28 ZACH #2
—¿Entonces por qué siento que esa no es toda la historia? Siempre que lo menciono te pones rígido.
—No es buena persona.
—Zach, me estoy volviendo loco. Me estoy imaginando tantas cosas, que seguramente haya pensado algo peor de lo que os pasó. Cada vez hay más posibilidades de que le dé una paliza en la misma pista el fin de semana que viene.
—No lo hagas.
—No quiero hacerlo, como tampoco pensaba hacerlo la vez anterior. Por entonces ni siquiera estábamos juntos y, en cuanto me lo imaginé metiéndose contigo, me cegó la ira.
—Esa faceta protectora es adorable. —Me aprieto más contra él para tratar de controlar los martilleos de mi corazón.
Le conté a Foster la historia, o la mayoría al menos. Pero no he sido del todo sincero con nadie, ni siquiera con Seth. Me prometí que, si volvía a intentarlo, iría directamente a hablar con el decano, pero no se dio el caso.
De repente, Foster sacude la cabeza.
—Perdona, no hace falta que me lo cuentes si no quieres. Si dices que no pasó nada más, te creo.
Me muerdo el labio.
—Si no pasó nada más, ¿podrás jugar tranquilamente el finde que viene?
—Dios, y yo qué sé. —Me suelta de golpe y se incorpora—. No puedo quitarme de encima el impulso de querer reventarlo.
Me yergo para apoyar la espalda contra el cabecero de metal y me hago bolita. Foster ya ha cometido un error garrafal en el hockey y, tal y como le he dicho a Seth, yo nunca, jamás, me convertiría en un obstáculo para conseguir algo en lo que ha trabajado tanto.
—Quiero que me prometas una cosa.
—¿El qué? —pregunta girando la cabeza de golpe para mirarme.
—No puedo contártelo hasta que me lo prometas. Debes confiar en mí, igual que yo confiaré en que mantendrás tu palabra.
Frunce tanto el ceño que se le arruga toda la cara.
—Es la mayor tontería que he oído.
—Así son las cosas.
Nuestros ojos se encuentran y me fuerzo a no apartar la mirada y ceder, por mucho que note cómo se me retuerce todo por dentro. Trago saliva. Aguanto. Crece tanto la tensión que estoy a punto de rendirme.
Foster deja escapar un largo suspiro y se echa hacia atrás para quedar sentado a mi lado.
—No me va a hacer gracia, ¿verdad?
—No, pero seguramente no sea tan malo como te imaginas.
—Eso tendré que juzgarlo yo.
Me río y busco su mano para entrelazar mis dedos con los suyos.
—Prométeme que, si te lo cuento, no le harás nada.
—Me estás matando.
—No, estoy confiando en ti.
Se lo piensa un rato.
—Lo prometo.
Ahora viene lo peor.
—Ya conoces la parte en la que me acosaba. Seguramente eso sea lo peor porque se pasó así todo el curso. —Me trago el nudo que se me empieza a formar en la garganta—. Pero no he hablado de la razón por la que lo hizo porque ya lo he superado y no me apetece revivir antiguos dramas.
—Necesito que vayas al grano, por favor. —Noto su voz tan angustiada como me siento yo.
—Sí, de acuerdo. —Hago ademán de tocarme las gafas, pero recuerdo que me las he dejado en la habitación de Seth—.
Seth y yo fuimos a una fiesta al comienzo del penúltimo curso…
Bueno, más bien mi último. —Noto cómo Foster me aprieta la mano, pero agradezco que no me interrumpa—.
Seth estaba hablando con una chica, así que yo fui a por algo de beber para intentar disfrutar de la noche, cuando me topé con Morris en el pasillo.
Había más gente, así que no me preocupé.
Al principio solo quería hablar. No paraba de decir cosas raras y sin sentido, y yo no entendía qué pasaba.
No sé si lo sabes, pero se me da un poco mal interpretar las intenciones de la gente.
—¿A ti? ¿En serio?
Le doy un empujoncito.
—No me di cuenta… No fui consciente de que quería… —Aún no sé cómo consiguió arrinconarme—. Intentó besarme. Y digo que lo «intentó» porque más bien me babeó la cara entera, pero después me acorraló y me metió la lengua en la boca.
Las fosas nasales de Foster se ensanchan y juro que, si no hubiera estado sujetándolo, habría salido corriendo de la cama en busca de Morris.
—Lo voy a reventar.
—Me lo has prometido.
—¿Por eso te acosaba? ¿Porque lo rechazaste? —pregunta tan alto que me apresuro a pedirle que baje los decibelios.
—No, me acosó porque contraataqué.
Foster se calma un poco.
—¿Cómo dices? ¿Qué hiciste?
Es un alivio notar más calma en la voz de Foster. Aunque aún parezca que está desquiciado, sé que intenta que no se le escape una sonrisita.
—Lo único que sabía hacer: le di un rodillazo en los huevos y salí corriendo. —Foster abre la boca de par en par—. Soy un canijo, no tengo fuerza. Seguro que no se lo esperaba.
—Zach…
—Intuyo que me tuvo en su punto de mira después de aquello porque quería demostrar que había sido un golpe de suerte.
O qué sé yo. A lo mejor alucinó por besar a un hombre en una fiesta y quería meterme miedo para que no se lo contara a nadie.
Yo no volví a defenderme porque tenía la sensación de que iba buscando la excusa perfecta para darme una paliza.
Al fin y al cabo, su estrategia para asustarme le funcionó.
Foster tira de mí y me levanta hasta que quedo sentado a horcajadas sobre su regazo. Estoy seguro de que va a besarme. Sin embargo, me estrecha entre sus brazos.
—Estoy bien —le aseguro.
—Puede que yo no. —Aprieta más el abrazo.
—Foster…
—No volverá a ocurrir.
Le paso los dedos por el pelo.
—Es un bonito detalle, pero no puedes prometérmelo. Además, no quiero que lo hagas. Una de las principales razones para elegir hacer el máster en la Universidad Colchester fue para aprender a sacarme las castañas del fuego yo solo.
La sonrisa que Foster había peleado tanto por ocultar sale a relucir mientras nos cambia de postura, hasta que volvemos a estar tumbados.
—A mí me parece que esa parte ya la tienes controlada. Pero podrías plantearte usarme a modo de refuerzo.
—Supongo que eso nunca está de más. —Me pongo de lado y coloco sus brazos alrededor de mi cintura. Él esconde la cara en mi cuello.
Sí, creo que puedo aceptar tener refuerzos. Dure lo que dure .