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Pero, todavía había aspectos que no encajaban del todo en esa supuesta verdad. Eso explicaba los innumerables suicidios que había en el psiquiátrico, pero. .
¿Qué pasaba con los secuestros y las muertes fuera del psiquiátrico? ¿Acaso también estaban vinculados al hospital?
Según los informes, las desgracias comenzaron justo cuando Nolan apareció en el pueblo. Pero, ¿qué conexión tenía él con todo esto?
Fruncí el ceño, tratando de ordenar mis pensamientos caóticos. Tenía la sensación de estar frente a una verdad a medias.
—Sé lo que estás pensando —afirmó Nolan, con los ojos clavados en mí—. El psiquiátrico ha estado detrás de cada u-na de esas muertes, incluso de los secuestros. Han estado o-perando en las sombras durante años, y nadie se ha dado cuenta.
Me estaba empezando a marear, y ya no sabía si era por la resaca o la cantidad de información nueva que estaba recibiendo. Quizás un poco de ambas.
—¿Cómo es posible? —pregunté. A duras penas lograba articular palabras, como si mi lengua estuviera atada en nudos—. ¿Cómo pudieron salirse con la suya durante tanto tiempo sin que nadie lo notara?
—Porque son expertos en ocultar la verdad —contestó Nolan con resentimiento—. Manipulan los informes, silencian a quienes intentan revelarla y mantienen a todos bajo su control.
Recordé las palabras del inspector Foster cuando me explicó el caso de Nolan. Al principio, todo parecía señalarlo como el responsable de una serie de crímenes horribles, y la forma en que el sistema parecía doblarse ante él solo reforzaba ese odio. Pero ahora veía las cosas con una claridad 626
nueva.
No era Nolan quien manipulaba los hilos de la justicia, si-no el psiquiátrico Henninger, ocultándose en las sombras co-mo malditos cobardes mientras el pueblo apuntaba con el dedo al asesino que ellos mismos se habían encargado de es-tigmatizarlo como tal, pues les convenían que creyeran que un asesino despiadado era quien estaba detrás de todo esto.
Y, en realidad, tenía todo el sentido del mundo. A Nolan se le categorizó como uno de los criminales más peligrosos del país cuando llegó al pueblo, tras la cantidad de muertes que supuestamente estaba ocasionando en una comunidad tan tranquila como lo era Harpers Ferry.
Aunque no solo por eso, sino por la forma en que desfigu-raba los cadáveres y los dejaba tirados a la vista de cualquiera, el hecho de que incluyera a niñas en su larga lista de víctimas y no tuviese compasión ni por los más pequeños y vulnerables. . Todo eso solo sirvió para alimentar el terror que el psiquiátrico necesitaba para cubrir sus huellas.
Madre mía.
Era un plan maestro de manipulación.
—Aunque esto que me estás diciendo fuera cierto, ¿cómo puedo estar segura? Tenemos montañas de pruebas en tu contra, pero del psiquiátrico no tenemos nada. Nada que nos haga sospechar siquiera que tienen algo que ver en todo es-to.
—Las pruebas siempre han estado allí, Jules. En tu mente, en tus pesadillas, en tus recuerdos. Lo que viviste, lo que presenciaste. . eso es la verdad. Por eso nadie la sabe, solo los que la hemos vivido.
Me quedé en silencio, procesando sus palabras.
—Así que, ¿no eres un asesino?
—Nunca lo he sido.