En la línea de fuego 678
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—Supongo que tienes razón —admitió, pareciendo más calmado.

Exhalé un suspiro de alivio. La situación no había terminado tan mal, después de todo.

—¿Quieres que entremos a tu casa a hablar?

Vale, tal vez había hablado demasiado pronto.

—No —me apresuré en negar, aclarándome la garganta al darme cuenta de lo sospechoso que había sonado eso—. Prefiero acompañarte al cementerio. Espérame en el coche, tengo que coger las llaves de casa.

Landon asintió una vez y regresó al vehículo.

Me apresuré a subir las escaleras y entrar en casa antes de que Landon cambiara de opinión y decidiera entrar por alguna razón.

Justo cuando cerraba la puerta detrás de mí, ahogué un grito al ver una figura alta y esbelta justo a mi lado. Mis ojos se abrieron con sorpresa y luego se estrecharon en una mirada de reproche.

—¡Nolan! —exclamé en un susurro, por si Landon nos escuchaba—. ¿Qué estás haciendo aquí? ¡Os dije que os escon-diérais en mi habitación! ¿Qué hubiera pasado si Landon hubiese decidido entrar a mi casa?

—¿Las flores eran para ti?

—¿En serio eso es lo único que te importa?

—Sí.

Solté un exasperado suspiro.

—No tengo tiempo para esto —aseguré mientras me dirigía hacia el cajón donde guardaba las llaves.

—¿A dónde vas? —me preguntó, siguiéndome.

Abrí el cajón y rebusqué entre mis cosas.

—Al cementerio con Landon.