5 DIMA #3
Lo primero que le llamó la atención después de ingresar, fue el orden.
Los pisos eran de madera y los muebles de roble.
En el living había una mesa ratona y un sillón en forma de L, donde Smith le indicó que tomara asiento.
Luego le ofreció algo de beber. Michaels respondió que un café y agua estaría bien.
Después de regresar al living con dos cafés y un vaso de agua, Smith tomó asiento a su lado y comenzó el relato:
—Bueno, Han… mi historia se remonta a varios años atrás, cuando estaba en la escuela secundaria. Trataré de ser lo más conciso posible y solo darte los detalles importantes.
—Está bien. Trataré de no interrumpir hasta que termines.
Smith sonrió, con culpa… o al menos eso es lo que percibió Michaels al verlo. Por primera vez sintió simpatía por su compañero de investigación. No sabía por qué, pero tenía el presentimiento de que lo que estaba por escuchar sería una historia muy compleja.
—Era un joven estudiante de secundaria, vivía en un orfanato. Mis padres murieron en un accidente cuando tenía dos años y… no tenía más parientes con vida.
Crecí de orfanato en orfanato. Aunque intentaron encontrarme una familia, era un niño muy difícil y problemático. Siempre me escapaba de las casas de mis padres adoptivos y, sobre todo, me rodeaba de malas compañías: ladrones, drogadictos, gánsteres.
Mis padres adoptivos se cansaban de esas situaciones y me regresaban al orfanato antes de que se completara el trámite de adopción.
Mi nombre era Dimitry Ivanovich Solokov.
Michaels, ahora que conocía su nombre de infancia, notó que Smith era ruso en todo sentido, si prestaba atención a su aspecto. Rápidamente comenzó a inferir hacia dónde se dirigía su historia.
—Así viví hasta los diecisiete años. Un día, a la salida de la escuela, se me acercó una persona y me dijo que quería hablar conmigo.
Por cómo se comportaba, supe de inmediato que era un policía…
o algo por el estilo. Pensé que estaba en problemas, porque seguía en contacto con personas peligrosas, y que me estaban arrestando.
Me llevó a una camioneta negra, en donde me vendaron los ojos. En ese momento, mi mente cambió de rumbo: pensé que eso era todo, que me iban a violar, matar… o quien sabe qué.
Pero nunca imaginé que terminaría como lo hizo.
Después de viajar con los ojos vendados por aproximadamente dos horas, me bajaron de la camioneta y me subieron a un avión. Estaba aterrorizado. Pensé que había hecho enojar a personas muy peligrosas. Tenía miedo.
Entonces, la voz de una mujer me tranquilizó. Me dijo que no me preocupara, que no era lo que pensaba, y que debía ser paciente… que pronto recibiría las respuestas que estaba buscando.
No había forma de que pudiera tranquilizarme en absoluto, y creo que nadie en mi lugar lo hubiera hecho. ¿Cómo alguien puede estar tranquilo cuando personas desconocidas, literalmente, te están secuestrando y llevando a Dios sabe dónde? Yo solo era un adolescente.
Después de un largo tiempo, sentí como el avión aterrizaba.
Me bajaron y subieron a lo que creo era otra camioneta, sin decirme una palabra.
En este punto, pensé que estaba muerto. No había forma de que aquello terminara bien…
o eso creí en ese momento. Estaba temblando de miedo. Literalmente… temblaba.
Condujeron hasta un lugar. Me tomaron del brazo y me llevaron a una oficina, en donde había un hombre esperándome.
Me quitaron la venda de los ojos. Al principio no podía enfocar por la intensidad de la luz. Parpadeé varias veces. Me llevó unos cuantos minutos acostumbrarme.
Cuando finalmente pude hacer foco, observé al hombre frente a mí. Aunque llevaba una máscara, su forma de hablarme me lo confirmó: era policía…o algo muy parecido.
Había estado muchas veces en estaciones de policía, así que sabía cómo se veían… y como hablaban.
Mientras escuchaba el relato de Smith, Michaels estaba atónito.
Ya intuía hacia dónde se dirigía aquella historia secreta, pero no podía creer que se manejaran de ese modo: secuestrando a un niño huérfano para su beneficio.
Estaba indignado. Negaba con la cabeza mientras escuchaba y apretaba los puños con evidente ira contenida hacia personas que ni siquiera conocía.
Smith continuó:
—Ese hombre me dijo que era un policía encubierto y que quería reclutarme. Que yo tenía mucho potencial y podría ayudarlos… si estaba interesado.
En ese momento pensé: ¿cómo podía ayudar a un policía encubierto?
La respuesta llegó rápidamente: era debido a mis contactos con mafiosos y dealers que tenía desde la primaria, y sobre todo a mi origen ruso. Me querían reclutar porque, con mis antecedentes, nadie sospecharía que yo era un miembro juvenil de la policía encubierta.
No lo podía creer. Por primera vez en mi vida, me querían por lo que hacía… no para dejarme solo. Estaba entusiasmado.
La cuestión fue que me infiltrarían en la organización de un mafioso ruso llamado “Medusa”. Su intención era que me acercara a él lo suficiente como para conocer su rostro y obtener pruebas sólidas que permitieran arrestarlo.
Por un momento dudé… pero terminaron convenciéndome.
Una vez que les dije que lo haría, la situación cambió por completo.
Me llevaron a una habitación en donde había una mujer. Esa mujer… mmm, no sé cómo decirlo… bueno… lo hicimos.
Ella me explicó cómo debía tener sexo con las mujeres para satisfacerlas. Hoy, si lo pienso en retrospectiva, estoy seguro de que era una profesional.
Esa fue mi primera experiencia. Estaba eufórico.
En ese momento, Han lo interrumpió. No podía creer lo que estaba escuchando. Prácticamente habían abusado de un niño. Estaba asqueado. Sin poder controlar sus emociones, espetó:
—¡Cómo pudieron… malditos bastardos!
Han se puso de pie con los puños cerrados; estaba realmente muy enfadado con la situación. Tom nunca se imaginó que Han tendría una reacción tan fuerte a ese recuerdo.
—Han, cálmate… Está bien.
Trató de calmarlo, pero conociendo como era su personalidad, sabía que no sería una tarea sencilla de lograr.
—¡No, eso no está bien! ¿Cómo puedes decir que está bien? Estás loco.
—Han… ¿Me dejas continuar?
Tom volvió a hablar con un tono de voz muy tranquilo. Han, conteniendo su ira, lo miró por un momento y luego, lentamente, volvió a tomar asiento en el sofá.
—Está bien, está bien. Continúa —dijo, suspirando y tratando de contenerse.
Le respondió, pero no estaba tranquilo en absoluto. Si tuviera a esos tipos frente a él, los mataría.
—Bueno… después de eso me llevaron a un hotel y me dejaron con tres mujeres, con quienes pasé la noche. Como adolescente, estaba eufórico, no te lo voy a negar.
Pero a la mañana siguiente comenzó el entrenamiento: armas de fuego, armas blancas, información sobre carteles y mafiosos. Me mostraban fotos, me hacían preguntas sobre lo que me habían contado.
Fue así durante un mes. De día entrenaba y aprendía; por las tardes, estaba con mujeres.
Después de seis meses de entrenamiento, llegó el momento de infiltrarme en la organización de Medusa.
Todo el entrenamiento… y sexo con mujeres… tenían un propósito. Medusa es voyerista, entre otras cosas.
La organización tenía quién le proporcionaba mujeres y hombres para su entretenimiento. Necesitaban a alguien joven que pudiera infiltrarse, ganarse su confianza… y llegar a conocer su rostro.
Ese día conocí a Boris Kuznetsov y Sergei Ivanov. Había tres chicas en una habitación privada. Me habían invitado a una orgía, y Medusa observaba todo desde el circuito cerrado. No podía fallar. Me habían enseñado exactamente lo que le gustaba ver… y cómo hacerlo sin lastimar a las mujeres.
Han se agarró la cabeza, intentando no interrumpir la narración de Thomas. Estaba asqueado. Sabía muy bien qué tipo de perversiones disfrutaban esos hombres, y lo peor era que estaban usando a un niño. Un niño.
Los quería matar. No tanto a los mafiosos… sino a los hijos de puta que sumergen a un menor en ese mundo.
Thomas continuó con tono neutro, como si ya hubiera contado esta historia muchas veces.
Explicó que Boris y Sergei no participaron directamente: solo dejaron los instrumentos y se retiraron. Fueron otros dos jóvenes quienes se unieron a la fiesta sexual.
—Después de ese día, fui invitado a una fiesta privada donde todos llevaban máscaras. Creo que Medusa quería verme en persona. No lo sabía con certeza, pero lo sospechaba.
Era como una fiesta de máscaras normal… hasta que, en el medio de la celebración, mataron a un hombre de un tiro en la cabeza delante de todos los invitados.
Recuerdo que quise salir corriendo del lugar. Tenía muchísimo miedo de que me descubrieran… y me mataran como a ese hombre.
Los demás invitados parecían estar acostumbrados. Nadie dijo nada, más allá de los gritos iniciales por la sorpresa. Era como estar en una película. Nunca pensé que vería algo así… pero así fue.
Después, Sergei me guio a una habitación donde había tres hombres bebiendo whisky.
Yo estaba temblando, pálido, sin fuerza en las piernas.
La habitación tenía un sillón de un lado, una mesa ratona rectangular grande en el centro y otro sillón del lado opuesto, donde estaban sentados aquellos hombres.
En ese momento apareció una mujer. Me pidieron que lo hiciera delante de ellos. No te voy a mentir: pensé que no iba a poder tener una erección.
Estaba muy asustado por lo que acababa de ver. ¿Quién puede tener una erección después de eso? —preguntó Thomas como si fuera algo imposible.
Han asintió con la cabeza, confirmando que él tampoco podría haber reaccionado de otra manera.
—Como me vieron dudar, uno de los hombres me ofreció una pastilla. A juzgar por sus manos, debería ser muy mayor, aunque no podía saberlo con certeza por las máscaras. La tomé, pensando que, si no cumplía con lo que esperaban de mí, estaba condenado.
Al principio creí que era viagra, pero no lo era. Tal vez era éxtasis… no estoy seguro. Me hizo sentir extraño, desorientado.