5 DIMA #2
Smith se levantó y, con tono firme pero amable, le pidió a la mujer que se retirara, explicando que no tenía deseos de estar con ella.
La joven asintió y se alejó rápidamente, lamentando haberse acercado a la mesa de manera tan imprudente.
Era evidente que ninguno de los hombres allí reunidos estaba en busca de una noche de diversión.
—Disculpen, yo también…
Justo en el momento en que Michaels iba a disculparse y anunciar que se retiraba, Smith lo interrumpió:
—Beba, detective Michaels. Haremos un brindis.
Antes de que pudiera insistir en retirarse, Smith le sirvió el vaso con cerveza y se lo acercó con gesto decidido.
¿Cómo podía ese joven detective saber con tanta claridad lo que estaba pensando?
¿Era que Michaels era un libro abierto por sus expresiones, o Smith era más intuitivo de lo que aparentaba? Tal vez un poco de ambas cosas.
Queriendo olvidar, aunque fuera por un momento, su desdicha, Michaels tomó el vaso y comenzó a beber como hacía mucho tiempo no lo hacía. Tal vez desde la escuela secundaria. Sinceramente, era mejor no recordar esas épocas.
Una hora más tarde, cuando Michaels se sentía demasiado relajado como para seguir bebiendo, un joven de unos veintitrés años se acercó a la mesa de los detectives y saludó a Smith.
Para sorpresa de todos, lo llamó por un nombre que ninguno había escuchado antes. El ambiente se congeló por un instante.
—¡Dima!
—¿…?
—¡...!
—¿¿…??
—¿Qué?
El joven, que claramente parecía miembro de una pandilla —por los tatuajes visibles en sus brazos y su actitud confiada—, le hablaba a Smith como si lo conociera desde hacía mucho tiempo.
Al ver la reacción de Smith, como si no esperara encontrarlo en ese lugar, se quedó atónito.
Volvió a insistir, esta vez con un tono más suave:
—Dima, ¿estás bien?
Antes de que el joven pudiera seguir hablando, Smith se disculpó con los presentes y tomó al joven del brazo.
—Vuelvo pronto —dijo con tono serio, alejándose prácticamente arrastrando al joven fuera del bar.
Todos en la mesa se rieron, sin entender del todo la situación ni por qué aquel joven lo había llamado por un hombre que no conocían. Hasta que uno de los detectives hizo un comentario que insinuaba cuál podría haber sido la relación entre ellos en el pasado:
—Oigan, ya conocen los rumores… si le gusta, le gusta. Ja, ja, ja. ¿No vieron como se lo llevó?
—Es cierto. Tal vez le dio un nombre falso cuando pasaron el rato juntos.
Con ese último comentario, todos estallaron en carcajadas. Todos menos Michaels.
Así como Smith era conocido por ser brillante, meticuloso y capaz de resolver crímenes complejos que llevaban años estancados, también lo era por su vida privada.
Su fama de libertino y los rumores de su bisexualidad circulaban con frecuencia entre sus colegas.
Como hombre joven y apuesto, algunos lo entendían… otros simplemente le tenían envidia.
—¿Cómo puede estar con mujeres y con hombres?
—¿Qué rol ocupa?
—¿Realmente es bisexual?
Las preguntas flotaban en el aire, algunas dichas en tono de burla, otras con genuina curiosidad. Pero ninguna con verdadera comprensión.
Ante las preguntas curiosas de los demás detectives, Michaels desvió el tema con rapidez:
—¿El detective Patterson tenía hermanos? —preguntó, en un claro esfuerzo por cambiar el foco de la conversación.
A unos metros de ellos, fuera del bar, Smith y el joven conversaban en voz baja.
—Dima… ¿Eres detective ahora?
El joven se expresó con un tono de sorpresa.
—Sí. Lo lamento, no fue mi intención ocultar que era policía en ese momento.
Respondió Smith con sinceridad. El joven continuó:
—Estás loco, ¿cómo vuelves a esta ciudad … y como detective?
—Es mi trabajo.
—No lo sabía. Me enteré cuando todo pasó. Pensé que éramos amigos, más allá de lo que ocurrió entre nosotros.
—Me conoces. Solo me divertía. Lo sabes… salíamos juntos a pasarla bien.
—Lo sé. No te pedí exclusividad, solo pensé que éramos amigos. Pero veo que también fingiste eso… nunca te comunicaste conmigo cuando todo terminó.
Smith no habló. Ante ese silencio, el joven —que lo conocía como Dima— se sintió agraviado. No por lo que había pasado entre ellos, sino por lo que… no pasó después.
—Está bien, no te quiero importunar más. Creo que deberías tener cuidado… los brazos de Medusa están en la ciudad. Con esta información que te doy ahora, queda saldada mi deuda contigo. Gracias por advertirme aquella vez. Gracias a ello, no me arrestaron el día de la redada.
—No tienes que agradecerme —respondió con sinceridad Smith.
—Cuídate, Dima —le dijo el joven, y justo cuando estaba por retirarse, la voz seria de Smith lo detuvo:
—No me contactes. Y si me ves… finge que no me conoces —le advirtió en tono serio.
—Dalo por hecho.
Alex sabía perfectamente porque su amigo Dima le estaba diciendo eso. Solo qué al verlo después de tanto tiempo, se había sorprendido y no pudo evitar acercarse a saludarlo. Pero ahora lo entendía: tenía que tener cuidado. Medusa tenía ojos y oídos en toda la ciudad.
En el instante en que se giró para retirarse, Smith lo abrazó por detrás apoyando su cabeza en su hombro y le susurró:
—Cuídate mucho. Por favor, Alex.
Luego de decir esas palabras, se retiró y se alejó de Alex sin mirar atrás. Alex lo observó alejarse por un instante y luego se retiró.
Cuando volvió a la mesa, los detectives conversaban sobre la muerte del detective Patterson y sobre cómo el día en que se encontró el cadáver, alguien que no era él había estado ayudando a preservar la escena y recogiendo pruebas.
Ahora que lo pensaban con más claridad, parecía evidente que esa persona estaba intentando destruir evidencia o plantar pruebas para dirigir la investigación hacia un rumbo específico.
Michaels no quería admitirlo, pero la situación era extremadamente grave. Después de haber hablado con el forense, quien le confirmó la fecha de la muerte de Patterson, sentía una urgencia creciente por hablar con Smith.
Nunca se había sentido tan preocupado por un caso en toda su carrera.
¿Era por la implicación emocional de tener a su ex involucrado?
¿Por el hecho que la víctima también era un detective?
¿Tendría realmente que ver con él… o con el propio Smith?
¿Por qué el doctor Roth no había reportado la desaparición de Patterson, siendo que vivían juntos?
Y aún más, después de la revelación que había recibido esa misma tarde.
No estaba seguro de qué estaba ocurriendo, pero intuía que era mucho más grande de lo que todos pensaban. Todas estas preguntas giraban sin cesar en su cabeza. Necesitaba respuestas.
Después de permanecer en el bar por dos horas más y seguir bebiendo, cuando finalmente decidieron retirarse, Smith se acercó a Michaels para confirmar que iría a su casa, tal como habían acordado. Se marcharon juntos.
Sintiéndose inquieto por lo que había acontecido, Smith rompió el silencio mientras conducía. Le explicó a Michaels que, en el pasado, había sido muy amigo de la persona que se le había acercado en el bar.
—La persona del bar… es un amigo.
Michaels respondió sin rodeos.
—No necesitas aclarar tu vida privada. Pero si vamos a trabajar juntos en esto, creo que debemos ser más honestos el uno con el otro.
Estoy seguro que no hemos compartido toda la información.
Este caso… de un modo u otro está relacionado con nosotros.
El detective Patterson fue tu compañero en algunos casos, y era la pareja actual de mi ex.
No creo en las coincidencias, como bien dijiste en su momento.
Lo que más me preocupa es lo que me dijo el forense hoy, cuando fui a recoger los resultados de la autopsia y de los exámenes toxicológicos que se le hicieron.
Mientras conducía hacia su casa, Smith respondió:
—Sí, tienes razón. Sé que no necesito aclarar mi vida privada, pero quiero que lo sepas: no hay nada entre Alex y yo, es solo un amigo.
Ahora, comencemos por lo primero. Vamos a pasar mucho tiempo juntos, así que dejemos las formalidades de lado. Llámame Tom… o Tommy. ¿Cómo quieres que te llame?
Smith no sabía por qué, pero sintió la necesidad de explicar su situación sentimental a su compañero. Michaels se sorprendió por esa actitud. No esperaba que alguien tan frío como él se preocupara por lo que pudiera pensar un tercero. Luego respondió con sencillez:
—Llámame Han.
Una vez que decidieron cómo se llamarían, Smith adoptó un tono más serio:
—Han, como habrás escuchado de mis compañeros de la estación… he llevado una vida libertina.
—Sí, lo supe hoy. Hicieron muchas bromas sobre el asunto. Pero…
Cuando estaba a punto de decirle que no hacía falta explicar su vida privada por segunda vez, el detective Smith lo interrumpió:
—Esto es algo que debes saber. Lo que ellos no saben son las circunstancias que me llevaron a tener ese tipo de vida. Y, como creo que también estarás en peligro por esta investigación… me veo en la obligación de contarte mi historia.
No estoy orgulloso de ella en muchos sentidos, pero gracias a ello estoy donde estoy hoy. Te pediré discreción: esto sólo lo saben nuestros capitanes, las personas involucradas y los superiores.
Es largo, por eso te invité a mi casa. Además, lo que voy a decirte es confidencial. No quería oídos de terceros tratando de escuchar.
Mis compañeros no saben muchas cosas de mí… y es mejor que siga siendo así.
Intrigado por lo que le tenía que contar Smith, Michaels asintió levemente con la cabeza.
¿Qué es lo que no pueden saber? , se preguntó.
Después de unos minutos, llegaron a destino. Para sorpresa de Michaels, Smith vivía en una zona residencial. Le llamó la atención. Había pensado que con su perfil de joven soltero que disfrutaba la vida nocturna, viviría en un departamento en el centro de la ciudad.
Se dio cuenta de que era la segunda vez que lo juzgaba mal. Michaels decidió dejar de lado todos los prejuicios que había formado sobre Smith y comenzar de cero.