5 DIMA #4
Después de unos minutos, comencé a interactuar con los objetos que habían dispuesto en la mesa, siguiendo las instrucciones que me habían enseñado. Los utilicé en la joven que estaba allí, mientras los tres hombres en el sillón observaban en silencio.
En un momento, mientras cumplía con lo que me habían pedido, uno de los hombres —el más viejo— comenzó a tocarme. Recorrió mi espalda, bajó por mis muslos… y luego cruzó un límite que nadie había mencionado.
Thomas hizo una breve pausa y continuó:
—Metió sus dedos en mi interior —hizo una pausa breve y continuó—…
Reaccioné por instinto. Giré y le di un puñetazo en el rostro.
Él no lo esperaba, y yo tampoco. Nunca me dijeron que eso podría pasar.
Comenzó a gritar; parecía estar llamando a alguien fuera de la habitación.
Estaba muy mareado, confundido, y la droga no me ayudaba.
Sabía que había cometido el peor error… me avergüenza decir esto.
En ese momento, aparecieron dos hombres ante el llamado del viejo pervertido. Me inyectaron algo en el brazo, luego me sujetaron y me arrojaron boca abajo sobre el sillón…
Tom se quedó en silencio. Parecía estar reuniendo el coraje necesario para continuar.
Al notar sus dudas, Han le dijo con voz firme pero comprensiva que no necesitaba entrar en detalles. Pero Thomas lo miró con seriedad y respondió:
—Si no fuera importante, no lo diría. Tengo que hacerlo —respondió con seriedad.
—Tom, en verdad… no hace falta recordar eso.
Han insistió en tono compasivo. No quería que rememorara recuerdos tan dolorosos. Pero Tom continuó:
—Es necesario. Hay mucho que debes saber. Han, sólo te pido una cosa: no sientas lástima por mí. ¿Sí?
Ante esta última petición, Han lo miró con una mezcla de intriga y preocupación.
— …
—Promételo.
Le dijo, con una mirada seria. Han no podía creer que el joven detective que había conocido antes pudiera ser tan sensible, y menos aún que se preocupara por lo que él pudiera sentir. Así que, para tranquilizarlo, le respondió con sinceridad:
—Está bien, Tom. Te lo prometo.
Después de un largo suspiro, bajó la mirada y continuó:
—Bueno… Luego de la inyección que me dieron, apareció otro hombre para ocupar mi lugar con la mujer. El hombre enmascarado que me había tocado el trasero antes, tomó un dildo vibrador de la mesa, lo preparó llenándolo de lubricante y lo usó en mí.
No podía moverme. Mi cuerpo se sentía pesado, como si estuviera atrapado en una red. No sabía que me habían inyectado, pero claramente era algo diseñado para inhibir mis movimientos.
Sentía calor, mi cuerpo parecía flotar… pero, al mismo tiempo, se sentía pesado. Es difícil de describir.
Tom se detuvo por un momento. La vergüenza y el dolor eran evidentes en su rostro. Han lo observaba en silencio, conteniendo su propia indignación. Sabía que interrumpirlo ahora sería negarle el derecho de contar su historia, por más dura que fuera.
—Mientras me sometían con aquel objeto, el hombre enmascarado también comenzó a tocarme el pecho. Estaba furioso, pero mi cuerpo no respondía. Tenía ganas de quebrarle el cuello.
Ese viejo maldito me estaba violando, y la droga me impedía defenderme. Maldita sea… esta parte la odio más que ninguna.
Después de unos minutos, mi cuerpo reaccionó de forma involuntaria. Eyaculé. Fue sólo una respuesta fisiológica, no un acto de placer. No lo disfruté en absoluto, te lo aseguro.
Han, intentó ocultar su expresión, pero no lo logró. Tom sabía exactamente lo que estaba pensando.
Él también quería matar a ese hombre. No había forma de que no lo sintiera así, especialmente después de cómo había reaccionado al conocer los detalles de su primera vez.
—En determinado momento… no recuerdo bien cuánto tiempo había pasado. Una persona entró con platos de comida y cubiertos, los dejó sobre la mesa. Los dos hombres restantes solo observaban la escena, sin intervenir.
Cuando el hombre se colocó detrás de mí, supe de inmediato cuáles eran sus intenciones. Necesitaba hacer algo rápido.
En el momento que comenzó a introducirse en mí, busqué desesperadamente con la vista y vi el cuchillo en la mesa ratona frente al sillón.
No sé de dónde saqué fuerzas. Juro por Dios que no lo sé. Me estiré todo lo que pude y, sin dudarlo, ¡tomé el maldito cuchillo… y se lo clavé en el cuello!
La última frase la dijo con una mezcla de odio y satisfacción. Su mirada lo decía todo. Era una mirada que daba miedo. Por un momento, Han se estremeció. Pero comprendía su sentir. Él también hubiera actuado igual en su lugar.
—En ese momento pensé que estaba muerto —continuó Tom—. Pero, contrario a lo que imaginaba, uno de los hombres que había estado observando se echó a reír a carcajadas. Me quedé atónito. ¿Quién se reiría cuando matan a alguien que se supone es tu amigo?
Entre las carcajadas, mientras el hombre se desangraba, le dijo:
—Te dije que un día te iban a matar por pervertido. ¡Ja, ja, ja!
Luego, mirando al otro hombre que estaba a su lado, le reclamó:
—Me debes. Acabas de perder la apuesta. Ja, ja, ja.
—¡Medusa!
—Me debes —respondió el hombre a carcajadas.
Estaba atónito. El hombre que había estado buscando se encontraba frente a mí… y se estaba riendo porque acababa de asesinar a uno de sus amigos. No podía creer mi suerte. En ese momento pensé que ese tal Medusa estaba completamente loco.
Desde ese momento, Medusa comenzó a llamarme para participar en sus espectáculos privados, para satisfacer sus fetiches.
Así pasaron unos ocho meses, creo. Entre fiesta sexual y fiesta sexual, no volví a tener altercados como el que viví con aquel viejo pervertido.
Un día, Sergei y Boris me llamaron. Medusa tenía una propuesta para mí.
Ese día me dijo que el hombre que había matado —el viejo pervertido— era un fiscal reconocido. Y que, como él se había hecho cargo de la situación y me había protegido, si trabajaba para la organización, la deuda quedaría saldada.
Creo que me estuvo observando durante un tiempo antes de ofrecerme entrar formalmente a la organización.
Comencé desde abajo: haciendo recados, viviendo una vida libertina y promiscua.
Así conocí a Alex, el chico del bar, ¿lo recuerdas? No fue por trabajo. Me sentí atraído hacia él; teníamos casi la misma edad. Fue un amigo… y un amante.
A los dos años de estar dentro de la organización, ya veía el rostro de Medusa. Pero mi misión había cambiado: ahora debía recabar pruebas. A esa altura ya casi tenía veinte años.
Alex y yo compartimos departamento. Aunque no asistía a las fiestas sexuales, él sí.
Nos llevamos bien, pero no lo amaba. Éramos pareja sexual, nada más.
Después de una breve discusión con Alex, me reveló algo que me dejó helado: el hombre que había asesinado hacía años… se llamaba John Patterson.
Era el fiscal general.
Ante la revelación del apellido del fiscal, Han no pudo evitar endurecer su rostro. Se cubrió la boca con la mano . ¿No puede ser , pensó . Luego le preguntó a Tom:
—¿Estás diciendo que ese viejo pervertido… y el detective Patterson?
—Sí. Era su padre.
— …
—Mi reacción fue la misma en ese entonces. ¿Cómo pude haber matado al fiscal general y salir impune?
Lo primero que pensé era que podía haber sido planeado para quitarlo del medio. Que me usaron.
Pero… ¿por qué? ¿Y por quién? Eso no lo sé.
Lo que sí sé, es que no creo que sea casualidad que el detective Patterson haya sido asesinado ahora.
¿Quién usurpó su identidad? Tampoco lo sé.
Por eso es que te estoy contando esto. No creo que sea otra coincidencia. Estoy seguro de que también tiene que ver contigo.
Necesito que recuerdes tus casos de aquella época… porque ahí está la respuesta a lo que está pasando ahora.
La historia continúa, pero creo que con lo que te he contado hasta ahora, ya puedes tener una idea de con qué estaremos lidiando.
—Sí, es un tema complicado; seguramente sus ramificaciones lleguen más alto de lo que estoy pensando en este momento. Haber estado encubierto en una organización mafiosa, no es algo para tomar a la ligera. Pero… ¿por qué piensas que mis casos de esa época, están relacionados con el caso actual?
—Bueno, es solo una corazonada —respondió Tom sin explayarse, y luego agregó—:
—Han, hay una habitación libre. Descansa aquí esta noche. Mañana intercambiamos lo que hemos descubierto. Lamento haberte involucrado en esto… y haber dado la impresión errónea cuando nos conocimos.
Han, lejos de estar preocupado por la mala impresión que Tom le había dado al comienzo, estaba profundamente afectado por el terrible pasado y los abusos a los que había sido sometido.
No podía dimensionar cómo todo eso lo había marcado, y los años como agente encubierto…
no debieron haber sido nada fáciles para un adolescente.
—Tom, ¿realmente estás bien con esto? Lo que has pasado desde joven debe haberte dejado cicatrices. Seguramente has estado lidiando con muchas cosas solo.
Lamento lo del fiscal general… ese bastardo. Si lo hubiera sabido en ese momento…
Tom interrumpió a Han para llevarle tranquilidad.
—Está bien. Fue hace mucho tiempo. No me enorgullece lo que hice, pero lo maté. Así que no hay nada más que decir al respecto.
—Tom, perdona que siga con las preguntas, pero… ¿los que te reclutaron estaban al tanto de ese incidente? ¿Sabían que el fiscal general tenía amistad estrecha con la mafia? Es más, ¿sabían que era un pervertido, un violador?
—Sí, lo sabían. No se preocuparon mucho en ese momento… ¿Por qué?
Ante su respuesta, Han lo miró fijamente. No estaba seguro de por qué, pero una duda comenzó a crecer dentro de él como un tsunami.
—Mmm, Tom... ¿No crees que fueron ellos los que te usaron para matar al fiscal?
Tom se quedó en silencio por un momento. Se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en las piernas. Luego se agarró la barbilla y miró a Han.
—Si lo piensas, es lo más factible —le dijo Han con convicción.
—¿Estás diciendo que estuve jugando con el diablo … y con el diablo?
—Eres muy perspicaz, pero en ese momento eras muy joven. El fiscal seguramente estaba vinculado a policías corruptos.