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—Yo de usted no haría eso si quiere conservar su vida y la de su querida amiga.
Me sentía como una completa inútil, sin poder hacer nada mientras veía cómo los furgones se aproximaban cada vez más.
Cuando los furgones finalmente se detuvieron, las puertas traseras se abrieron de golpe, revelando a una docena de guardias armados que salieron rápidamente para dirigirse hacia donde estábamos.
Al ver de nuevo esos furgones fue cuando caí en una cosa.
Me habían estado vigilando durante todo este tiempo, por si revelaba una verdad que no querían que saliera a la luz.
—¿Por qué está haciendo esto? —preguntó Landon en un tono de desesperación, tratando de entenderlo.
—Porque mi deber, al igual que el suyo, es proteger esta comunidad. Y no puedo tener en ella a un individuo que atenta contra la seguridad.
—Nolan Jenkins ya no está en este pueblo.
—No me refiero a él.
Sus ojos volaron hacia mí.
Landon siguió la mirada del inspector y frunció el ceño al comprender lo que estaba tratando de decir, pero antes de que pudiera hablar, un estruendo sonido retumbó en mis oídos.
Observé a mi alrededor aturdida, sin saber de dónde había provenido ese sonido y quién lo había originado. Entonces vi horrorizada cómo una mancha de sangre roja se ex-pandía por el torso de mi amigo.
Mis ojos se abrieron súbitamente.
—¡Landon! —grité, mi voz temblorosa por la angustia.
Él se tambaleó hacia atrás con una expresión de sorpresa 686
y dolor en su rostro. Miró hacia abajo, hacia la herida en su pecho, como si no pudiera creer lo que estaba sucediendo.
Fui corriendo hacia él, pero no llegué a tiempo y se dejó caer en el suelo. Me arrodillé a su lado y con manos temblorosas empecé a presionar contra la herida.
—¡Landon, aguanta! —exclamé, con la voz quebrada por el miedo.
Landon yacía en el suelo, su respiración entrecortada mientras la sangre brotaba de la herida en su pecho. Pero lo que más me alarmó fue ver cómo la sangre también fluía por la comisura de sus labios, tiñendo su rostro pálido de un rojo oscuro.
Esa situación me trajo a un recuerdo doloroso que había enterrado durante muchos meses. Los recuerdos de Adler se entrelazaban con la imagen de Landon frente a mí, creando una maraña de emociones que amenazaban con hacerme perder la cordura.
A Adler no pude salvarlo, pero tenía la esperanza de que a Landon sí. Porque la sola idea de perderlo a él también. . era algo que simplemente no podía soportar.
—Es una lástima, era el mejor agente que tenía —dijo el inspector, impasible.
Observaba la escena con frialdad, su arma aún humeante en su mano. Había aprovechado el momento de distracción para dispararle, y no mostraba ningún remordimiento por lo que acababa de hacer.
Levanté la mirada hacia él.
—¡¿Qué ha hecho?! —grité, sintiendo cómo la rabia ardía dentro de mí como un fuego incontrolable.
Pero antes de que pudiese hacer algo más, los guardias me separaron de mi amigo, sujetándome con fuerza y arran-cándome del lado de Landon. Luché con todas mis fuerzas 687
por liberarme de ellos, pero eran demasiados y me superaban en fuerza.
—¡No! ¡Soltadme! —Me retorcí con desesperación.
El sonido de mi grito se mezclaba con el zumbido ensordecedor en mis oídos, mientras las lágrimas empañaban mis ojos y observaba impotente cómo dejaba atrás a mi amigo desangrándose. Si me separaban de él, no habría nadie que pudiera socorrerlo.
Foster iba a dejar que se desangrara.
Era un jodido monstruo enmascarado, al igual que su hermano.
Los dos guardias que me sujetaban me arrastraron con firmeza hacia uno de los furgones, sin hacer caso a mis súplicas ni a mi resistencia. Me empujaron dentro con brusquedad, haciéndome caer al suelo del vehículo con un golpe sordo.
Me puse en pie, pero antes de que pudiera salir, cerraron ambas compuertas, sumiéndome a una oscuridad total. Gol-peé las paredes metálicas con impotencia, buscando una salida que parecía cada vez más distante.
—¡Dejadme salir! ¡Por favor!
Sentí que el furgón se ponía en marcha, mientras el aire se volvía denso ahí dentro. El ruido del motor rugió mientras el vehículo se alejaba, llevándome más lejos de Landon. El pensamiento de él desangrándose solo avivaba mi determinación de encontrar una manera de regresar a su lado, de luchar por su vida.
—Por favor. .
Mis súplicas resonaron débilmente en el reducido espacio del furgón. Me dejé caer lentamente al suelo, vencida por la impotencia y la ansiedad que me embargaban.