluto lo que Han quería ni lo que hacía. Jamás le preguntaba cómo se sentía o qué deseaba. Podían pasar semanas sin verse, y el último tiempo apenas respondía sus mensajes.
Han siempre supuso que se debía a su apretada agenda. Pero después de aquel día en que Roth fue a su departamento por primera vez en mucho tiempo —solo para romper con él—, entendió que había cosas que no estaban bien.
Nunca vio las señales… o quizás, simplemente, no quiso verlas.
Sentado en el asiento del acompañante, Han dejó escapar una maldición, frunció el ceño y se tomó la cabeza con ambas manos.
—Maldita sea… ¿cómo pude estar tan ciego?
Se sentía completamente estúpido y patético. No podía creer que hubiera aceptado esa relación nociva con tanta tranquilidad, como si fuera normal.
¿Cómo no me di cuenta? , se recriminaba una y otra vez.
Al observar el estado en el que se encontraba Han, Tom intentó consolarlo. No le gustaba verlo abatido ni culpándose por una relación fallida.
—Han, tranquilo. Cuando uno está enamorado no ve lo que otros ven. No vemos los defectos de la otra persona ni cómo nos tratan, porque para nosotros son personas muy importantes. Y no creemos posible que puedan hacernos daño. No seas tan duro contigo mismo.
Junto con esas palabras, Tom acarició su cabeza con suavidad, intentando tranquilizarlo. Sabía que no podía hacer mucho. Era un proceso. Una realidad oscura que estaba sacudiendo el mundo en el que Han había vivido hasta ahora.
No quedaba más que estar ahí, para apoyarlo y escucharlo si necesitaba hablar. Quería que confiara en él. Quería ser su apoyo.
Maldito bastardo… , pensó Tom. ¿Cómo puede ser tan frío con él después de diez años juntos? No podía comprender la actitud del doctor en lo más mínimo.
—Vamos, tenemos que descubrir quién es ese maldito que usurpó la identidad del detective Patterson. Seguro en la estación podremos conseguir sus huellas dactilares.
—¿Qué?
Ante las palabras de Tom, Han preguntó con sorpresa, volviendo a la realidad de la investigación y dejando atrás la pena que lo invadía.
—¿Lo has olvidado? Él estuvo a cargo de la evidencia.
Han dejó escapar un largo suspiro y asintió con la cabeza.
De camino a la estación de policía, Han no dejaba de pensar en cómo su ex pareja podría estar involucrado en el homicidio del detective Patterson. La idea lo perturbaba.
¿Hasta dónde llegaba la implicación del doctor Roth? ¿Qué sabía realmente?
Mientras Han pensaba en esa dirección, Tom reflexionaba sobre su propia conexión con Han. ¿Había algo en su pasado que los unía antes de este caso? ¿Cómo se relacionaba todo esto con Lukyan? Las intrigas eran muchas. Las respuestas, muy pocas.
Una vez que llegaron a la estación, se dirigieron al escritorio del detective Patterson, en busca de algún objeto que pudiera servir para obtener huellas o una muestra de ADN.
Revisando meticulosamente, Han logró encontrar un cabello entre los archivos, mientras que Tom examinó los sobres donde se había recolectado la evidencia del homicidio, logrando identificar dos huellas dactilares.
Con extremo cuidado, enviaron las muestras al laboratorio forense para su procesamiento. Ahora solo quedaba esperar los resultados, si es que su información estaba cargada en el sistema.
Habiendo terminado su trabajo por el día, Han decidió salir a practicar su deporte favorito para despejar su cabeza. Le informó a Tom que saldría a entrenar. Tom, que quería revisar unos documentos en la estación, le preguntó si luego pasaría por su casa para hablar del caso.
Han le respondió que aún no había decidido donde entrenar, pero que lo llamaría si estaba por la zona. Luego se despidió y se dirigió a su departamento.
Llegó a su domicilio tras un día realmente agitado.
Estacionó el auto en el garaje y subió los cinco pisos por las escaleras, perdido en sus pensamientos sobre todo lo ocurrido.
Estaba tan absorto que no notó cuando llegó a la puerta de su departamento.
Ingresó, se quitó el traje y se vistió con la indumentaria de ciclista.
Colocó su celular en el bolsillo trasero del Jersey y salió con su bicicleta.
Como el clima acompañaba, Han se dirigió al sendero donde había encontrado el cadáver del detective Patterson. Hacía mucho tiempo que no pasaba por allí; para ser precisos, desde que se descubrió el cuerpo.
Una vez que llegó a Sierra Azul, comenzó a disfrutar del ejercicio. La brisa atravesaba su cuerpo y lo refrescaba. Eran más de las seis de la tarde, pero el calor seguía siendo intenso.
En un intento por despejar la mente, se propuso romper su propio récord de tiempo de ascenso por el sendero.
Mientras subía por el camino de ripio, concentrado en su ritmo, oyó a lo lejos el sonido de una moto que se acercaba poco a poco por detrás. Pensó que se trataba de alguien practicando enduro, como había visto muchas veces, así que le restó importancia y siguió con su entrenamiento sin mirar atrás.
Parado sobre los pedales, con su cuerpo inclinado ligeramente hacia adelante, mantenía un armónico balance de ascenso. Con excelente cadencia y resistencia, seguía concentrado en llegar a la cima.
En un momento determinado, la moto que subía rápidamente detrás de él disminuyó la velocidad y se colocó a la par.
Como era algo inesperado, Han giró la cabeza y miró al motociclista.
Llevaba un casco con la visera cerrada, por lo que no pudo ver su rostro.
En ese instante, el hombre sacó un arma de su abrigo.
Han, sorprendido y con solo unos segundos para reaccionar, se arrojó hacia un lado del camino con la bicicleta justo en el preciso momento en que el sujeto disparó.
Bang. Bang.
En cuanto cayó, el motociclista huyó a toda velocidad, volviendo por donde había llegado.
Han no estaba seguro si lo hizo porque pensó que lo había herido, si se había asustado… o si simplemente fue una advertencia.
Después de permanecer unos minutos tirado en el suelo, con la mente en blanco, Han intentó incorporarse.
Fue entonces cuando…
—¡¡Ugh!!¡¡Aaaah… mierda!!
Se dio cuenta de que estaba herido. La bala que disparó el motociclista había rebotado en el suelo y se había incrustado en su pierna izquierda. Debido a la adrenalina del momento, no lo había notado antes.
No podía caminar por el intenso dolor. Pensó en subirse a la bicicleta y dejarse caer por el sendero, pero esta estaba dañada. No tuvo más opción que pedir ayuda.
Por un momento dudó entre llamar a una ambulancia o algún compañero de la estación.
¿A quién? ¿A Delfi? ¿O a Tom?
Después de pensarlo bien, sabía que se demorarían en encontrarlo, y Delfi estaba lejos. Como estaba anocheciendo, la mejor opción era llamar a Tom, que ya conocía el lugar. Él conocía el sendero y, con un par de instrucciones podría encontrarlo rápidamente.
Una vez que Han decidió qué hacer, tomó el celular del bolsillo trasero del Jersey y lo llamó.
Ring. Ring. Ring.
¿Por qué no contesta? , pensó Han, cada vez más preocupado.
Ante la falta de respuesta, consideró moverse por sus propios medios.
—Si Tom no contesta, me arrastraré cuesta abajo.
Decidió volver a marcar.
Ring. Ring. Ring.
Justo cuando estaba por cortar, escuchó la voz al otro lado de la línea.
—Habla el detective Smith… ¿Han?
Han soltó un suspiro de alivio.
—Aaah. Tom… necesito que me recojas y me lleves al hospital.
—¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué sucedió?
Sin dar más detalles, Han le indicó con precisión dónde se encontraba.
—Tom, ¿recuerdas el camino en donde encontramos el cadáver de Patterson, en Sierra Azul? Estoy aproximadamente a unos metros más arriba de ese punto, siguiendo por el sendero hacia la derecha.
Estoy herido… no puedo volver por mis propios medios.
—¿Te caíste? ¿Te rompiste algún hueso? ¿Estás…?
Interrumpiendo las preguntas de Tom, Han agregó con urgencia:
—Tom, me dispararon. Estoy bien. Salté a tiempo, pero la bala se alojó en mi pierna. Dudé en llamar a otra persona, porque creo que tienes razón: esto está relacionado con nosotros de alguna manera.
Tal vez debemos hablar con los capitanes. ¡Ugh!
—¿Han? ¿Qué pasa? ¿Estás bien? Espera, estoy en camino. También voy a llamar al capitán Martínez. Parece que nos estamos acercando a algo… si no, ¿por qué atentaron contra tu vida?
—Tom, ten cuidado. Ese tipo nos puede estar tendiendo una trampa para matarnos a los dos juntos.
Aaah… esto está muy enredado.
—Han, tranquilo. Estaré ahí enseguida.
Terminando la llamada con Han, Tom activo el manos libres mientras conducía hacia el lugar indicado. Llamó a su capitán para informarle la situación.
Después de relatar lo sucedido, el capitán ordenó una investigación inmediata sobre el intento de homicidio del Detective Han Michaels.
Envió a dos detectives al lugar para que se reunieran con ellos y le tomaran la declaración a Han mientras los recuerdos del momento aún estaban frescos.
Cuando Tom llegó al sendero, subió con el auto lo más que pudo. Luego estacionó y comenzó a correr. Se encontraba en un estado difícil de describir. Desde el momento en que Han lo llamó y le dijo que le habían disparado, su corazón latía como si estuviera en una maratón.
Miles de escenarios se proyectaban en su mente. Tenía miedo. Tenía miedo de perderlo.
Corría sendero arriba como un caballo desenfrenado. En un momento se resbaló, pero logró mantener el equilibrio. La noche había caído y no lograba verlo.
Comenzó a gritar su nombre:
—¡Detective Michaels!
— …
—¿Han?¡¡¡Haaaan!!!
Después de varios intentos infructuosos, finalmente Han respondió:
—¡Estoy aquí!
Su voz venía frente a él, a su izquierda, y se escuchaba apagada, sin fuerzas. Tom corrió en esa dirección, intentando no tropezar con los obstáculos naturales del lugar.
Unos cuantos metros más adelante, Han estaba recostado a un lado. Tom se acercó rápidamente y revisó su estado. Tenía una herida de bala en la pierna, junto con varios golpes y raspones, probablemente por haberse arrojado de la bicicleta en una zona con mucha piedra suelta.
—Han, ¿estás bien?
—Estoy bien… solo no puedo pararme.