En la misma pista (CU Hockey 1) 28 ZACH
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Q ué fuerte, no me esperaba nada de esto.

Y qué extraño.

Me noto aturdido. Foster les ha contado a sus padres que es bisexual y, por si fuera poco, también que estamos saliendo. Me parece estupendo que se lo haya contado, pero hacía tiempo que no me sentía tan incómodo al convertirme en el foco de atención.

Y, para colmo, han hablado de Morris.

Dejo escapar una fuerte exhalación cuando me acuesto en el colchón que hemos colocado en el suelo del cuarto de Seth.

—Aún no me creo que Foster lo haya hecho —dice.

—Qué momentazo —convengo mientras meto las piernas bajo las sábanas.

—Se lo ha contado por ti. Alucino.

Niego con la cabeza.

—Sé que puede dar esa impresión, pero no ha sido por eso. Lleva… años, supongo, queriendo contárselo, pero nunca ha sabido cómo… hacerlo.

—¿Entonces ha sido una coincidencia que les hable de su sexualidad y luego de ti?

Que les hable a ellos. A los Grant. Me dieron la bienvenida y me acogieron hace ya cuatro años en Acción de Gracias cuando Seth me trajo por primera vez.

Esperaba que el fin de semana fuera muy extraño, pero su madre, su padre y Foster se portaron genial.

Incluso aunque no fuera capaz de decir una sola palabra delante de ellos.

—Hablamos del tema, pero le dejé bastante claro que el fin de semana no giraba en torno a lo nuestro. A mí me parecía bien que no dijera nada.

—Ya… —Seth se ríe.

—¿Qué pasa?

—Supongo que nunca me creí del todo que quisiera ir tan en serio contigo, no por ti, sino porque él solo piensa en el hockey y nunca había sacado tiempo para tener relaciones serias.

Esto… —Seth me señala a mí y luego a la puerta mientras pasa por encima de mi colchón para subirse a su cama—.

Me ha sorprendido mucho. ¿Te parece raro que ahora quiera que lo vuestro funcione y que os caséis para tener a mi mejor amigo siempre cerca?

Me ahogo con una carcajada de sorpresa.

—¡No te adelantes tanto! No es… No. No quiero hablar de eso.

—Yo sería tu padrino, ¿no? Me lo pido ya.

—Basta. —Me sale una voz muy aguda y miro a la puerta a la espera de que Foster entre de repente.

—Dios, qué divertido es sacarte los colores.

—Me alegro de que te lo pases tan bien. —Me estiro para pellizcarle la pantorrilla, lo que le rebaja un poco tanta alegría—.

Si somos realistas, creo que ambos estaremos de acuerdo en que lo más probable es que esto no sobreviva al acabar el curso.

Como has dicho, Foster vive por y para el hockey.

Yo no tengo ni idea de ese deporte, pero, a juzgar por la gente que sí que lo ve, Foster es…

increíble. Su futuro está en la NHL y jamás se me ocurriría interponerme.

Seth por fin se pone serio.

—Sé que no lo harías. —Se pasa la mano por el pelo y se abraza las rodillas flexionadas—. Si lo fichan, ¿no podrías irte con él?

—En cuanto a logística, sí. El problema es tener que empezar de cero en otra universidad, que me da pavor. Por no hablar de que tendría que conseguir otro puesto de profesor adjunto para poder pagarme el alojamiento. Yo no podría permitírmelo.

—Foster seguro que ganará un buen dinero en la NHL. Te lo pagaría él.

—No le dejaría. La gracia de este curso era ganar más independencia, y estoy empezando a notar cierta evolución en mí.

—¿Entonces, qué? ¿Tenéis una relación, no os despegáis el uno del otro, pero sabéis que tiene fecha de caducidad?

—Sí.

—Me parece… —Sacude la cabeza—. No es propio de ti. ¿Por qué estás tan conforme?

—Me gusta mucho. —Me encojo de hombros—. Disfruto de su compañía. Sería un sinsentido desaprovechar la oportunidad y perderlo antes de tiempo.

Seth sigue confuso y yo no sé cómo explicárselo mejor.

Solo sé que, pase lo que pase a partir de ahora, Foster ya se ha quitado de encima el peso del secreto que tanto tiempo llevaba guardando.

Eso ya no cambiará aunque rompamos, y me alegro muchísimo por él.

Ya sé que el año que viene es muy probable que ya no esté conmigo, así que me he propuesto exprimir hasta el más mínimo segundo juntos antes de que tengamos que separarnos.

Estoy tratando de pensar con lógica.

Me pongo malo ante la idea.

—Pase lo que pase —continúo mientras me hundo más en el colchón para ponerme cómodo—, no cambiará nada entre tú y yo. Sois personas diferentes. Aunque Foster y yo rompamos, tú y yo seguiremos siendo amigos.

—Me alegro. —Seth apaga la lamparita de noche.

La oscuridad me da paz, pero no consigo encontrar una postura cómoda por mucho que me esfuerce.

He dormido en este colchón tantas veces que he perdido la cuenta, durante todos los días festivos (aparte de Navidad y las vacaciones de verano), pero nunca he tenido problemas para conciliar el sueño en él.

Es como si mi cuerpo supiera que Foster está cerca y se negara a aceptar otra opción que no sea dormir acurrucado junto a él.

—Así que te vas a quedar aquí, ¿eh? —pregunta Seth.

—Sí. Aunque Foster lo haya contado todo, no cambia nada. Ya te dije que este fin de semana era para pasar tiempo contigo.

—Y yo que me alegro. Pero, ya que te tengo entero para mí durante todo el día, ¿lo lógico no sería que te tuviera él durante la noche?

Son unas razones excelentes. Pero Foster estaba tan confiado en que acabaría en su cuarto, que ya es cuestión de orgullo.

Una almohada me aterriza en la cara.

—¿Pero qué haces?

—Te oigo pensar en él y no quiero ese tipo de ideas en mi habitación.

—No estoy pensando en… eso.

—Es una línea muy delgada, y al final la cruzarás. Deberías ir. Ya.

—Seth…

—Por si fuera poco, encima roncas. Por favor, vete a molestar a Foster con eso.

—¿Ronco?

—Mucho.

Hago acopio de todo mi autocontrol para no reírme.

—¿Y decides contármelo ahora después de haber compartido habitación durante tres años enteros?

—Lo intenté, pero no me oías en medio del terremoto en el que se convertía nuestro cuarto.

—Eres de lo que no hay. —Me río, pero me quito las sábanas. No me hace falta que insista más—. Entonces supongo que tendré que ir a tener a Foster en vela toda la noche.

—Qué asco.

—Por los ronquidos, claro.

—Claro —gruñe—. Por el bien de mi salud mental, copulad en el más absoluto silencio.

—Eres tú el que quiere que vaya. —Me arrastro hasta la puerta y la abro—. Si oyes algo, es culpa tuya.

Otra almohada aterriza sobre mi espalda antes de que salga a gatas al pasillo.

Pero Seth no tiene de qué preocuparse. No voy a hacer nada sexual con Foster mientras sus padres estén en el piso de abajo.

Ni en broma. Apenas puedo mirar a los ojos a sus vecinos de la residencia de pensar que nos habrán oído.

Vacilo cuando llego a la puerta de Foster, porque sé que se estará mofando de mi poco autocontrol hasta el fin de los tiempos.

Pero, de nuevo, me merece la pena con tal de poder tocarlo.

Apenas he abierto la puerta cuando oigo a Foster decir:

—Sí que has tardado.

Sonrío en la oscuridad por su chulería.

—Sé sincero: te estabas empezando a preocupar, ¿a que sí?

—¿Porque podrías resistirte a mí? —Resopla—. Venga ya.

—Puedo darme la vuelva y volver por donde he venido.

—Adelante.

Suena tan seguro que ojalá fuera capaz. Quiero demostrarle que no es tan irresistible como se cree.

Pero hay un problemita.

Que sí que lo es.

—Maldita sea —susurro.

Foster se ríe mientras me arrastro hacia la cama, aunque no tengo ni idea de hacia dónde me muevo.

De repente, la linterna de su móvil acaba con la oscuridad que nos rodeaba y me detengo.

Está sentado en la cama. No lleva camiseta y las sombras le definen los abdominales más de lo que ya se le notaban.

—¿Aceptamos ya mi victoria? —Su sonrisa ilumina más la estancia que su móvil.

—¿Acaso lo dudabas?

—Qué va, pero, aun así, reclamo mi premio.

—No, nada de hacer cosas sexuales en casa de tus padres.

—Está bien. —Sus ojos me repasan de pies a cabeza, lo que hace tambalear mi determinación—. Pero mi cama tiene una norma.

—Como digas desnudo…

—Tienes que meterte desnudo —me corta con tono de lástima—. Lo siento, Zach. Yo no pongo las normas.

Levanto las cejas.

—Menudo tormento debe de ser tener que cumplirlas.

—¿Por qué no te acercas y lo descubres?

Trato de negar con la cabeza, pero acaba siendo un movimiento tenso y torpe.

—No puedo quedarme desnudo contigo cerca.

—Zach. —Foster hace un ruidito de sorpresa—. Jamás te habría tomado por un infractor. Caray. Mi novio está hecho todo un rebelde.

—Y el mío es idiota —respondo impávido. Aun así, busco el bajo de mi camiseta y me la quito con la mayor tranquilidad del mundo. Su mirada de deseo me pone tanto que noto la presión en los calzoncillos antes de quitármelos.

—Muy bien. —Se aclara la garganta—. No ha sido tan duro, ¿a que no?

Me señalo la erección.

—Mala elección de palabras.

—Anda, si vamos igual.

Cuando me subo a la cama, se quita las sábanas de encima para enseñarme que va desnudo del todo y que sí que vamos igual…

Su cuerpo está calentito, así que me acurruco con él y me río contra su hombro.

—El sexo sigue prohibido.

—Ajá… —Se gira un poco para quedar frente a frente—. ¿Sabes qué?

—¿Qué?

—Me parece que estamos ante otra de mis primera veces. Vamos a dormir juntos sin llegar a acostarnos. Al menos sin ir borracho.

—Madre mía, qué inexperto eres.

Él sonríe y acaricia mis labios con los suyos. Quiero más. Madre de Dios, quiero muchísimo más. Como si no me costara ya bastante estar entre sus brazos. Si conseguimos superar la noche sin masturbarnos mutuamente, será un milagro.

—Oye… sobre el partido de Vermont… —empieza a decir Foster.

Adiós a mi erección. No puedo evitar que Morris se me meta en la cabeza, pero me niego a que se entrometa en lo que tengo con Foster.

—¿Qué pasa con el partido?

—Vendrás a vernos, ¿no?

—Pues claro.

Se queda en silencio un rato, pero estoy seguro de que no quería preguntarme solo eso.

—¿Y si quisiera que mi recompensa fuera que me contaras lo que te pasó con Morris?

Se me tensa todo el cuerpo. Bueno, a excepción de un órgano, que en esta conversación no tiene importancia.

—Ya… Ya te lo conté.