En la oscuridad: Medusa 7 El asesino
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7 El asesino

Una vez que llegaron al domicilio del primer testigo para interrogarlo por segunda vez, se dirigieron en silencio hacia la puerta de entrada.

Como habían acordado previamente, Tom lideraría las preguntas, mientras Han se encargaría de observar los gestos y reacciones del testigo. Ese plan lo habían definido cuando Han regresó al auto, luego de cambiarse de ropa en su departamento.

Al llamar a la puerta, el señor Stevens los recibió con rostro preocupado. Los invitó a pasar y los guio hacia lo que parecía su oficina. Con un gesto de la mano, les indicó que tomaran asiento. Luego, les ofreció algo de beber, pero ambos se negaron.

Una vez que Stevens tomó asiento, Tom comenzó con las preguntas:

—Señor Stevens, ¿me podría decir cuándo fue la última vez que vio al detective Patterson?

Han, sentado al lado de Tom, observaba atentamente el lenguaje corporal del señor Stevens.

—Bueno… mmm... creo que fue hace tres semanas. Fuimos a beber algo. Pero hablé con él por teléfono hasta tres días antes de su muerte.

Respondió con sinceridad, sin saber que su amigo había fallecido mucho antes de lo que creía.

—¿Le puedo preguntar de qué hablaron?

—Bueno, se lo notaba preocupado por algo, pero no era de hablar de esas cosas por teléfono. Me pidió que lo viera en el bar donde siempre nos reuníamos. Pero como tenía un viaje de negocios, no pude asistir a la cita.

—¿Notó algo sospechoso o raro, más allá de notarlo preocupado?

—No, estaba como siempre. Ya lo conoce… siempre haciendo bromas y con una sonrisa.

Al ver que el mejor amigo del detective Patterson no sabía nada, ni lo había visto realmente en las últimas semanas, Tom decidió terminar con las preguntas.

—Por favor, si recuerda algo más que pueda ayudarnos con la investigación, llámenos. Le dejo mi tarjeta.

—Sí, lo haré. Gracias, detective Smith.

Habiendo dicho esto, Tom y Han se retiraron con muchas más preguntas sin respuesta que cuando llegaron.

Al salir de la casa, mientras caminaban hacia el auto para dirigirse a su siguiente destino, Han se cuestionó internamente:

¿Cómo puede ser que la persona que usurpó la identidad del detective Patterson, lo haya hecho tan bien, que logró engañar a su amigo más cercano?

De repente escuchó a Tom llamarlo:

— ¿...an… Han?

—Sí.

—Han, ¿cómo puede ser que la persona que usurpó su identidad, lo haya hecho de manera tan convincente, que hasta logró engañar a su amigo de toda la vida?

—Estaba pensando exactamente lo mismo. Debe haber mantenido cautivo al detective Patterson, después de observar cómo interactuaba con los demás.

Tal vez incluso lo obligó a hablar por teléfono un par de veces, para estudiar su tono, sus gestos, sus frases…

Así pudo engañar al señor Stevens. Dijo que no lo veía hacía tres semanas.

El tiempo coincide. Eso ahora apunta directamente al doctor Roth.

—El doctor Roth nos espera en su consultorio dentro de una hora.

—Bien, tenemos tiempo. Vayamos al hospital y esperamos allí.

Durante el trayecto, mientras Tom manejaba, el silencio reinaba en la cabina del auto. Ninguno hablaba; cada uno estaba inmerso en sus pensamientos.

Una vez que Tom estacionó en el hospital, fue el primero en romper el silencio.

—Han, ¿estás seguro de que estás bien con esto?

Estaba realmente preocupado por él. Han le había demostrado ser una persona sensible y alguien que se dejaba llevar mucho por sus emociones. Si realmente el doctor Roth estaba implicado de alguna manera, eso podría afectarlo profundamente.

—Sí. No te preocupes. Soy un profesional, después de todo.

—Lo sé, pero no deja de ser alguien que fue muy importante para ti. Me alegra que te sientas lo suficientemente bien como para que no afecte tu desempeño. Necesito que veas si nos miente. Como lo conoces mejor que nadie, eres el único que puede hacerlo.

Han solo asintió con la cabeza y comenzó a caminar hacia la entrada.

Cuando llegaron al consultorio del doctor Roth, fueron recibidos con café. Después de servirles y señalarles que tomaran asiento, el doctor se acomodó frente a ellos. Como en ocasiones anteriores, Tom fue quien inició las preguntas.

—Doctor Roth, ¿puede decirnos si el detective Patterson estaba actuando de manera extraña?

Al escuchar la pregunta, el doctor Roth entrecerró los ojos, como si dudara en responder. Han, atento a su lenguaje corporal, no perdió ese detalle. Habían pasado mucho tiempo juntos; no había forma que Roth pudiera ocultarle algo… al menos no cara a cara.

—No, estaba como siempre. Tal vez un poco cansado y preocupado.

—¿No le preguntó por qué estaba preocupado?

—Como bien saben, detectives… ustedes no son de hablar de esas cosas.

Ante la respuesta evasiva del doctor Roth, Han frunció el ceño y mostró una expresión de dolor contenida, pero no dijo nada. Se limitó a seguir observando sus gestos con atención. Tom, que había notado el cambio en el rostro Han, continuó con las preguntas que tenía preparadas.

—¿Cuántas horas al día compartían juntos?

—No le veo relevancia a esta pregunta. ¿Qué tiene que ver con el homicidio de mi pareja?

Volvió a responder con evasivas. Tom insistió sin perder la calma:

—Por favor, doctor, responda la pregunta.

—Bueno… debido a mi agenda ocupada en el hospital, compartimos las tardes y las noches, casi todos los días de la semana.

—Además de notarlo cansado y preocupado, ¿tiene alguna idea de que lo podría haber estado molestando?

—La verdad es que no le pregunté.

En ese momento fue Han quién intervino. Con el ceño fruncido, dejó claro que no creía lo que estaba escuchando. Conocía demasiado bien al doctor Roth como para aceptar esa respuesta sin cuestionarla.

—¿Está seguro de que no le preguntó el motivo de su preocupación?

Por unos segundos, el doctor Roth dudó. Se mostró sorprendido por la interrupción de Han. Luego de un breve silencio, respondió:

—Sí. No le pregunté. Si le digo que no lo hice, es que no lo hice —respondió en tono duro y luego continuó—. Sé muy bien cómo reaccionan los detectives ante cuestionamientos.

Una vez más, sus palabras fueron como un golpe. Han volvió a fruncir el ceño, con una expresión de agravio evidente. No había sido una agresión física, pero a juzgar por su rostro, Tom pensó que lo habían apuñalado.

Al ver esta reacción, Tom intervino con firmeza:

—Doctor Roth, me cuesta mucho creer que una pareja que acaba de formalizar, y que lleva poco tiempo viviendo junta, no se interese por saber qué le aqueja a la otra parte.

Lo que usted dice sería creíble si se tratara de una relación de muchos años, donde la rutina y el desgaste natural del tiempo pueden generar cierta distancia.

Pero en su caso, podría decirse que usted y el detective Patterson estaban en su luna de miel.

Le habló en tono profesional, mordiéndose la lengua para no decir lo que realmente pensaba:  qué debido a la rutina o el paso del tiempo, le había sido infiel a Han.

Para Tom eso no era un justificativo. Si alguien quiere vivir una vida libertina, no debería tener a nadie a su lado.

Siempre hay alguien que sale herido. Para él, era fundamental no dañar a otra persona.

Por eso, su única relación que duró más de una noche fue con Alex, y desde el principio había dejado claro que eran compañeros sexuales, no una pareja.

Tuvo que hacer un gran esfuerzo para contenerse y no defender a Han. No podía permitir que sus sentimientos interfirieran en su trabajo.

Justo cuando estaba por hacer otra pregunta, el doctor Roth habló:

—Entiendo que no me crean… pero no le pregunté.

Repitió la frase con la misma firmeza.

Ante la negativa a responder con honestidad, Tom decidió no insistir.

—Le pido disculpas por haberle robado su tiempo. Le dejo mi tarjeta. Si recuerda algo más, por favor llámenos.

Se pusieron de pie y salieron del consultorio. Mientras caminaban hacia el estacionamiento, Tom rompió el silencio y le preguntó:

—Han, ¿piensas que…?

Sin dejarlo terminar, y sabiendo lo que le estaba por preguntar, Han respondió con certeza:

—Sí. Nos está mintiendo. Eso es evidente.

—Lo supuse por tu reacción al preguntarle. Pero… ¿lo hizo porque tiene miedo? ¿Lo tendrán amenazado? O tal vez…

—Aaah.

Han dejó escapar un largo suspiro, cargado de frustración y decepción. Luego continuó, con la voz más baja, casi como hablándose a sí mismo:

—No. Lamento decir esto, pero… creo que está involucrado en su homicidio de algún modo. O, al menos, sabía que el detective Patterson que estaba en su casa no era su pareja. No lo puedo creer. Esta no es la persona que conozco desde hace años. ¿Cómo pudo haber cambiado tanto en tan poco tiempo?

Al terminar la frase, golpeó el techo del auto con la palma de la mano. Tom, que lo observaba hablar consigo mismo, no pudo contenerse. Se acercó, le puso una mano en el hombro y, con voz suave y amistosa, le dijo:

—Han, no creo que el doctor Roth haya cambiado de la noche a la mañana.

Debe haber ocultado su verdadera piel durante un tiempo, pero estoy seguro de que poco a poco te fue mostrando su esencia.

Sobre todo, por todo el tiempo que estuvo contigo…

no es posible que lo haya podido ocultar por tanto tiempo.

Ante las sensatas palabras de Tom, Han se quedó en silencio.

Luego se subió al auto sin decir nada. Una vez dentro, mientras el motor permanecía apagado, Han comenzó a recordar cómo había sido su relación con el doctor Roth.

Cómo empezó todo en la secundaria, cómo fueron esos diez años juntos.

Al pensarlo con más claridad, se dio cuenta de que solo los dos primeros años como pareja podrían considerarse una relación recíproca.

Después, todo se fue torciendo lentamente. La relación se convirtió en una rutina centrada exclusivamente en los deseos de Roth, mientras Han recibía cada vez más desinterés.

Ya no salían a cenar. Roth nunca iba a su departamento. Cuando quería sexo, lo llamaba a su casa y, después del acto, le pedía que se retirara porque tenía que madrugar para ir al hospital.