En la misma pista (CU Hockey 1) 10 ZACH #2
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10 ZACH #2

Nos conocemos desde hace tres años y siempre tuve la impresión de que era agradable por compromiso.

Apenas interactuábamos, a no ser que estuviera su familia delante, aunque sí que, en alguna ocasión en la que yo empezaba a divagar contando algo, lo descubría mirándome con una sonrisa que no lograba descifrar.

A veces parecía de lástima.

Otras era más tierna.

Pero siempre tuve la impresión de que él sabía algo que yo no.

—¿Por qué lo haces? —me obligo a preguntar—. ¿Por qué insistes en esto de las experiencias y demás?

Foster enarca las oscuras cejas.

—¿Hace falta una razón?

—Sí, porque toda acción cuenta con una motivación.

Frunce los labios mientras lo medita.

—¿Por qué no puede ser simplemente porque disfruto de tu compañía?

—¿Disfrutas de pasar tiempo conmigo?

—¿Tan difícil es de creer? A Seth le gusta y siempre ha tenido buen criterio.

Ya, pero a Seth le gusta sentir que lo necesitan y yo se lo concedo. Sigo sin descifrar qué es lo que le atrae a Foster de mí.

—Sigo sin entenderlo.

Se acerca más y me da un toquecito en la mejilla.

—Si fueras cualquier otra persona, pensaría que estás mendigando un cumplido, pero me lo preguntas de verdad. ¿No?

—Sí.

—Está bien… Supongo que porque eres… tranquilo.

—¿Tranquilo?

—Sí. La gente que conozco va siempre a todo trapo. Mis amigos, mi equipo, incluso mis citas. Como si intentaran ser la persona que creen que deben ser. Tú, en cambio, no tienes ese impulso. Solo eres… tú.

—No sé ser otra persona.

Nuestras miradas se encuentran y, cuando me sonríe, imito su expresión.

—Bien, porque me gusta tu versión de ti.

—Si te sirve de algo, tú también eres tranquilo.

No sé cómo expresarlo, porque me cuesta mucho convertir mis sentimientos en palabras, pero, cuando te tengo cerca, noto cierto…

alivio. Será porque nos conocemos desde hace tiempo y, por eso, esto no me resulta tan…

¿nuevo? O sea, sí, pero no. —No sigo, porque estoy a nada de empezar a divagar y entonces veremos si sigue pensando que soy tranquilo.

Vuelve a reinar el silencio entre los dos y yo levanto la vista a los trazos de color que pintan el cielo. El día ha sido extraño como poco y, aun así, lo único en lo que puedo pensar es en el agua congelada, en las sonrisas y en el atardecer rojo fuego que ilumina el rostro de Foster.

Se recoloca a mi lado y acaba más cerca de mí, lo que provoca que un escalofrío me recorra todo el cuerpo. La mano en la que está apoyado roza la mía y las puntas de sus dedos se entrelazan con las mías.

Lo que, por supuesto, me acelera el pulso hasta notarlo en el cuello.

Foster no hace nada más y no tengo claro si ha sido intencionadamente o sin querer. ¿Será un gesto amistoso? ¿Se habrá dado cuenta siquiera?

¿Cómo no se iba a dar cuenta si tengo la mano temblando?

Ojalá no espere que sepa lo que está pasando, porque hace rato que me perdí.

—¿Sabes? —dice cuando cae la noche—. Es una lástima que lo de los primeros besos sea más cosa del instituto. Habría sido genial vivir esa experiencia contigo.

Y… se me fríe el cerebro. ¿Cómo que primeros besos? ¿Es que me habría besado? ¿Quiere besarme ahora?

Dios, ¿cómo se me ocurre? Estamos hablando de Foster. Seguramente lo diga de forma hipotética. Además, lo único más vergonzoso que decirle que no lo he experimentado, o no como se supone que debería ser, sería que un excremento de pájaro me cayera en la frente.

Ah, claro, que eso ya ha sucedido. Por tanto, mi virginidad, en cuanto a besos y todo lo demás, seguirá siendo un secreto para la posteridad.

Él se toma dos cervezas, pero yo tengo bastante con una.

Nos quedamos mirando al cielo y hablando de todo y nada.

Aunque no entiendo nada de hockey, me gusta ver cómo se le ilumina la cara a Foster cuando habla de él.

Se nota que le tiene mucho cariño a su equipo y que confía en sus planes de futuro.

Me descubro desilusionado cuando me dice que ya es hora de volver.

—Has bostezado cinco veces en los últimos diez minutos. —Foster estira el brazo para ayudarme a ponerme en pie—. Deberíamos irnos ya.

—Pero no quiero…

Él me da un abrazo de lado fugaz del que disfruto tanto como me permite. Ha durado demasiado poco.

—Aparte de que estás muerto de cansancio, yo mañana entreno temprano y el entrenador me matará si llego arrastrándome y no puedo patinar.

—Que sepas que es tu culpa.

—¿Demasiadas emociones para un día? —pregunta mientras recoge.

—Algo así.

Dejamos todo en su habitación antes de que insista en acompañarme hasta mi residencia y me río para mis adentros cuando recuerdo las bobadas que ha dicho sobre la arquitectura.

—Quiero que hagamos una apuesta —propone Foster cuando llegamos a Albany Hall.

—Una apuesta…

—Creo que sé cómo conseguir que entiendas las dinámicas de equipo a nivel práctico con tan solo una palabra.

Pongo los ojos en blanco.

—¿Ya estamos con esas? Es imposible. Me he estudiado todos los materiales del curso, pero no existe ninguna teoría que refleje situaciones de la vida real en las que el egoísmo no se sobreponga al trabajo en equipo. He de comprenderlo en la teoría para hallar la relación en la prác…

—Una palabra. Si lo consigo, tendrás que venir al partido de pretemporada de la UC contra la UVM que jugamos el fin de semana que viene.

—No voy a partidos de hockey.

—Irás, y te pondrás mi camiseta.

Echo la cabeza hacia atrás de la carcajada que me sale. Es la mayor tontería que ha dicho nunca.

—Sé que los jugadores de hockey tenéis mucho ego, así que voy a suavizártelo: no tengo una camiseta con tu número.

Foster no se da por vencido.

—Pero Seth sí. Pídesela.

—De todas formas, es imposible que ga…

—¿Entonces qué te impide aceptar la apuesta?

Su mirada desafiante me frena en seco.

—Tienes solo una palabra.

—Simbiosis. —Sonríe.

Simbi… ay, no.

—Te espero. —Foster se cruza de brazos. Parece muy satisfecho.

—Dos organismos diferentes con una relación de beneficio mutuo.

—Se complementan. Aunque sean diferentes y disten sus métodos para lograr un objetivo, trabajan codo con codo para sacar lo mejor del otro. En eso consiste ser un equipo.

Dejo caer la cabeza.

—Mierda, qué sencillo era.

Foster comienza a caminar hacia atrás.

—Qué ganas tengo de ver cómo te queda mi camiseta. —Se da la vuelta y se marcha antes de que pueda protestar .