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Sentí el fracaso arder en mi pecho. Creí que funcionaría, pensé que esta vez no sería distinta a las otras veces. Pero no había funcionado. Mis poderes no habían respondido.
Así que ahora solo tenía una posibilidad de salir de aquí.
Huyendo.
Me impulsé hacia adelante, empujándolo por un hombro para deslizarme hacia un lado. Mi movimiento tomó por sorpresa al hombre, pero no pareció ser lo suficientemente rápido, pues logró alcanzar uno de mis brazos. El tirón fue tan fuerte que sentí una aguda corriente de dolor en mi hombro que serpenteó hasta mis dedos. Entonces, antes de que pudiera procesar las opciones que tenía, mi cuerpo se estrelló contra la pared con un impacto brusco.
El hombre me aprisionó contra la pared, rozando partes de su cuerpo con el mío. Sentí un revoltijo en el estómago, una mezcla de asco, miedo y desesperación. Quise gritar, alejarme de él como pudiera y aprovechar la mínima oportunidad para salir de esa, pero una sensación de impotencia me paralizó. Porque, a pesar de que él fuese de por sí más fuerte que yo, no estaba en mis mejores condiciones. El alcohol que fluía por mis venas había alcanzado su punto máximo, y ahora estaba notando todos los efectos en su máximo esplendor.
Notaba mi frente empapada de sudor, mi respiración jadeante por la ansiedad arraigada en mis pulmones y estómago, y una sensación persistente de mareo que hacía que el mundo girara a mi alrededor con tanta vehemencia que estaba convencida de que acabaría perdiendo el equilibrio si seguía en pie.
El momento justo en el que sentí una de sus manos deslizarse por dentro de mi vestido, ahí fue cuando el pánico alcanzó límites titánicos.