4 La Revelación #2
—Bienvenido. Detective Michaels. He escuchado mucho sobre usted. Soy el capitán Martínez. Es un honor contar con su ayuda para esclarecer este caso.
—Muchas gracias por sus palabras, capitán. Me alegra la confianza.
El capitán añadió con voz firme, aunque cargada de preocupación:
—Tenemos una situación delicada en nuestras manos.
La víctima de Sierra Azul… es uno de mis detectives.
Sin embargo, eso no es todo. Lo más inquietante es que, el día en que se recolectó la evidencia, esa persona —para nosotros— estaba trabajando.
No solo eso: fue quien se encargó de preservar la escena.
Se trataba del detective Mark Patterson.
Luego de escuchar estas palabras, Michaels los miró alternativamente, abriendo mucho los ojos. Una vez más, expresaba todo lo que pensaba con la mirada. A Smith le gustaba esa cualidad en él: le decía que era un hombre impulsivo, incapaz de ocultar sus sentimientos, transparente como el agua.
Michaels frunció el ceño, abrió y cerró la boca sin poder emitir sonido, los volvió a mirar…y finalmente habló:
—Perdón, capitán Martínez. ¿Están diciendo que una persona “X” suplantó la identidad del detective Patterson por un día? ¿Cómo es eso posible?
El que respondió fue nuevamente Smith. Ante la expresión de incredulidad en el rostro de Michaels, extendió hacia él un expediente que tenía en las manos.
—Mire esto, detective Michaels.
Michaels, intrigado por la decisión de responderle con la entrega de un expediente en lugar de palabras, tomó el documento que le ofrecía Smith y lo abrió sin más, bajo las miradas expectantes de los dos hombres.
Mientras leía las primeras líneas — «Informe Forense» —, comenzó a dar golpecitos suaves con el dedo índice de su mano derecha sobre las hojas, como acompañando la lectura.
De repente, ese sutil movimiento se detuvo por unos segundos.
El capitán Martínez y Smith se miraron e intercambiaron un gesto con la cabeza.
Sabían exactamente en qué parte se había detenido: la fecha de defunción.
No coincidía con el día del hallazgo. Aún no estaba claro cuándo había ocurrido la muerte, ya que el forense había decidido realizar estudios adicionales para confirmar la fecha, ante la posibilidad de que la muestra se hubiera visto afectada.
—¿Esto es… “Fecha de defunción a confirmar”?
Michaels preguntó elevando el tono, sin apartar la mirada del expediente.
—¿Detective Patterson…? ¿Entonces alguien suplantó su identidad?
El capitán respondió con firmeza, aunque con una preocupación evidente en su voz:
—Detective Michaels, es por eso que solicité su colaboración en este caso.
Cuando el forense nos confirme la fecha de defunción del detective Patterson, tendremos un panorama más claro.
Por ahora, sabemos que alguien suplantó su identidad y estuvo trabajando entre nosotros sin que nadie lo notara, al menos durante un día.
Hizo una breve pausa y luego continuó:
—Es fundamental que esta información no salga de este departamento de policía.
El detective Smith está a cargo de la investigación, y espero que formen un buen equipo.
Conozco sus credenciales; sé que es un profesional con experiencia en casos complejos, al igual que el detective Smith.
El capitán Thompson, lo recomendó especialmente y, aunque ya lo tenía en mente por haber sido quién encontró el cuerpo, su recomendación me deja más tranquilo.
El capitán se inclinó levemente hacia adelante, con expresión grave.
—Estamos ante un asunto de extrema gravedad, detective Michaels. Esto podría echar por tierra muchas de las investigaciones activas en las que haya participado el detective Patterson.
Debemos descubrir quien suplantó su identidad lo antes posible, además de esclarecer su homicidio. Cuento con ustedes.
Con estas palabras, el capitán se levantó de su asiento y le dio la mano al detective Michaels.
—Es un placer tenerlo a bordo. Pueden retirarse.
—Muchas gracias, capitán. Haremos todo lo posible por esclarecer este caso con premura.
Luego, el detective Smith guio a Michaels hacia su oficina. Caminaron uno al lado del otro, recorriendo los escritorios de sus colegas, llenos de documentos que, por el momento, habían sido dejados de lado por la noticia. Todos los presentes los miraban con atención.
Una vez que llegaron a la oficina de Smith, Michaels notó el orden en su escritorio. Su oficina era como su personalidad: pulcra y ordenada. Smith le ofreció algo de beber antes de comenzar a informarle sobre el caso. Con una leve sonrisa y señalando la máquina de café, dijo:
—Detective Michaels, ¿le gustaría tomar un café o le puedo ofrecerle algo más?
Michaels asintió con la cabeza. Smith sirvió dos tazas de café, se acercó al escritorio y, luego de entregarle el suyo, comenzó a hablar del caso:
—Detective Michaels, como habrá notado, estamos en un serio problema.
El solo hecho de pensar que uno de mis compañeros fue asesinado y descartado de esa manera es escalofriante.
Pero lo es aún más saber que alguien estuvo entre nosotros ese día, fingiendo ser él…
y que nadie lo notó. Eso lo hace más aterrador.
Michaels lo observaba con atención, escuchando cada palabra con seriedad. La preocupación de Smith era evidente.
—Por eso debemos descubrir quién suplantó la identidad del detective Patterson… y por qué lo mató.
Michaels respondió por primera vez, con una expresión de preocupación en el rostro:
—Este caso tiene implicaciones que van más allá de un simple asesinato, como bien dijo cuándo me tomó la declaración. Pero no esperaba que fueran de tal gravedad. Como le mencioné a su capitán, lo ayudaré en todo lo pueda para esclarecer este asunto con la mayor diligencia posible.
Ante estas palabras, pronunciadas con una voz firme y una mirada sincera, Smith se levantó de su asiento, se acercó a Michaels y le extendió la mano:
—Espero que hagamos buen equipo y resolvamos este caso juntos. Ahora comencemos: los familiares del detective Patterson irán en una hora a la morgue para firmar los documentos y trasladar el cuerpo a la funeraria. Sería un buen momento para hacerles algunas preguntas.
Luego de darse un apretón de manos, se dirigieron a la morgue.
***
Cuando se dio a conocer la noticia del homicidio del detective Patterson, como no tenía familiares con vida, se acercaron a la morgue a recibir el cuerpo su mejor amigo —con quién compartía lazos desde la infancia— y su pareja, con quién convivía desde hacía poco más de tres meses.
Los detectives Smith y Michaels los esperaban para hacerles algunas preguntas que pudieran arrojar luz sobre la situación. Mientras aguardaban fuera de la puerta de la morgue, Smith le comentó a Michaels la situación familiar del fallecido:
—El detective Patterson no tiene parientes con vida, así que quienes vendrán a retirar el cuerpo son su mejor amigo y su actual pareja. Es una lástima… la próxima semana iba a realizar una reunión para presentarnos oficialmente a su pareja. ¿Cómo terminaron las cosas así? —suspiró con amargura.
Smith, por primera vez, mostraba tristeza y pesar por lo sucedido a su compañero.
Michaels se sorprendió gratamente. Desde el primer instante en que lo conoció, le había parecido una persona fría y sin sentimientos.
En ese momento, sintió una profunda empatía por él.
Tratando de consolarlo, levantó una mano y la colocó suavemente sobre su hombro.
Ante este gesto, Smith levantó la mirada y le mostró una sonrisa sincera, teñida de tristeza y acompañada por una mirada cálida. Justo cuando Michaels estaba por decir algo, se escucharon pasos en el pasillo.
Tap. Tap. Tap.