En la línea de fuego 714
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Volteé la cabeza hacia Nolan, que aún tenía los ojos cerrados. Pero sabía que había sido él. Lo sabía perfectamente.

—Tienes que. . marcharte.

Las palabras de Nolan fueron un susurro débil, apenas audibles. Su voz estaba cargada de dolor y esfuerzo, pero su determinación era evidente. Una oleada de asombro y gratitud me recorrió mientras me daba cuenta de que Nolan, incluso en su estado, había intentado ayudarme.

Me arrastré con cuidado por el suelo hasta que noté la tierra húmeda y fría del bosque. Una vez fuera, me puse de pie tambaleándome, sintiendo cada músculo adolorido por el impacto. La cabeza aún me daba vueltas a la mínima cosa que hacía, pero no podía dejar que eso me afectara.

Rodeé el coche, que estaba volcado completamente al revés, y me agaché a la ventanilla de Nolan. Me incliné hacia él, con cuidado de no causarle más daño, y comencé a liberar su cinturón de seguridad.

Cada movimiento era lento y meticuloso, consciente del dolor que podía estar experimentando. Cuando finalmente logré liberarlo, lo sostuve con delicadeza, preparada para ayudarlo a salir.

Tuve que hacer todos mis esfuerzos para sacarlo del coche. Lo dejé tumbado en el suelo y me dirigí hacia la parte trasera del vehículo, donde estaba Beth. Con cuidado, abrí la puerta y la encontré inconsciente, pero respirando.

Afortunadamente, pude arrastrarla con más facilidad que a Nolan, pero aún así me suponía un esfuerzo considerable.

Me alejé del coche volcado y busqué un lugar seguro para tumbarla.

Me arrodillé a su lado y comencé a revisarla. Por suerte, no parecía tener tantas lesiones. Solo presentaba algunos 715

rasguños en su rostro y un fuerte golpe en la cabeza, lo cual explicaba su estado inconsciente.

Sin duda la mayor parte del impacto la había recibido Nolan.

—¿Cómo. . está?

Su voz me obligó a girarme nuevamente hacia él.

—Bien. Respira.

Él asintió débilmente.

—Tienes que. . marcharte.

—No voy a irme.

—No hay tiempo. . Date. . prisa.

—No.

—Te quieren. . a ti —murmuró con dificultad.

—Me da igual.

—Jules. .

—No me iré.

—Eres una. . maldita. . cabezota.

Una sonrisa débil se dibujó en mi rostro.

—Lo sé, ahora sueles decírmelo con frecuencia.

Él intentó devolverme la sonrisa, pero su gesto parecía tan forzado que me partió el alma. Era evidente que incluso algo tan simple como sonreír le resultaba un esfuerzo titánico. Me estaba doliendo hasta lo más profundo de mi ser verlo en ese estado.

Traté de levantarlo para ponerlo en pie, sin embargo, me di cuenta de que era imposible. Ni siquiera en condiciones normales habría sido capaz de manejar su peso, y mucho menos en su estado actual.

—No puedo. . moverme. —Su voz se desvanecía mientras hablaba, y su mirada se volvía cada vez más vidriosa—. Ha-716

blo. . en serio, vete.

Sabía que el tiempo era crucial, pero dejarlo atrás era una idea que me resultaba inconcebible.

Entonces, mientras lo miraba, vi lo mucho que estaba su-friendo. Sus palabras apenas salían de sus labios, y su rostro estaba marcado por un dolor y una angustia que me estremeció.

Decidí concentrarme en él, cerrando los ojos y bloqueando todo lo demás a mi alrededor. Nolan pareció darse cuenta y me preguntó qué estaba haciendo, pero no respondí.

Ignoré el ruido y el caos que nos rodeaba y obligué a mi mente a centrarse en él, en su bienestar, en su fuerza interior. Respiré profundamente, dejando que la energía fluyera a través de mí.

—¿Qué estás. . haciendo? —balbuceó.

Mientras me sumergía en la concentración, una sensación de calidez y paz comenzó a extenderse a través de mí. Era como si estuviera envuelta en una luz cálida y reconfortante, una luz que emanaba de mi propia esencia y se extendía hacia Nolan.

—No lo hagas, Jules. No merece. . la pena —me suplicó al darse cuenta al fin de lo que estaba haciendo.

Sin embargo, ya era demasiado tarde. Había intentado quitarle el dolor, compartir su carga. Y, en ese momento, su-pe que lo había logrado. La mirada de Nolan se volvió un po-co más viva. El sufrimiento parecía haberse disipado gradualmente.

—Sí que la merece —murmuré—. Tú mereces la pena.

Una preciosa y débil sonrisa se dibujó en sus labios.

—No. ., no lo. . entiendes. Me. . estoy muriendo, Jules.

—¿Qué? —inquirí en un hilo de voz.