En la línea de fuego 713
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Ni siquiera podía girarme para ver a Beth. Me pregunté si estaría bien, si podría haber sufrido heridas graves, incluso mortales. Pero al no escucharla, me temí lo peor.

El pánico empezó a apoderarse de mí mientras luchaba por mantener la calma y evaluar la situación en la que me encontraba. No podía permitirme perder el control ahora.

Tenía que encontrar una forma de ayudarlos y salir de aquí.

Con un esfuerzo titánico, intenté moverme, pero el dolor me dejó sin aliento. Sentí un fuerte dolor en mi costado y un intenso mareo que amenazaba con hacerme perder el conocimiento. Estaba atrapada en esa posición, sin poder hacer nada más que tratar de mantener la calma.

Con las manos temblorosas, busqué desesperadamente el botón del cinturón de seguridad. Mis dedos encontraron el pequeño dispositivo, pero al intentar presionarlo, parecía estar atascado. Lo intenté una y otra vez, pero el cinturón no cedía. El mareo se intensificaba y sentía que el mundo giraba a mi alrededor, pero no me rendí. Seguí intentándolo con todas mis fuerzas.

Con un último esfuerzo, logré presionar el botón con la suficiente fuerza como para que correspondiera y me liberara de él. Antes de caer hacia adelante, instintivamente levanté los brazos para proteger mi cabeza, evitando golpearme contra el techo del coche.

Intenté abrir la puerta, pero estaba atascada. El tronco de un árbol bloqueaba mi salida, impidiendo que la puerta se abriera por completo.

Entonces, vi cómo el tronco del árbol se iba inclinando lentamente, hasta que cayó estruendosamente hacia el lado opuesto, liberando la puerta. Por un momento, pensé que había sido yo. Pero era imposible que pudiese mover un árbol tan pesado de esas dimensiones.