En la línea de fuego 667
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—Estamos jodidos —dijo Beth.

—Muy jodidos —añadió Nils.

—Jodidamente jodidos —se sumó Amelia.

Nos encontrábamos una vez más en mi casa, intentando trazar un nuevo plan, esta vez para dar con el paradero de Renata. Aunque estaba decidida a echarlos fuera si persistían con esa actitud pesimista.

—¿Podéis ser un poco optimistas? —inquirí con fastidio, pues hasta ahora solo se habían lamentado—. Si no es mucho pedir.

—Es mucho pedir —aseguró Nils.

—Ya sabes que odio el optimismo —me respondió Amelia, encogiéndose de hombros.

Beth esbozó una sonrisilla pícara en sus labios.

—Entonces ya me agradas.

Puse los ojos en blanco.

No había quién aguantara a esos tres juntos.