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Al no encontrarlas, decidí buscar en la opción B, que era el cajón de la mesita del comedor.
—¿Al cementerio? —repitió, siguiéndome ahí donde fuera—. ¿Por qué?
Me agaché para abrir el cajón.
—Mi padre está muerto, por si se te olvidaba —contesté sin mirarlo, sacando documentos y revistas para ver si las llaves estaban ahí.
—Eso ya lo sé. Me refiero qué haces yendo con él.
—Aquí están —anuncié, levantándome del suelo y guardando las llaves en mi bolsillo—. Tenéis unas llaves de repuesto debajo de la maceta, aunque es mejor que no salgáis por si. .
Estaba abriendo la puerta, pero me interrumpí a mí misma cuando Nolan la cerró de nuevo con su mano.
—No vas a ir con él.
—¿Por qué no?
—¿Después de lo que te ha hecho, sigues confiando en él?
—me cuestionó, su mirada fija en la mía.
Me quedé unos instantes en silencio. Aunque me costaba admitirlo, Nolan tenía razón en cierto modo. Landon había demostrado no ser un buen amigo en estos meses, pero todavía tenía la esperanza de arreglar las cosas con él.
—Solo quiere llevarle flores a mi padre, Nolan. Además, hace mucho que no me paso para verlo. Me irá bien.
Pero él no parecía estar muy seguro de eso.
Extendí mi mano hacia la suya. Él desvió la mirada hacia nuestras manos entrelazadas, como si estuviera contemplan-do algo más que el simple gesto físico. Luego, envolvió sus dedos en los míos y alzó la vista para encontrarse con mis ojos.