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Sin embargo, algo en el suelo captó mi atención. Bajé la mirada y allí, ante mis ojos, yacía un precioso ramo de flores.
Me agaché para cogerlas y busqué con la mirada a la persona que me las había dejado, pero mi calle estaba vacía.
Me permití contemplarlas de cerca. El ramo estaba compuesto por una variedad de flores en tonalidades rosas, desde suaves tonos pastel hasta vibrantes matices violeta. En el centro destacaba un ramillete de rosas de un rosa intenso y profundo, envuelto delicadamente en un papel de seda del mismo tono, que le daba un aspecto elegante y romántico. También había tulipanes, claveles. . Cada flor parecía haber sido cuidadosamente seleccionada y colocada, creando una armonía visual que inundaba mis sentidos.
Mis dedos se deslizaran con suavidad sobre los pétalos, a-preciando la exquisita combinación de colores y aromas. Fue en ese instante cuando noté un pequeño papel doblado. Al sacarlo, vi que tenía forma de mariposa.
En él había una nota escrita que decía:
"No sé cuáles son tus favoritas, así que he optado por todas.
Espero tener la oportunidad de descubrirlo algún día.
Enhorabuena por tu graduación, princesa."
-N.
* * *
Un fuerte golpe me sacó abruptamente de mis pensamientos. El vehículo se había detenido bruscamente, haciendo chirriar las ruedas.
No sabía lo que estaba pasando ahí fuera, pero no me dio tiempo a procesar posibles teorías cuando las puertas del 695
furgón se abrieron, cegándome repentinamente por la intensa luz del día.
Cuando mis ojos se adaptaron a la luz, vislumbré una figura a contraluz que poco a poco se fue esclareciendo, hasta que mi mirada aturdida reconoció ese hermoso rostro.
—Nolan —susurré.
—Te dije que no fueras con él. ¿Por qué eres tan cabez. .?
Pero no le dejé terminar.
Me abalancé sobre él y prácticamente me lancé a sus brazos, sintiendo un torrente de alivio y felicidad que apenas podía controlar al tenerlo cerca de nuevo.
Nolan, sorprendido al principio por mi repentino gesto, envolvió sus brazos alrededor de mi cintura en un abrazo que solo él podía lograr que llenara todo mi ser.
Cuando finalmente nos separamos, sus ojos recorrieron mi figura de arriba abajo, preocupados, buscando señales de cualquier herida. Sus dedos tocaron mi barbilla y me obligó a girar suavemente mi rostro para asegurarse de que no tenía ni un solo rasguño.
—¿Te han hecho algo?
Negué con la cabeza.
—Son los tulipanes.
—¿Qué? —preguntó, frunciendo sus espesas cejas.
—Mis flores favoritas —aclaré en un murmuro—. Son los tulipanes.
En ese instante, su expresión cambió, como si hubiese comprendido lo que estaba pasando. Había recordado otro fragmento de mi memoria. Pero, en realidad, ese recuerdo nunca se había desvanecido, simplemente había encontrado su significado ahora.
Ver esos preciosos labios curvarse en una pequeña sonri-696
sa hizo que un remolino de mariposas se manifestara en mi viente.
No sé si fue la adrenalina que fluía por mis venas o simplemente un deseo reprimido que no podía seguir controlan-do, pero entonces me incliné hacia él y estampé mis labios en los suyos.