En la línea de fuego 674
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Y ahora se presentaba a mi casa con un maldito ramo pensando que eso lo arreglaría todo entre nosotros.

Di un paso hacia adelante, descendiendo el primer escalón y quedándome en él.

—¿Recuerdas esa noche en la que te llamé a las dos de la madrugada?

Apretó los dientes con fuerza.

—Sí.

—¿Sabes cuántas veces te llamé?

—Trece.

No tardó ni tres segundos en contestar, lo que me enfure-ció aún más que lo supiera tan bien.

—Y no me cogiste ni una.

—Jules, yo. .

—Ni lo intentes —le interrumpí, señalándolo con el dedo índice—. Estábamos a miércoles, y cada miércoles haces turno de noche. Te llamé porque sabía que estabas despierto, Landon.

No dijo nada.

—Ese día tuve una pesadilla, ¿lo sabías? —le expliqué con voz temblorosa, a punto de quebrarse por las lágrimas que amenazaban con escapar—. No, por supuesto que no. Porque no te molestaste ni siquiera en devolverme una llamada.

Desde esa distancia pude ver la vergüenza que emanaba de él.

—Soñé que revivía ese trágico día del incendio en el psiquiátrico, y entonces veía a mi padre en una de las ventanas.

Corría desesperadamente hacia él para intentar salvarlo, pero las llamas me lo impedían. Gritaba, lloraba, luchaba por encontrar una salida. Pero por más que lo intentaba, la vida de mi padre se desvanecía cada vez más, consumido por las 675

llamas.

» Cuando desperté, no podía respirar. Me sentía como si me faltara el aire, como si estuviera encerrada en ese sueño de nuevo. Estaba en medio de una crisis de ansiedad. —Hice una pausa—. Nunca había lidiado con una yo sola. Siempre que me había pasado, mi padre había estado allí para tranquilizarme.

Landon no se atrevía a mirarme. Tenía la mandíbula tensa y los ojos fijos en esos lirios.

—Te necesitaba, Landon. Necesitaba a mi amigo más que nunca, y tú. . —Ahí fue cuando rompí a llorar—: simplemente no estabas.

NOLAN

Ya no lo aguantaba más.

—Apártate de la puerta, Beth.

—No puedes salir. Si te ve, estás jodido.

—Podré soportarlo.

Hice ademán de girar el pomo, pero Beth se interpuso, ta-pándolo con su cuerpo para que estuviera fuera de mi alcance.

—Nolan, hablo en serio. No lo hagas —dijo, su mirada suplicante buscando calmar mi arrebato—. Sé perfectamente que si quieres cruzar esa puerta, no podré impedírtelo. Pero tienes que dejar que solucionen sus asuntos entre ellos.

Mi enfado crecía exponencialmente. Me preguntaba qué demonios hacía perdiendo un minuto más de su tiempo con ese imbécil.