5 DIMA #7
Era imposible para Han hablar entre jadeos y gemidos.
Mientras la cadera de Tom se movía frenéticamente, podía sentir como los testículos golpeaban repetidamente sus nalgas.
Han comenzó a estremecerse nuevamente. Tom sabía que llegaría al clímax en cualquier momento.
Han tenía la mente en blanco las sensaciones que lo sacudían eran tan abrumadoras que sentía que se le derretía el cerebro.
Pensó qué si seguían así, perdería la razón.
Pero no podía evitar que el estímulo fuera tan placentero.
Estaba siendo arrastrado por un mar de sensaciones, su cuerpo se había convertido en una gran zona erógena.
—Aaah… aaah…Tom... sí… así.
—Aaah… Han… Me vuelves loco.
Mirándose a los ojos, repitiendo el nombre del otro, ambos llegaron alclímax juntos. Han abrazó con fuerza a Tom, apoyando la frente en su hombro mientras exhalaba un aliento cálido, cargado de emoción.
Permanecieron en esa posición, envueltos en silencio, hasta que el resplandor de la eyaculación comenzó a disiparse.
Tom lo besó en la mejilla con ternura, y luego fue retirando su pene lentamente y con cuidado. Los muslos de Han temblaron levemente, su cuerpo aún estaba sensible y entumecido por la intensidad vivida. Han sentía que algo dentro de él había cambiado.
Tom lo abrazó, y esta vez, el beso que le dio fue tan profundo como el primero, pero ahora tenía otro peso: el de algo que quizás comenzaba a florecer.
***
Al día siguiente, Han despertó solo en la cama. Parpadeó, incapaz de creer lo que había hecho la noche anterior. Se levantó con un suspiro y comenzó a vestirse.
Uff… creo que bebí demasiado anoche .
Usó el mismo traje que había llevado el día anterior, pues no había pasado por su departamento para recoger una muda nueva de ropa.
Su intención era conducir inmediatamente a su domicilio, cambiarse adecuadamente y comenzar su jornada laboral lo antes posible, tratando de olvidar sus impulsos nocturnos que ahora lo avergonzaban.
Salió de la habitación y se dirigió a la cocina, donde Tom estaba preparando el desayuno. Al tenerlo frente a sus ojos, se quedó inmóvil por unos segundos, recordando cómo la noche anterior se había dejado llevar por sus deseos.
En ese momento, Tom lo vio y lo saludó con naturalidad:
—Buenos días, Han.
Han se sintió sofocado por los recuerdos que lo invadían. No se atrevió a mirarlo a la cara.
Afortunadamente para él, Tom actuaba con total normalidad, como si nada hubiera pasado. Eso lo alivió.
—Buenos días —respondió con voz baja.
—¿Quieres café o bebes algo más para el desayuno?
—El café está bien, gracias.
Después de servirlo, Tom notó en Han un atisbo de incomodidad. Desde que había entrado en la cocina, no había hecho contacto visual con él en ningún momento. Decidió entonces cambiar el ambiente pesado y comenzó a hablar sobre lo que había descubierto en los interrogatorios del día anterior.
—Ayer hablé con el señor Stevens. Parecía estar ocultando algo.
Respondió todas las preguntas sin vacilar, pero había algo raro…
estaba visiblemente nervioso. Lo mismo ocurrió con el doctor Roth.
Tal vez sea una petición difícil, pero me gustaría que me acompañes a entrevistarlos nuevamente.
Como lo conoces desde hace tiempo, quizás puedas notar qué es lo que nos están ocultando.
Han no respondió. Solo frunció el ceño, pensativo. Tom notó su reacción y se retractó:
—Si consideras que es demasiado para ti, olvida lo que dije.
—No… no es eso. El forense…
—¿Qué descubrió?
—El detective Patterson llevaba tiempo fallecido. El cuerpo tenía indicios de haber sido congelado…
Tom, notablemente sorprendido, gritó:
—¡¿QUÉ?!
—También tuve esa reacción con el forense cuando me lo dijo. Acá está la autopsia y todos los estudios. Traje una copia. Eso significa…
—Que hubo alguien en la estación haciéndose pasar por el detective Patterson. No solo el día en que apareció el cuerpo.
Si restamos la última semana —cuando se identificó el cadáver y que el forense tomó la última muestra antes de entregarlo a la familia— fueron dos semanas.
Dos semanas en las que un impostor estuvo trabajando con nosotros en la estación.
Mmm...
—¿Qué piensas?
—Tuvo que haber sido alguien con un parecido excepcional, pero …
—Lo investigué. No tiene hermanos ni parientes vivos.
—Entonces debe haber otra explicación. Tenemos que llegar al fondo de esto. ¿Por qué se infiltró en la estación y se hizo pasar por Patterson? ¿Por qué lo mató y esperó para dejar el cuerpo? ¿Qué hizo en ese tiempo? ¿Por qué no lo siguió suplantando?
Y… ¿cómo es que su pareja no notó la diferencia?
—Hay muchas preguntas que necesitan respuestas. Este asunto me está volviendo loco. ¿Por dónde quieres comenzar?
Tom miró fijamente a Han y, con convicción, respondió:
—Volvamos a entrevistar al doctor Roth y al señor Stevens.
—De acuerdo.
—No debemos bajar la guardia. Este asunto es mucho más complejo de lo que parece.
Con esas últimas palabras de Tom, ambos se quedaron en silencio, perdidos en sus respectivos pensamientos mientras desayunaban.
Cada uno tenía sus propias teorías, pero compartirlas en ese momento podría influir la objetividad del otro al revisar la evidencia.
Por eso, decidieron mantener sus hipótesis en reserva… al menos por ahora.
Luego del desayuno Han, le informó a Tom que se retiraría para pasar antes por su departamento, cambiarse de ropa y luego reunirse con él en la estación de policía y luego acompañarlo en el interrogatorio a los testigos.
Justo cuando estaba por salir de la casa de Tom, una llamada lo detuvo. Sacó el celular del bolsillo de la chaqueta del traje y miró al remitente en la pantalla.
Tiri… tiri…
Detective López.