2 ZACH #2
Trato de calmarme, pero mi instinto se retuerce por las ansias de justicia. Yo solo quería tomarme un café tranquilito sentado en un banco mientras observaba absorto cómo el resto del mundo me ignoraba.
Y, en cambio… Me sonrojo y miro alrededor para comprobar que nadie lo ha visto.
Si algo quería hacer en Colchester era pasar totalmente desapercibido, pero, cómo no, el pajarito tenía que escogerme a mí de entre toda la gente que hay para lanzar un proyectil a las pocas horas de que haya llegado a la universidad.
He cambiado de opinión: esta sí que ha sido la guinda del día.
No, no permitiré que me afecte. Me daré una ducha (otra) y asunto arreglado. No me lo tomaré como una señal de que la Universidad Colchester me detesta.
Sería un pensamiento irracional. ¿No se supone que la caca de pájaro da buena suerte? Aunque no crea en esas tonterías, sería un necio si no aprovechase el lado positivo de dichas creencias. Ha sido un caso fortuito que, por estadística, podía pasar.
No voy a llorar.
—Por favor, dime que lo que tienes en la cara es mierda de pájaro y no otro tipo de líquido blanco y viscosillo.
Esa voz… Qué va, imposible. No. Y menos ahora. Me cuesta respirar, pero me giro para encontrarme con el gemelo de mi mejor amigo observándome y tratando de contener la risa sin mucho disimulo. ¿Cómo era esa expresión? Ah, sí.
Me cago en mi vida .
Y lo digo en serio. Me cago en esta simulación de mi vida.
Foster Grant es de los hombres más atractivos que he visto, si no el que más. Y, teniendo en cuenta la dirección que ha tomado mi vida desde que ha empezado el día, tiene sentido que me haya encontrado en este estado.
—Sí, gracias.
¿Gracias? ¿Pero qué demonios le estoy agradeciendo? Noto cómo me arden las mejillas y trato de recordarme que las emociones son pasajeras, se pueden controlar.
Pero la química no.
Y la reacción que me provoca me cortocircuita las terminaciones nerviosas. Tener a Foster aquí se escapa por completo de mi control.
—¿Un mal comienzo? —insiste Foster tratando de retomar su primera pregunta.
—No te esmeres en mostrar empatía, es a mí al que se le ha cagado un pájaro.
Me apresuro a agarrar mi café, el que por suerte está intacto, y a retomar la que espero que sea la dirección correcta hacia Albany Hall.
Pensamientos positivos, Zach…
A la mierda la positividad. ¿Por qué me pasa esto a mí?
Foster me alcanza sin mucho esfuerzo.
—Parece que alguien te ha deseado mucha mierda esta mañana.
—Mira cómo me parto. Pero no. Todo fluye a la perfección.
—Eso ya lo veo.
Me atrevo a echar un vistazo rápido en su dirección para encontrármelo mirándome a la cara. Bueno, más bien al desastre que es mi cara. Me lanza una amplia sonrisa, de esas que siempre me dedica y que provocan que las rodillas se me conviertan en gelatina.
—¿Hay alguna razón por la que insistas en atormentarme? Estoy intentando huir.
—Sí, porque mi día se ha vuelto mucho más interesante.
—Me alegra haber contribuido a ello. —¿Dónde rayos está mi residencia?
—Te veo perdido.
—Pues no lo estoy. —Él sonríe, pero no añade nada más—. Que no.
—Entonces menos mal que no pretendías ir al Albany Hall.
Saco el teléfono. Sí, me he vuelto a equivocar.
—Quería tomar el camino más agradable a la vista.
Foster se ríe y yo tengo que tragarme el nudo que se me forma en la garganta.
Un momento.
Me detengo de golpe.
—¿Cómo sabes cuál es mi residencia?
—Pura suerte. —Desvía los profundos ojos marrones hacia la izquierda.
Ah, no. Eso sí que no.
—¿Me estabas buscando?
—Zach, sin ánimo de ofender… ¿A santo de qué iba yo a querer buscarte?
—Seth te contó que venía, ¿a que sí?
—Pues… —Se rasca la nuca—. Puede que lo mencionara.
¿Que lo mencionó? Estoy seguro de que lo mencionó cuando fue derecho a pedirle a Foster que me echara un ojo. Aprieto los labios para mantener a raya la frustración.
—Ya puedes informarle de que me has encontrado y que va todo bien…
—Excepto por lo de la mierda de pájaro.
—Quitando la desternillante mierda de pájaro, sí. Agradecería que no le comentaras esa parte.
Algo que no quiero entrar a analizar ahora mismo cruza la cara de Foster.
No sé si es empatía o lástima, pero me da igual.
No puedo quedarme aquí mirándolo mucho más tiempo porque en mi cabeza ya estoy analizando cuánto ha cambiado desde la última vez que lo vi en las vacaciones de primavera.
Las pasé en Vermont con la familia de Seth en vez de ir a ver a la mía a Wisconsin.
¿Cómo ha conseguido Foster estar aún más bueno?
—Bueno… —Le da una patada al pavimento antes de que un grupo de chicos con cazadoras azul marino y plata que camina en nuestra dirección capte su atención. Uf, jugadores de hockey—. Si me necesitas, aquí me tienes.
—Te agradezco la propuesta. —Aunque en realidad no lo sienta—. Soy consciente de que Seth se cree que necesito un niñero, pero, para su sorpresa, verá que puedo arreglármelas muy bien solo. Ni siquiera tendremos que vernos.
—Si eso es lo que quieres… —responde Foster con el ceño fruncido.
—Sí.
Me largo antes de que sus amigos nos alcancen. Me gustaría acabar el día con la poquísima dignidad que me queda.
—¿Qué llevaba ese en la cara? —oigo que pregunta uno.
Sabía que pedía demasiado .