En la línea de fuego 711
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—Pero, no tiene sentido. Nolan también es capaz de hacerlo, y al menos él sabe cuándo usar sus habilidades. Yo, en cambio, no puedo controlar las mías. Ni siquiera cuando lo intento.

—Eso es lo que te hace tan peligrosa para ellos, Jules —intervino Nolan—. No les gusta que no puedas controlar tus habilidades.

Hubo un breve silencio en el vehículo.

—No es solo eso, ¿verdad? —deduje con un tono de voz más bajo—. Porque, de ser así, simplemente me retendrían de nuevo en algún lugar oculto, lejos de la sociedad. Tal y co-mo hicieron cuando era pequeña.

Nolan asintió lentamente.

—Ningún sujeto del experimento de Nathaniel ha demostrado tener más de una habilidad. Solo lograron desarrollar una. Tú, en cambio, desarrollaste dos. Y de las más peligrosas. Eres capaz de causar dolor en los demás y destruir objetos con la mente.

Nunca me había detenido a pensar en ello, pero ahora, con las palabras de Nolan, la realidad se desplegaba ante mis ojos como un rompecabezas complejo que finalmente comenzaba a tomar forma. Me pregunté cómo era posible que yo, una simple joven, hubiera desarrollado dos habilidades tan poderosas.

—¿Eso me convierte en una asesina? —pregunté, tragando saliva con fuerza para deshacer el nudo en mi garganta.

—No, Jules —respondió Nolan con firmeza, volteando un segundo para mirarme a mí—. Tú no eres ninguna. .

Abrí mucho los ojos por la súbita aparición de una enorme sombra negra acercándose rápidamente a la ventana de Nolan.

—¡Nolan, cuidado! —grité, pero mi advertencia llegó de-712

masiado tarde.

Un violento impacto sacudió el costado del vehículo, lanzándolo fuera de control. El coche se tambaleó hacia un lado y se precipitó por una colina, arrastrándonos en una caída vertiginosa hacia lo desconocido.

El mundo parecía dar vueltas sin control, mientras sentía golpes violentos en todo mi cuerpo. El sonido metálico retumbaba en mis oídos, mezclado con el estruendo de cristales rotos y el crujido del coche retorciéndose. Junto a eso, se sumaban los gritos que emergían de todos los ocupantes del vehículo.

Intenté aferrarme a algo, cualquier cosa que me proporcionara un poco de estabilidad en medio del caos. Pero era inútil. El vértigo me envolvía, y la sensación de pérdida de control era abrumadora. Solo podía cerrar los ojos con fuerza y rezar para que todo terminara pronto.

Finalmente sentí que el vehículo se detenía con un golpe fuerte, pero estaba demasiado mareada para comprender lo que estaba sucediendo. Todo a mi alrededor seguía dando vueltas sin parar.

Cuando logré abrir los ojos, enfocando mi vista, me di cuenta de que estaba boca abajo. Tan solo me sujetaba el cinturón, que se clavaba dolorosamente en mi cadera y mis costillas. Cada respiración era un esfuerzo doloroso, y mi cuerpo entero parecía protestar por el impacto.

Giré lentamente el cuello para ver a Nolan.

Estaba completamente inconsciente. Tenía una herida profunda en la cabeza, de la que brotaba mucha sangre, tanta que su pelo oscuro estaba empapado y mezclado con el rojo carmesí, creando una imagen aterradora.

Intenté llamar su nombre, pero mi voz parecía atrapada en mi garganta, ahogada por el miedo y el dolor agonizante.