En la línea de fuego 646
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Sí, la sabía.

Su confesión me dejó sin aliento, y sentí cómo mi corazón se desgarraba al escuchar el dolor en su voz. Agaché un poco la cabeza, tratando de ocultar el mar de lágrimas que era, pero sabía que con Nolan era imposible ocultar esas cosas.

Noté su cálido contacto en mi mentón, levantándolo suavemente para obligarme a encontrarme con su mirada. En esos ojos vi un refugio seguro donde dejar caer todas mis barreras y permitir que mi vulnerabilidad se mostrara por completo.

—Jules, no tienes que sufrir en silencio. No conmigo. Estoy aquí para ti, siempre lo he estado, y que no te quepa ninguna duda de que siempre lo estaré.

No había falsedad en sus palabras, era una promesa sincera. Lo había sido desde el principio.

Algo me empujó a desviar mis ojos hacia esos perfectos labios. Estaba convencida de que, detrás de ellos, se asomaba la misma sonrisa genuina de aquel niño que conocía. Pero a-ún no había tenido el privilegio de verla.

Sus ojos oscuros siguieron mi gesto con la mirada y los clavó en mis labios, percibiendo un atisbo de deseo en ellos.

Podía jurar que estuvo a punto de cruzar un límite, pero justo en ese instante, la puerta de mi casa se abrió.

Nils y Beth entraron en el comedor, inmersos en una animada conversación que se desvaneció en el instante en que nos vieron a Nolan y a mí tan cerca.

Me aclaré la garganta, creando una distancia entre él y yo.

En un intento por romper el silencio que se había apoderado entre los cuatro, le pregunté a Nils:

—¿Estás mejor?

—¿Os habéis besado? —Nils alzó una ceja, ignorando mi cordial pregunta.