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Su contacto hizo que un revoltijo de mariposas se manifestara en mi estómago.
«Sí, y esto otro que siento sucede cada vez que te acercas» pensé, pero no iba a admitirlo en voz alta.
Suspiré con los ojos cerrados, esperando a que el dolor cesara un poco.
Tenerlo tan cerca hizo que su aroma me embriagara por completo, perdiendo todos los sentidos. Alcé la cabeza y lo miré directamente a los ojos. Nolan sostuvo mi mirada, sin apartar sus ojos de los míos.
En ese momento, pareció que el tiempo se detenía a nuestro alrededor, como si en lugar de estar en mi casa, estuviésemos en mi mente, ese lugar oscuro al que acudía para que no me sintiera sola.
Entonces sentí la necesidad de hacer algo.
Sin previo aviso, me lancé hacia él y lo abracé. Tuve que ponerme de puntillas para envolver firmemente mis brazos alrededor de su cuello. Parecía bastante sorprendido por mi repentino gesto, pero pronto correspondió, rodeando mi cintura con sus brazos y apoyando la barbilla sobre mi cabeza.
Levantó una de sus manos para acariciar mi cabello con ternura, mientras la otra permanecía en mi espalda baja.
—Lo siento —susurré, aún aferrada a su cuello—. Siento haberte tratado así.
Mis ojos comenzaron a arder. Parpadeé rápidamente para disipar las lágrimas. Estaba harta de llorar, pero pensar en todo lo que tuvo que sufrir durante años hacía que el alma se me cayera a los pies.
—No es tu culpa, Jules. Te borraron la memoria.
Que intentara hacerme sentir bien todo el tiempo, impidiendo que pensara que yo era la responsable de todo, solo 645
hizo que las ganas de llorar se intensificaran. ¿Por qué era tan bueno conmigo, después de todo?
—Lo sé, pero había personas en este psiquiátrico que, de algún modo, me resultaban familiares. En cambio, tú. . —Sacudí la cabeza con pesar—. Es como si simplemente nunca hubieras existido. Te miraba y no había nada en ti que conociera. Era como ver un completo desconocido.
Noté cómo la nuez de su garganta se deslizaba, y supe que mis últimas palabras le habían dolido. Nos separamos de nuevo, aunque manteniendo la misma cercanía. Con suavidad, limpió una lágrima solitaria que resbalaba por mi mejilla con su pulgar.
—¿Y ahora a quién ves frente a ti, Jules?
Tragué saliva para deshacer ese maldito nudo que ya se había formado en mi garganta, pero parecía haberse aferrado con fuerza, negándose a desaparecer.
—Veo. .—titubeé antes de continuar—. Veo a ese niño pequeño que siempre estuvo ahí cuando creí que estaba sola.
Veo a aquel chico de cabello oscuro y ojos castaños que hacía todo lo posible para asegurarse de que estuviera bien, incluso cuando él mismo no lo estaba. Veo a un niño que solo ansiaba escapar de ese lugar, pero que sacrificó esa posibilidad solo para protegerme. No puedo ni imaginarme lo doloroso que debió ser para ti.
Apretó los dientes, haciendo que su mandíbula se tensara.
—Te mentiría si te dijera que fue fácil. Al principio pensé que me acostumbraría a tu ausencia, pero nunca aprendí a vivir sin ti —admitió, y se me rompió el corazón en mil pedazos—. Te veía en cada par de ojos azules, cada sonrisa bonita, cada mariposa de papel. . Te veía en todos lados. Pero sabía que había hecho lo correcto, y si me preguntas si lo volvería a hacer, ya sabes la respuesta.