En la misma pista (CU Hockey 1) 7 FOSTER
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H e salido corriendo de la habitación de Zach antes de hacer algo que mi hermano jamás me perdonaría.

Cómo me ha gustado que se sonrojara.

Cómo me ha gustado que divagara sin ser capaz de mirarme a los ojos.

Siempre me ha parecido adorable, pero era un encaprichamiento bastante manejable que mantenía a raya. Pero cuando ha empezado a soltar cosas como «nivel de activación óptimo» he estado a punto de enseñarle cuál era el mío.

Resulta que es él.

Y menuda mierda, porque Seth me dejó las normas claras como el agua.

Zach no se toca.

Hasta ahora me había ido bien. He mantenido las distancias y evitado conocerlo mucho durante estos tres años.

No tiene por qué cambiar nada. Aún puedo ser su apoyo sin tener que quedar con él.

Creía que iba a tener que evitarlo toda la semana, pero parecer ser que los dos hemos pensado lo mismo.

Supongo que al final no necesitaba mi ayuda. O quizá no la quiera.

Eso no quita que vaya a mi casa este fin de semana con la esperanza de que esté allí con Seth.

Pero no está.

Tampoco me impide no perderlo de vista durante toda la clase de Psicología del Deporte del lunes por la mañana.

Él no levanta la cabeza y mantiene los ojos fijos en la pantalla del ordenador mientras toma apuntes del machacado discurso del profesor Lawrence, que nos está contando las mismas tonterías que nos enseñaron ya los entrenadores en primero.

Me pregunto si estará evitando el contacto visual conmigo o si de verdad tiene que concentrarse tanto en la clase para saber a qué agarrarse cuando le entreguemos los trabajos que tiene que evaluar él.

Hace casi una semana de nuestro encuentro.

Necesito una excusa para hablar con él.

—Entonces, aún no has rematado —dice Jacobs a mi lado—. ¿Quién sería capaz de rechazar al mismísimo Foster Grant? ¿Es que no sabe quién eres en esta universidad o qué?

—No es eso. Él me ve como el hermano molesto y arrogante de su mejor amigo. —O así debería verme.

—¿Quieres que te ayude a ponerlo celoso? —Me pasa el brazo por los hombros. El movimiento debe de haberle llamado la atención a Zach, porque gira la cabeza y sus ojos verdes se posan en mí.

Me deshago del agarre de Jacobs, que se ríe.

—Oye, ha funcionado. —Señala con la cabeza en dirección a Zach.

El ceño fruncido le queda bien a Zach. Con esa carita redonda, parece más bien un estudiante de último curso del instituto, en vez de un hombre que estudia un máster.

—Seguramente lo que le haya molestado es que estemos interrumpiendo la clase —comento—. ¿No aguantas quieto una hora y media o qué?

—No.

—Para sorpresa de nadie —me burlo.

Doy golpecitos en la libreta con el bolígrafo pensando en razones para hablar con Zach cuando acabe la clase. No hay nada de malo en ver cómo le va. Es lo que me pidió Seth que hiciera.

Cuando por fin llega la hora, le espero al salir, igual que la última vez. Sin embargo, pasa tanto tiempo que termino asomándome al interior de la clase y me doy cuenta de que debe de haber salido por la puerta lateral.

Venga ya.

El resto del día se me pasa tan despacio que empiezo a cuestionarme si me muevo a cámara lenta.

Me estoy volviendo loco por no ver a Zach.

Por estadística, ya deberíamos habernos encontrado por el campus. Que no haya ocurrido me lleva a pensar que está haciendo lo que Seth me dijo que siempre hace: esconderse en su habitación.

Seth quiere que Zach haga amigos y me dijo que estuviera pendiente de él. Por tanto, es mi deber como ciudadano invitarle a salir por ahí esta noche. Estoy siendo responsable.

Exacto.

—A la mierda —murmuro para mis adentros.

Salgo corriendo hacia mi habitación para darme una ducha rápida y cambiarme de ropa antes de irme en dirección contraria a la fiesta de estudiantes LGBTIQ+ a la que tenía pensado acudir. En cambio, mis pies me llevan hacia el Albany Hall.

Mi carné de estudiante no sirve para abrir la puerta del edificio porque no es mi residencia, pero justo cuando llego está saliendo una persona y me sujeta la puerta para que pase.

—Gracias.

—De nada, Grant.

No me suena de nada, pero se ve que a mí sí que me conoce. Cosas de estar en el equipo de hockey de esta universidad.

Subo a zancadas las escaleras hasta el dormitorio de Zach y llamo a la puerta.

Se oye un movimiento en el interior, pero se hace el silencio. Vuelvo a tocar.

—¿Zach?

El sonido de los pasos se vuelve más fuerte y me abre la puerta. Lleva unos pantalones de chándal y una camiseta desgastada.

—¿Foster? ¿Qué haces aquí?

—¿Ya has dado el día por terminado? —le pregunto repasando su cuerpo delgado de arriba abajo.

Lleva el pelo revuelto, las gafas un poco sucias y da la sensación de que lo he despertado de una siesta tardía.

Él no me responde. Agacha la cabeza y juega con el dobladillo de la camiseta.

—No me estoy burlando de ti —me apresuro a decir.

—¿Qué? —Levanta la cabeza.

—Que no es por molestarte. Solo digo que pareces haberte puesto… cómodo. —Y para mojar pan, pero ni en broma digo eso en voz alta.

—Ah, sí. Iba a pedir algo para cenar y a acostarme después de estudiar un rato.

¿Por qué parece que me apetece mucho más ese plan que ir a mi fiesta? Pero no en mi cuarto, sino en este.

¡Céntrate, hombre!

—¿Querías algo? —pregunta Zach. No ha abierto la puerta por completo, solo lo justo para que quepa su cuerpo. ¿A qué vendrá eso?

—Mierda, ¿es que estás con alguien? —¿Quién? ¿Con quién está?

—¿Qué? No.

¿Por qué será que no me lo trago?

—¿Entonces estás siendo antipático a propósito? ¿No es de mala educación dejar a una persona en la puerta cuando viene a verte?

—¿No es de mala educación presentarte en casa de alguien sin avisar?

— Touché . —Saco el teléfono y envío un mensaje. Su teléfono suena detrás de él, en alguna parte de la habitación—. Deberías ir a mirarlo. Parece importante.

Se le dibuja una sonrisa. Ya era hora.

—¿Vas a decirme qué haces aquí o qué?

—He venido por dos razones. La primera es que supongo que, ante tu falta de comunicación, doy por hecho que ya entiendes mucho mejor la dinámica de equipo y los objetivos individuales.

—Lo suficiente como para evaluar los trabajos de clase.

—Pero no lo bastante como para entenderlo —respondo entrecerrando los párpados.

—¿Y?

—Tomas muchísimos apuntes en clase, lo que indica que sí que quieres entenderlo porque aún no te queda claro cómo es posible que funcione a nivel práctico, y te está volviendo loco.

Él carraspea.

—¿Y la segunda razón de tu visita aparte de para recordarme que no pinto nada en tu asignatura?

—Ah, pues porque me iba a una fiesta LGBTIQ+ y quería invitarte.

Empiezo a darme cuenta de que, para hablar con Zach, hay que respetar sus tiempos de procesamiento de información. Como si su mente robótica necesitara un rato para analizar y asimilar las palabras.

Zach suelta un suspiro con los ojos llenos de decepción.

—Te lo ha pedido Seth, ¿no?

—¿A santo de qué iba a pedirme Seth que te llevara a una fiesta así?

—Hemos hablado antes y no paraba de insistir en que debía hacer amigos. Puede que sea incapaz de desenvolverme socialmente, pero sí que sé que los heteros no vais a eventos queer sin segundas intenciones. Eres consciente de que las lesbianas pasan de acostarse con vosotros, ¿no?

Ahí está la respuesta a qué le había contado Seth sobre mí.

—¿Sabes a qué se refiere la «B» en «LGBTIQ+»?

—Caray, ¿ahora vas a hacerme heterosplaining? ¿A mí?

Vale, esto empieza a cabrearme, pero tampoco me disgusta. Me gusta que se ponga gallito, igual que cuando puse en duda su capacidad para dar clases.

Sonrío.

—Chicas bis y tríos, no te digo más.

—Eres asqueroso. —Intenta darme con la puerta en los morros (bien merecido, por otra parte), pero lo detengo atrancándola con el pie antes de que cierre.

—Zach…

—¿Qué pasa?

—Te la estaba colando. Soy bisexual. —Me mira como si no me creyera—. Te lo puedo demostrar si quieres, pero creo que Seth me diría de todo menos «guapo».

Vuelve a abrir la puerta.

—Eres bi… —Otra vez analizando las palabras.

—No es un secreto del todo. Creía que a estas alturas ya habrías oído algo.

—He oído que eres un poco promiscuo.

—Claro —respondo poniendo los ojos en blanco—. Ya estamos con los estereotipos de siempre sobre los bisexuales.

—¿Entonces no te has acostado con media universidad?

—Con un cuarto si acaso. Bueno, un tercio quizá. Tú que eres más listo, ¿qué hay entre un tercio y un cuarto? Las fracciones se me dan de pena.

Frunce el ceño.

—Tranqui, es broma. No soy virgen, pero tampoco es para tanto. —Otra mueca—. Te juro que mi reputación exagera la realidad.

—Y eres bisexual.

—Sí. Me atrae la gente, no lo que tiene entre las piernas. Aunque creo que eso es lo que dicen los pansexuales.

No para de examinarme con esos ojos verdes.

—¿Quieres llamar a mi hermano para asegurarte de que no he venido por una cita de caridad?

—¿Una… c-cita? —Retrocede—. No has mencionado que era una cita.

Mierda, no pretendía sonar así. Se me ha escapado la palabra sin querer. No es una cita. Solo quiero mostrarle al nuevo un lugar seguro con gente afín a él.

—Ya sabes a lo que me refiero —respondo gesticulando en el aire.

—En re-realidad… Espera, ¿Seth sabe que eres bi?

—Desde adolescentes.

—Nunca… lo ha mencionado.

—¿Te habría parecido bien que me contara él a mí que eres gay?

—¿No te lo dijo? —pregunta ladeando la cabeza.

—Qué va, fuiste tú. Durante un Acción de Gracias creo, hará tres años.

—¿Entonces por qué…? —Sus ojos reflejan el mayor desconcierto que he visto nunca en él, y ya es mucho decir—. No entiendo por qué Seth nunca me dijo lo tuyo.

Me encojo de hombros como si no lo supiera. Seth quería salvaguardar su amistad con Zach y eso implicaba que yo no la arruinara liándome con él.

—Quizá quisiera respetar la privacidad de su hermano o mi derecho a contarlo yo.

—¿Hay alguien que no lo sepa?

Caray. Me rasco la nuca.

—Bueno, mis padres, por ejemplo. Así que, si alguna vez estás con ellos, no lo menciones.

En la universidad se sabe, pero tampoco voy anunciándolo a gritos.

No salí del armario en la portada del periódico del campus, aunque llegaron a pedírmelo.

No quiero darle importancia, ya sabes. Soy quien soy y punto.

—Entiendo que no quisieras contarlo en el periódico, ¿pero qué pasa con tus padres? Conmigo siempre han sido muy simpáticos.

Ya, pero tú no eres su hijo.

—¿Vienes conmigo a la fiesta o qué? —pregunto para cambiar de tema—. Porfa, y te cuento mis secretos más oscuros de camino.

—Prométeme que esto es cosa tuya y no de Seth —me exige con un largo parpadeo.

—Hoy no he hablado con él. —Levanto las manos en señal de juramento.

Zach se queda mirando su atuendo.

—Tengo que cambiarme.

—Aceptaría con mucho gusto esa invitación a entrar a tu cuarto.

—Ahora salgo.

Casi. Maldita sea .