En la línea de fuego 680
95%

680

—Voy a estar bien, te lo prometo.

Le di un beso en la mejilla antes de desaparecer por la puerta.

* * *

Landon me extendió el ramo de lirios en silencio. Quería que fuera yo quién se las diera.

Me agaché para colocar con cuidado las flores frescas que había traído y recorrí con la mirada las inscripciones talladas en la piedra. Nunca me acostumbraría a ver ese nombre y apellido en ella. A pesar de que hubiesen pasado varios meses desde que se marchó, el dolor seguía muy reciente en mi corazón.

Con un denso suspiro, me puse en pie. Permanecí al lado de Landon en silencio durante un buen rato. Ninguno de nosotros parecía tener las palabras adecuadas para expresar lo que sentíamos en ese instante.

—¿Sabes que mi padre estaba obsesionado con que termi-náramos juntos? —confesé, esbozando una débil sonrisa en mis labios.

Landon giró la cabeza hacia mí, sorprendido por mi repentina revelación.

—¿De verdad?

—Oh, venga, no te hagas el sorprendido. —Reí levemente—. Eres demasiado bueno para ser verdad.

Se quedó muy callado, regresando la vista al frente.

—Quería dejarme en buenas manos cuando se fuera —a ñadí con un nudo en la garganta, viendo cómo mi sonrisa se desvanecía poco a poco—. Eso es lo que me dijo antes de que me marchara y le dejara solo. Odio pensar que no pasé los 681

últimos días que le quedaban de vida con él.

—Estabas cumpliendo con tu deber, Jules. Además, lo hiciste por él. Eso te honra.

Un silencio pesado se instaló entre nosotros una vez más.

—Yo en cambio, no puedo decir lo mismo —dijo Landon de pronto, tragando saliva con esfuerzo.

—¿Por qué dices eso?

—Lo hubiese decepcionado mucho si aún estuviera aquí.

—No es cierto —respondí con voz suave, poniendo una mano reconfortante en su hombro—. Tú también estabas haciendo tu trabajo.

Apretó los labios con fuerza.

—Te he fallado, Jules.

—No me has. .

—Señorita Miller —interrumpió una voz detrás de nosotros.

Toda la sangre de mi cuerpo se heló en ese preciso instante. Me giré lentamente, solo para confirmar que esa voz pertenecía a la de Foster.

Estaba plantado de pie, a unos metros de nosotros. Vestía su habitual traje oscuro, impecablemente planchado, que contrastaba con su tez pálida y arrugada. Su mirada penetrante escudriñaba la escena con sus ojos oscuros y serios, como si estuviera calculando cada detalle.

—¿Qué hace él aquí? —le espeté a Landon.

Pero él no reaccionó, es más, ni siquiera se había sorprendido de su presencia. Mis ojos se ampliaron lentamente, llenos de incredulidad, al empezar a atar cabos.

—¿Me trajiste aquí a propósito? —cuestioné en un hilillo de voz.

—Era la única forma de que accedieras a verle.