4 La Revelación #3
Ambos giraron las cabezas hacia el sonido. Michaels vio llegar al doctor James Roth, su expareja. Frunció el ceño, con una expresión de sorpresa e intriga en su rostro. ¿Será su amigo? ¿Cómo es que no lo sabía? O tal vez… ¿él es …?
Mientras Michaels intentaba procesar lo que veía, Smith se adelantó y se presentó ante el doctor Roth y la persona que lo acompañaba, quienes acababan de llegar hasta ellos.
—Buenas tardes. Lamento su pérdida y que tengamos que vernos en estas circunstancias. Era compañero del detective Patterson. Soy el detective encargado de la investigación, Thomas Smith, y él es mi compañero en este caso, el detective Han Michaels.
—Buenas tardes, detectives —respondió el hombre—. Soy el mejor amigo de Mark, Lucas Stevens. Lo conozco de toda la vida. Todavía estoy atónito… no puedo creer que lo hayan asesinado, y mucho menos lo que le hicieron a su cuerpo.
Él es su pareja, el doctor James Roth.
Cuando terminó de decir esas palabras, Stevens exhaló profundamente.
Al mismo tiempo, Michaels no pudo mantener su expresión: su rostro se volvió pálido, como si la sangre se le hubiera helado, y bajó la mirada.
Algo estaba pasando. Smith estuvo a punto de preguntarle qué ocurría, cuando el doctor Roth rompió el silencio de repente:
—Mucho tiempo sin verte, Han.
Smith y Stevens los miraron con sorpresa. No esperaban que se conocieran.
—… mucho tiempo sin vernos.
Respondió con voz apagada y mirada triste al saludo de Roth. Echo que no pasó desapercibido para los presentes.
Smith y Stevens notaron de inmediato la naturaleza de la relación entre ambos.
El ambiente se endureció, y las expresiones de los dos hombres dejaban claro que estaban incómodos.
Michaels desvió la mirada de Roth, y fue evidente que sus ojos se habían humedecido.
En cambio, el doctor Roth lo observaba con la indiferencia de quién mira a una expareja sin afecto alguno.
El contraste entre ambos dejaba claro quién había sido herido.
Tratando de aliviar el ambiente cargado, Stevens pidió que los disculparan para completar los trámites y poder trasladar el cuerpo de su amigo a la funeraria, donde se realizaría el funeral a cajón cerrado.
Antes de que se retiraran, Smith les entregó su tarjeta:
—Por favor, pónganse en contacto conmigo en cuanto puedan. Necesitamos hacerles algunas preguntas.
En ese momento, Smith se despidió de los presentes y tomó del brazo a Michaels, que permanecía inmóvil, como si lo hubieran clavado al suelo. Lo condujo por el pasillo casi a rastras, como si Michaels se hubiera perdido en sus pensamientos.
Una vez que subieron al auto, pasaron varios minutos en silencio. Finalmente, Smith le preguntó:
—¿El doctor Roth y tú…?
—Sí.
—¿Por cuánto tiempo?
—Fuimos pareja por más de diez años.
Respondió con voz quebrada, sin apartar la mirada de la ventanilla, como si quisiera ocultar sus ojos húmedos.
—Ya veo.
Después de confirmar sus sospechas, Smith no quiso hacer más preguntas y se mantuvo en silencio. No quería interferir ni incomodar a su compañero, que claramente estaba atravesando el duelo de la ruptura. Pero, para su sorpresa, fue Michaels quién habló primero:
—¿No estás sorprendido?
—La vida íntima de las personas no es de mi incumbencia.
Respondió con sinceridad. La vida privada de los demás no le interesaba en lo más mínimo, y mucho menos su orientación sexual.
—Mmm…
Respondió Michaels, esta vez mirándolo directamente.
Viendo que Michaels estaba más estable emocionalmente de lo que había pensado, Smith decidió iniciar una conversación sobre el caso, con la intención de ayudarlo a despejarse. Se lo veía bastante triste y, aunque no sabía exactamente por qué, no le gustaba verlo en ese estado.
—Cambiando de tema… Hay algo que me está molestando.
—¿Qué cosa?
—Primero que nada… ¿Quién puede parecerse tanto a él como para ocupar su lugar y que nadie lo note, ni siquiera sus compañeros?
Por otro lado, ¿por qué su pareja no realizó la denuncia por desaparición?
¿Tampoco notó que no era su pareja? Me cuesta creerlo.
¿Y su amigo…? ¿No te parece que hay demasiadas preguntas sin respuesta?
Cuando escuchó las preguntas de Smith, Michaels también comenzó a pensar en esa dirección, dejando de lado por un momento el dolor que sentía al haber descubierto la identidad de la persona por la que su amor de más de diez años lo había dejado.
—Mmm… ¿El detective Patterson tenía hermanos?
—No, hasta donde sé. Pero es momento de investigar a fondo su historia familiar.
—Estoy de acuerdo. Si te parece bien, me encargaré de eso.
—Perfecto. Me ocuparé de entrevistar al doctor Roth y al señor Stevens.
Habiendo dividido las tareas de forma que resultaron menos incómodas tanto para ellos como para los testigos, se mantuvieron en silencio. Cada uno sumido en sus pensamientos, intentando encontrar una vía para resolver el enigma.
Estaba claro que este era un caso extremadamente complejo en muchos aspectos.
No había pistas sobre quién lo había cometido ni por qué.
Y lo más inquietante: la víctima, el detective Mark Patterson, no había sido denunciada como desaparecida.
Un detalle que, lejos de aclarar las cosas, las volvía aún más turbias.