En la oscuridad: Medusa 5 DIMA #6
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5 DIMA #6

Dejándose llevar por primera vez en mucho tiempo, Han rodeó el cuello de Tom y lo besó.

Tom respondió con ternura, profundizando el contacto, sus manos exploraban los pezones de Han con delicadeza. Cada caricia provocaba en Han gemidos suaves e involuntarios.

Después de unos momentos, Tom cortó el beso y comenzó a descender lentamente, recorriendo todo el cuerpo de Han con la lengua.

La mente de Han se nubló. Las sensaciones eran tan intensas que no podía pensar con claridad.

Por donde pasaba la lengua de Tom, su piel se encendía.

Sentía que una corriente eléctrica lo atravesaba, su cuerpo parecía despertar después de años de letargo.

Avergonzado por los gemidos que escapaban de su boca, Han levantó la mano y se la cubrió. Tom al notar su reacción, extendió lasuya con suavidad, la colocó sobre la de Han y la apartó. Luego le susurró al oído:

— No te escondas. Quiero escucharte. Quiero saber que lo disfrutas.

— Pero…

Con un tono igual de suave, Tom le preguntó:

— ¿Te gustaría que continúe?

Han se quedó en silencio, avergonzado por toda la situación. No estaba acostumbrado a que le preguntaran.

Su expareja, el doctor Roth, simplemente lo tomaba cuando quería.

Las relaciones sexuales se habían vuelto mecánicas, centradas únicamente en satisfacer el deseo de Roth, prácticamente había dejado de acariciar el cuerpo de Han hacía mucho tiempo.

Haciendo que Han olvidara que él también merecía disfrutar.

Recordaba con claridad que, en los últimos meses…

en realidad, en los últimos años, casi no sentía placer.

Solo dolor.  A veces era tan insoportable que llegaba a desmayarse por la rudeza con la que Roth lo trataba.

La mayoría de las veces ni siquiera lograba eyacular.

No sabía en qué momento su relación se había vuelto así… pero lo había hecho.

Ahora que lo notaba, hacía mucho tiempo que su vínculo con el doctor Roth tenía fecha de caducidad .

Por qué no me di cuenta? Una relación así no es normal. Fui un idiota , pensó Han con una mezcla de tristeza y enojo hacia sí mismo.

Tom vio que Han estaba perdido en sus pensamientos, así que decidió devolverlo al presente con una caricia suave. Descendió lentamente, dejando que su lengua recorriera el bajo vientre de Han, provocando un estremecimiento involuntario.

Han cerró los ojos, dejándose llevar por el creciente placer. Y, en ese preciso instante sin previo aviso, Tom se llevó el pene a su boca.

Han, se retorció al sentir la humedad y el calor de la lengua en su pene y liberó gotas espesas, demostrandole a Tom que estaba disfrutando de la sensación.

Hacía tiempo que Han no sentía tal placer y se dejó llevar por él como olas que lo arrastraban suavemente y lo hacían reencontrarse con su cuerpo. Se prometió a sí mismo que disfrutaría de ese momento sin arrepentimientos... aunque sabía que mañana, tal vez, lo invadiría la culpa.

Tom lo observaba con atención, reconociendo cada gesto.

Con delicadeza, llevó sus dedos a la boca de Han, quién los recibió entre gemidos.

Podía sentir como sus dedos se llenaban de saliva espesa.

Lentamente retiró la mano de su boca, bajó hasta el perinero y comenzó a acariciar su zona erógena para comenzar la dilatación.

Mientras con la boca succionaba con fuerza el pene haciendo sonidos lascivos, que mantenían a Han absorto en las sensaciones y con la cabeza en blanco.

La intimidad del gesto, la conexión entre ambos, lo hizo sentir deseado y cuidado.

Tom continuó guiando el momento con paciencia, manteniendolo perdido en las sensaciones, en un estado de entrega que hacía mucho no experimentaba.

Era algo más que solo deseo. Algo que Han no sabía que necesitaba… hasta ahora.

En determinado momento, los dedos de Tom, que habían estado explorando con delicadeza la pequeña entrada, se introdujeron con suavidad. Han arqueó la espalda, soltando un gemido que mezclaba sorpresa, placer y una pizca de dolor.

Tom continuó con movimientos lentos, atentos, como si buscara algo más. Y lo encontró.

Han dejó escapar unas palabras inaudibles, mientras su cuerpo reaccionaba con intensidad. Parecía que algo que estuvo dormido en su interior se hubiera despertado de repente. Tom lo sostuvo con ternura, guiándolo hacia ese momento de liberación que Han había olvidado que podía sentir.

Tom presionó ese lugar especial una y otra vez, hasta que un gran gemido de placer escapó de la boca de Han, junto con una espesa eyaculación.

Cuando todo terminó, Han se quedó inmóvil, tratando de calmar su respiración, envuelto en una sensación cálida. Tom lo observó con satisfacción. El silencio entre ellos hablaba de entrega… y de algo más que apenas comenzaba a construirse.

Mientras Han aún disfrutaba del resplandor de la eyaculación, Tom se acercó con calma, acariciando sus piernas y mirándolo a los ojos.

Lentamente las separó y acercó lentamente la punta del glande a su entrada poco a poco introdujo su gran miembro. Han sintió como su cuerpo se estiraba para recibirlo, estaba entre una sensación de dolor y euforia que precedía al placer que había olvidado.

— Aah… ugh... det…

Tom al escuchar el cambio en su tono, se inclinó con cuidado y lo besó, buscando calmarlo. Al sentir la fragilidad de Han, y entendió que debía ir con más calma. Detuvo sus movimientos, esperando que Han se acostumbrara, y que pudiera relajarse. Para Tom, el sexo siempre ha sido un acto compartido.

Han estaba atónito. Era la primera vez que alguien se preocupaba por cómo se sentía.

Lo abrazó por el cuello, buscando refugio en ese gesto.

Tom respondió acariciando su espalda con ternura, parecía que sus manos podian borrar años de incomodidad.

Poco a poco, Han comenzó a relajarse. Tom lo percibió en su respiración, en la forma en que su cuerpo se entregaba sin resistencia.

Comenzó a moverse con suavidad, retomando el ritmo y atento a cada una de sus reacciones.

Lágrimas silenciosas se deslizaron por las mejillas de Han, no solo por la intensidad física, sino por la calidez y consideración de Tom.

El pene comenzó a abrirse paso a través del estrecho espacio, la pared interior se retorció. Un fuerte gemido escapó de sus labios. Y aunque le costaba respirar, y su cuerpo se estremecía, no quería que ese momento terminara.

Tom comenzó a lamerle la oreja con suavidad, el sonido húmedo y cercano provocó en Han una reacción inesperada.

Era tan obsceno y excitante, que, sin darse cuenta, movió las piernas y rodeó la cintura de Tom, acompañando sus movimientos con una entrega que lo sorprendía a sí mismo.

Cuanto más chirriante era el sonido del lamido del lóbulo de su oreja y más fuertes eran los gemidos de Tom, y más se excitaba Han.

— Aaah, aaah.

—Ummm. Aaah. Así te gusta, ¿verdad?

—Sí, sí.

Cada palabra susurrada, cada gemido compartido, intensificaba el momento.

Han se dejó llevar, dejando escapar con libertad sus gemidos y comenzó a mover su cuerpo acompañando los embistes de Tom.

Respondiendo con una intensidad que hacía mucho no experimentaba.

Su mente se nublo, sumida en una sensación de éxtasis.

—Estás apretando mucho. Aaaah… aaah. Me estás volviendo loco.

—Aaah.

El pene se frotaba lentamente contra la próstata. Tom atento a cada reacción, acarició su espalda con ternura, y luego bajó la mano hasta su abdomen, sintiendo el ritmo compartido de sus cuerpos.

—Tom, aaah.

Han lo llamó por su nombre por primera vez, entre suspiros, como si necesitara aferrarse a él, en medio de esa oleada de sensaciones.

El pene siguió frotando la próstata, el dolor inicial se disipó, dando paso a la sensación de placer. Han sentía que se iba a volver loco por el placer que recorría su cuerpo.

Era una experiencia nueva. No solo por lo físico, sino por lo emocional. Por primera vez, se sentía completamente presente… completamente deseado.

—Si me aprietas el pene de esa manera…

Tom seguía susurrando en el oído de Han, sabía que ese gesto lo excitaba más.

Han completamente entregado, sentía como su cuerpo respondía. Su respiración se aceleró, y el calor se acumuló en su inferior.  Tom, levantó sus piernas con cuidado, y las colocó sobre sus hombros, haciendo que la penetración fuera más profunda.

Con movimientos lentos y precisos, Tomse retiró apenas, provocando un roce que hizo que Han contuviera el aliento.

—Aaah… sí… así… No te detengas.

Tom volvió a penetrarlo con fuerza, guiado por los gemidos de Han.

Mientras empujaba su gran pene hasta el final junto con un largo suspiro, una oleada de placer recorrió el cuerpo de Han, tan intensa que abrazó con fuerza la espalda de Tom, dejando escapar un gemido profundo, casi como un grito y eyaculó.

Parecía que su cuerpo se había liberado después de años de silencio.

Tom lo sostuvo con firmeza, sintiendo como el cuerpo de Han se estremecía en respuesta al intenso placer que le daba.

Y, en ese momento, él también se dejó llevar.

Influenciado por los leves estremecimientos que lo estimulan, alcanzó el clímax y eyaculó en lo más profundo del cuerpo de Han compartiendo el momento de placer.

—Aaah.

El silencio que siguió fue cálido. No había palabras, solo jadeos y respiraciones entrecortadas.

El cuerpo de Han se estremeció, y siguió apretando el pene de Tom.

Contrario de las expectativas de Han de que ahora el sexo terminaría, Tom no se detuvo y siguió el movimiento, como si no hubiera llegado al clímax.

Retiró el pene hasta casi salir por completo, y se movió como una bestia en celo penetrando profundamente. El movimiento de su cintura era tan fuerte que el sonido de los golpes, resonaban en la habitación, junto con el sonido de los jadeos.

Plaf, plaf, plaf.

Estaba tan mojado que el sonido era demasiado obsceno.

—Aaah, por Dios. Aaah, Han… ¿te gusta?

— Aaah… aaah… me, aaah, gus…