En la línea de fuego 697
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No pensé en lo que estaba haciendo, simplemente me dejé llevar por un deseo tan intenso que me resultaba hasta verti-ginoso.

Sus labios eran tan suaves como imaginé cada vez que me había detenido a observar lo perfectos que eran. Cuando nuestras bocas se encontraron, pude percibir la sorpresa en la tensión de sus hombros, pero en un instante, esa rigidez se disipó, revelando las ansias que compartíamos por ese momento.

Colocó ambas manos en mi nuca para profundizarlo, trazando círculos en mi piel con su pulgar y logrando que se erizara por completo. Entreabrí mis labios para dejar que su deliciosa lengua saboreara la mía.

El calor que todo su cuerpo emanaba se fundió con el mío mientras nos entregábamos al beso como si no existiera un mañana. Cada roce de sus labios contra los míos enviaba una corriente eléctrica que recorría cada centímetro de mi piel, y la cosa incrementó cuando me mordió ligeramente el labio 698

inferior, haciéndome temblar de placer.

El sabor de sus labios era adictivo, y me arrepentí de no haberlo probado antes. Porque estaba convencida de que, si lo hubiese hecho, no habría querido besar jamás otros labios que no fuesen los suyos.

Mantenía sus manos en mi nuca, como si temiera que en cualquier momento pudiera alejarme. Pero no había nada que temer, porque yo había deseado tanto como él que llegara este momento. Para mí no existía nada más que su exquisita boca, sus suaves manos, su cálido aliento, su aroma embriagador que llenaba mis sentidos por completo.

Cuando Nolan rompió el beso, fue como si de repente me hubieran devuelto a la realidad. Cerré los ojos por un instante, tratando de retener en mi memoria cada pequeño detalle de ese instante que me había parecido simplemente irreal.

No quería que terminara, porque en ese beso había encontrado un refugio donde los problemas se disipaban y el tiempo parecía detenerse.

Alcé la mirada para encontrarme con sus ojos, y pude jurar que jamás los había visto brillar de esa manera.

—No tienes idea de cuánto tiempo he esperado este momento, princesa —susurró con intimidad, acariciándome la mejilla con cuidado—. Pero ahora no es el mejor momento.

El beso me había encerrado en una burbuja de satisfacción tan intensa, que olvidé la realidad en la que nos encontrábamos. Y, entonces, como si me hubieran lanzado una jarra de agua fría, el recuerdo de otra persona se interpuso en mis pensamientos.

—Landon —murmuré.

Nolan alzó una ceja, receloso.

—¿En serio se te ocurre mencionar a otro hombre ahora?

—Ha recibido una bala en el pecho —dije con urgencia, 699

recordando lo mucho que estaba sangrando cuando lo vi por última vez.

—A ver si lo adivino —comenzó a decir, cruzando los brazos—, Landon se interpuso en los planes del inspector y no dudó ni dos segundos en quitarlo de su camino.

Asentí con nerviosismo.

No sabía cuánto había pasado desde entonces, pues no llevaba la cuenta del tiempo que había estado dentro de esa furgoneta. Pero, si tenía una cosa clara, es que cada segundo que pasaba, la vida de Landon estaba en peligro.

Pasé por su lado, decidida a regresar hacia donde lo había dejado por última vez, a pesar de no saber a dónde estábamos ni cuánto nos habíamos alejado del cementerio. Pero no pude avanzar ni dos pasos, porque Nolan me detuvo por el brazo.

—Déjame ir —le pedí con ojos suplicantes—. Es mi amigo.

No voy a dejar que…

—Landon está bien —dijo de pronto, haciendo que me callara de golpe—. Ya me he encargado de eso.

Mis cejas se fruncieron.

—¿A qué te refieres?

—Nils y Amelia se lo han llevado en su coche patrulla. Están de camino al hospital.

Un peso se levantó de mis hombros cuando escuché esas palabras. Respiré con un poco más de tranquilidad al saber que por lo menos estaban yendo a por asistencia médica, aunque todavía no podíamos confirmar con certeza que los médicos pudieran hacer algo por él.

—¿Crees que se salvará? —inquirí, dejando entrever mi temor ante la respuesta que pudiese darme.

Nolan me miró con comprensión antes de contestar, eli-700

giendo cuidadosamente sus palabras.

—Lo importante ahora es que Nils y Amelia están yendo a por ayuda lo más rápido posible. Los médicos harán todo lo necesario para salvarlo.

Tragué saliva con verdadero esfuerzo, obligándome a asentir. Pero eso no me dejó mucho más tranquila.

—No iba a dejar que muriera —añadió—. Sé lo mucho que te importa.

Podría haber tomado decisiones diferentes. Podría haber priorizado la seguridad del grupo sobre la vida de un chico al que ni siquiera conocía, en lugar de tener que separarnos.

Pero no lo hizo.

—Gracias —murmuré con total sinceridad.

Al pensar en el grupo, me vino otra persona a la cabeza.

—¿Dónde está Beth?

—Aquí, de sujetavelas —se escuchó detrás de nosotros.

Giré la cabeza y la vi apoyada en el furgón de forma despreocupada, mientras uno de los guardias que había en el interior del vehículo, el que estaba de copiloto, golpeaba la ventana con tanto ímpetu que hacía temblar el cristal, y gritaba a mi amiga haciendo gesticulaciones muy exageradas para que abriera la puerta.

La escena era casi cómica: uno parecía estar al borde de un colapso, mientras que la otra parecía estar a punto de soltar un bostezo.

Mis ojos se desviaron irremediablemente hacia lo que se encontraba detrás de ella; el coche vacío de Nils. Estaba justo delante del capó del furgón, apenas los separaban unos pocos centímetros. No habían chocado de milagro. En el camino de tierra y piedras, se veía la marca de la maniobra que habían ejecutado para detener el vehículo forzosamente.