En la misma pista (CU Hockey 1) 18 ZACH
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N o hace falta ser un erudito para ser un buen profesor adjunto. Dedico la jornada a reservar horas de tutoría con el profesor Lawrence, a quedar con los alumnos que necesiten ayuda, a tomar apuntes en clase y a fantasear con Foster. Todo el puto día.

Me he volcado en el trabajo y en la documentación de la tesis para no tener tiempo para pensar en la propuesta de Foster de acostarse conmigo.

Aunque, aun así, sigue viniéndome a la mente y yo no paro de echarme atrás cada vez que quiero hablar con el profesor Lawrence.

La única excusa que me quedaba era ser el profesor de Foster, pero, si esa también está descartada…

Me da un escalofrío. Foster notará a la legua la poca experiencia que tengo porque, aunque con el porno he visto cómo funciona todo, no me ha ayudado a concretar qué papel tendría yo. O cómo desempeñaría dicho papel.

Creo que me atrae más ser pasivo, sobre todo para mi primera vez.

Quiero que Foster tome las riendas de la situación, y no solo porque yo no sepa, sino porque me pone muchísimo la idea.

Aunque mentiría si dijera que no estoy preocupado.

Temo que me duela o que no se me dé bien el… bueno, pues eso, el resto de logística…

Desde que supe que cabía la posibilidad de tener relaciones con Foster, he estado experimentando con lubricante y con mis dedos, y es una sensación… extraña. Buena, pero… no.

Quizá debería contárselo antes a Foster, pero él se merece algo mejor. Si se me da de pena y tiene que encargarse él de todo, no querrá repetir. Aún no ha ocurrido, pero ya sé que no tendré suficiente con solo una vez.

Todos los mensajes de texto que me ha mandado Foster esta semana eran normales y muy agradables, pero cada vez que veía su nombre en la pantalla del móvil, ansiaba más. No entiendo cómo puede estar tan tranquilo con este tema.

Me río para mis adentros de camino al despacho del profesor Lawrence.

Me estoy adelantando demasiado a los acontecimientos.

Una vez sería perfecto, ya sería más de lo que he llegado a imaginar nunca, porque no había reparado en ello al tener otras prioridades.

Me he centrado siempre en el trabajo y los estudios, y, mientras vivía con Seth, este fomentaba que continuara así.

Me traía comida cuando estaba absorto en los trabajos de clase, me recordaba que me duchara y me obligaba a salir a que me diera el aire un rato cada día.

Olvidé tener que preocuparme por otras cosas más triviales, como mi virginidad.

La culpa por permitir que Seth cuidara de mí vuelve a golpearme y me recuerdo que eso ya es agua pasada. Seth puede continuar siendo mi mejor amigo y vivir su vida como él quiera sin tener que estar pendiente de mí.

Aunque ¿cómo podemos ser mejores amigos si no le he contado la novedad más fuerte que tengo? ¿No sentirá que lo he traicionado si pierdo la virginidad con Foster y no se lo cuento?

Me esfuerzo por sacar el teléfono y llamarlo.

—Hombre, ya era hora.

—Voy a acostarme con Foster —espeto.

Oigo cómo se atraganta al otro lado de la línea.

—¿Ahora mismo?

—Claro que no.

—Menos mal, porque ya iba a darte un discurso sobre una cosita que se llama «poner límites». Así que habla con propiedad: «En algún momento me acostaré con Fost…» Puaj, no. Casi lo digo de verdad. ¿Por qué estamos teniendo esta conversación?

Me río y me apoyo contra la pared del pasillo, antes de llegar al despacho.

—No sé, he considerado que lo propio era informarte.

—Foster se te ha adelantado. ¿Por qué pensáis los dos que me interesa conocer su vida sexual?

—¿Te… te lo ha contado?

—Ajá. Oye, Zach…

—Dime.

—No me hace especial ilusión que hablemos de esto nunca más, pero tengo que preguntar. ¿Estás seguro? ¿De verdad quieres que tu primera vez sea con él?

—Eh… Sí.

—¿Sí? ¿Sin más? ¿Ni un argumento? —pregunta tras una breve pausa.

—Las razones no son asunto tuyo.

—Muy bonito —responde con un bufido.

—¿Qué pasa? —¿Me habrá vuelto a pasar y no he interpretado bien la situación? ¿Quiere que le cuente lo que veo en su hermano?

—¿Desde cuándo nos ocultamos secretos?

Así que es eso. Arrastro la suela del zapato por la baldosa pulida.

—No era lo que pretendía, sino… —Suspiro—. Quizá sí debamos hablar de poner límites.

—¿Y eso?

Cuadro los hombros y hago acopio de toda la seguridad que tengo. He de admitir que no es mucha, pero es Seth. Siempre ha estado ahí para mí y me ha apoyado ciegamente.

—No soy un crío —comienzo—, y sé que a veces me despisto un poco, se me olvidan cosas y pierdo la noción del tiempo, pero soy… adulto y no puedes protegerme de todo.

—No quiero que nadie se aproveche de ti, mucho menos mi hermano.

—Pero quizá es lo que quiero.

—¿Qué dices?

Sonrío.

—¿Sabes el gusto que me ha dado sentirme deseado?

No me trata como si fuera a romperme ni me suaviza las cosas.

Y, si me hace daño, pues que así sea. Quiero saber cómo es vivir algo así de fuerte aunque el desenlace sea catastrófico.

Dejarte ha sido la decisión más dura que he tomado nunca, pero fue lo correcto.

—¿Dejarme?

Ha llegado el momento de admitirlo.

—No me cambié de universidad solo por Morris. Fue una de las razones, pero… También me aceptaron en el máster de la UVM y me ofrecieron el puesto de profesor adjunto. Lo rechacé.

No responde.

—No me odies, por favor. —Pestañeo para disipar las lágrimas que se me han formado en los ojos—.

He dependido demasiado de ti. Eres mi lugar seguro.

Pero detestabas salir con tus amigos y dejarme solo.

Siempre viste cuidar de mí como un trabajo.

Me costó mucho tiempo entender qué estaba pasando y por eso tomé la decisión de cambiar de universidad.

Oigo su risa amarga.

—Y me reemplazas por mi hermano.

—No digas tonterías. Tú eres irreemplazable.

No fui capaz ni de irme de la ciudad. Por eso te lo cuento, tanto lo de mi cambio de universidad como lo de Foster.

No quiero secretos, solo que sepas que me parece bien cometer errores y que no es tarea tuya protegerme de ellos cuando ocurra.

Incluso cuando Foster pierda el interés en mí, nada cambiará entre tú y yo.

—Cómo desearía cabrearme contigo ahora mismo —farfulla Seth.

—Sabes que se te da fatal.

—Ya —refunfuña—. De todas formas, quiero que conste que esto no me parece buena idea. Dicho lo cual, ¿ahora qué vas a hacer?

Trago saliva lentamente y miro al final del pasillo.

—Creo que debo tener una conversación con el profesor Lawrence. Es lo único que me frena ya, en caso de que tú no trates de detenernos.

—¿Esto afectará a tu trabajo?

—Foster cree que no, pero, aun así, estoy aterrado.

—No tienes que hacer nada con lo que no te sientas cómodo —se apresura a decir.

—En realidad, sí. —Me separo de la pared—. Llevo cómodo demasiado tiempo. Me asusta esta conversación, me asusta intentar acostarme con Foster y me asusta que descubra que no tengo experiencia. Pero, aun con todo eso, lo voy a hacer, porque debo confiar en que merecerá la pena el resultado.

—Te aviso, «el resultado»… puedes guardártelo para ti.

—Es la idea —respondo riéndome—. No te conté lo que pasó la otra noche, ¿no?

—Tengo más que suficiente con la premisa —gruñe—. A propósito, ahora iré a hacerme un lavado de cerebro para no pensar en tus planes de acostarte con mi hermano. Qué asco. Me importa una mierda lo que hagas por ahí, pero estés una semana entera sin llamarme. ¿Está claro?

—¿Ha pasado una semana?

—Adiós, Zach. —Se ríe.

Cuando cuelga, empiezo a ser consciente de lo que estoy a punto de hacer. Voy a tomar las riendas de mi vida y a labrarme mi propio camino… o algo así.

Tengo náuseas.

Obligo a mis pies a recortar distancias con el despacho y me desanimo cuando descubro que está cerrado. Suspiro y abro yo la puerta para ir a mi escritorio a esperarlo.

Me dedico a caminar por la pequeña sala para no perder el impulso. El profesor Lawrence llega unos minutos tarde, pero, cuando lo hace, con su amabilidad habitual, las palabras salen de mi boca casi sin darle los buenos días.

—Señor, me gustaría informarle de un conflicto de intereses.

—¿No te había dicho que me llamaras Jeffrey? —pregunta tras quedárseme mirando.

—Y yo insistí en que no lo haría.

El profesor Lawrence sonríe y se dirige a su despacho, que está tras la puerta del fondo.

—Acompáñame.

Me siento en la silla que hay delante de su escritorio y espero a que se ponga cómodo. No sé qué va a decirme, si me va a pasar algo o… bueno, nada. No entiendo qué pasa.

Me entrega un folio.

—Rellena esto y vemos cómo nos organizamos.

—¿Y… ya está? —pregunto atónito.

—¿Qué esperabas?

—Al menos una lección de moral.

—Zach, ¿has hecho algo inmoral?

—He besado a una persona de su asignatura de Psicología del Deporte.

Inclina la cabeza.

—¿A qué persona?

Ay, no. ¿Puedo contárselo? Foster fue quien me propuso hablar con el profesor y dice que en la universidad la gente sabe que no es hetero, pero no estoy seguro de qué puedo decirle.

—¿Es usted homófobo? —termino preguntando.

La risa estridente del profesor Lawrence me hace dar un respingo.

—Te aseguro que no. Fuera de este despacho podemos mantenerlo en el anonimato, pero necesito un nombre para la declaración del conflicto de intereses.

—Foster Grant.

Parece sorprendido.

—No me esperaba ese nombre.

—¿Quién creía que…?

—No importa. Lo bueno es que llevamos poco de semestre y que no ha pasado nada que pueda considerarse conflictivo.

—Se pasa una mano por la cara—. Tendré que estudiar las opciones.

Quizá pueda cambiarte de grupo o que tú des más lecciones mientras yo me dedico a evaluar los trabajos para mantener la imparcialidad…

—Puedo cambiarme de departamento. —Y ya de paso me despido de la Psicología del Deporte.

No sé qué he dicho que parece hacerle gracia.

—Queda descartado, además de que eres buen adjunto.

—¿Por qué lo descarta?

—Porque no creo en la idea de huir de lo que no comprendemos. El resto de asignaturas te resultarían demasiado sencillas.

Qué equivocado está, pero no voy a discutírselo. No cuando… cuando por fin lo he hecho. Siento un alivio inmediato.

Relleno el formulario, pero no consigo concentrarme durante las dos horas siguientes que paso trabajando en el despacho.

Después de clase, vuelvo a reunirme con el profesor Lawrence para hablar de mi tesis y, al terminar, por fin me quedo libre para ir a buscar a Foster y decirle que estoy preparado.

Para acostarme con él.

Y espero poder engañarlo lo suficiente para que crea que sé lo que me hago.

Su residencia está de camino a la mía, y aprovecho el paseo para reunir todo el coraje que necesito. Me lo imagino abriendo la puerta recién salido de la ducha y yo dirigiéndome directamente a él para plantarle un beso y aprisionarlo contra la pared y…

La puerta del edificio está cerrada.

No fastidies.

Me quedo un rato esperando por si pasa alguien y poder así colarme cuando abra la puerta, pero parece ser que el día se ha propuesto aguarme la fiesta. Cuando admito mi derrota, saco el móvil y llamo a Foster.

¿Hasta qué hora entrenará? ¿Debería irme a cenar y volver después?

—¿Zach? —Oigo su voz a mis espaldas. Cuelgo la llamada de golpe y me giro. Madre mía, ¿cómo había olvidado lo guapo que es? —¿Qué haces aquí?

—He hablado con el profesor Lawrence.

—¿No me digas? —Deja que la puerta se cierre.

—Sí, y me había montado todo un numerito en mi cabeza en el que llamaba a tu puerta, tú abrías y yo saltaba sobre ti y te decía que se había solucionado todo y que ya podíamos hacerlo y…

—Zach, respira.

Respiro.

—Gracias.

—¿Has venido a decirme que te apetece acostarte conmigo?

Ay, señor. Trago saliva.

—Sí. Estoy listo y… —Me detengo cuando lo veo con la bolsa de hockey—. ¿Ibas a entrenar?

Asiente mientras me repasa el cuerpo con la mirada, y contengo un escalofrío.

—Bueno, qué inoportuno. —Me obligo a reír—. Quizá podamos posponerlo.

Foster se acerca a mí y, cuando desliza los dedos bajo mi barbilla, casi se me escapa una risita del cosquilleo que me recorre toda la cara. Se inclina un poco.

—¿Quieres que vaya a verte cuando acabe el entrenamiento para que te agarre fuerte mientras nos corremos en tu cama?

No sé cómo no me deshago ante esa imagen.

—Sí, por favor.

—Quiero algo antes —propone tras soltarme y retroceder un poco.

—Lo que sea.

—Quiero que salgamos.

¿Perdón?

—¿Qué?

—Sí, quiero que hagamos algo juntos.

—Estás hablando de tener una cita de verdad, ¿no? —Me tiembla la voz.

—Sí.

—No hace falta que…

—Sé que no hace falta. ¿Es tu forma de rechazarme? ¿Debo entender que solo me quieres por mi cuerpo?

Me arden las mejillas.

—Nunca he visto tu cuerpo.

—De momento.

—Me cago en mi vida.

Foster se ríe.

—Este fin de semana tú y yo vamos a salir, y ya veremos qué pasa después.

—Nos acostaremos. —Trago saliva—. Tenlo por seguro.

Foster se ríe más fuerte y se tira de la tela de la entrepierna.

—Te has propuesto que me pase todo el entrenamiento con el mástil levantado, ¿eh?

—¿Eso hará que pienses en mí?

—Estás dando por hecho que no lo hago ya —responde, y su mirada se suaviza.

No puedo evitar sonreír. Como tampoco puedo evitar dejarme llevar por el momento. No me preocupo por lo que ocurrirá después. Él me deja hecho un manojo de nervios y excitación, y me doy cuenta de que voy a tener otra primera vez.

Me toca documentarme sobre el mundo de las citas .