En la línea de fuego 607
86%

607

—Beth, ¿va todo bien? Me estás preocupando.

—Sí, sí —contestó desde el otro lado de la puerta—. Es que el alcohol no me ha sentado muy bien.

Fruncí el ceño.

—Solo te has tomado dos chupitos.

Yo me había bebido uno más que ella y, aunque comenza-ra a notarme mareada, ni de lejos me sentía tan mal como ella. Aunque supongo que sería cosa del tiempo, pues estaba convencida de que en un par de minutos ya estaría en la ci-ma de una montaña rusa.

—No me juzgues, hacía tiempo que no bebía.

Sí, tal vez era eso. Yo llevaba tres meses bebiendo vino sin parar. Dudaba que mi padre estuviese muy orgulloso de la hija que tendría en este momento.

Beth finalmente salió de la cabina, luciendo un poco mejor que antes, lo que me tranquilizó enormemente. Parecía que el breve descanso le había sentado bien, y esperaba que el malestar pasara pronto.

Abrió el grifo y se mojó la frente con agua refrescante antes de salir.

Choqué de lleno con la espalda de Beth cuando se detuvo de golpe. Fruncí el ceño, desconcertada. Pero no tardé en entender lo que estaba pasando cuando vi que en la pared de enfrente estaba ese hombre que nos había molestado antes.

—Tú. . —murmuró Beth con los ojos clavados en él, apretando los dientes con fuerza.

Miré de reojo hacia el otro extremo del pasillo cuando noté la presencia de otras dos figuras robustas. Eran los mismos guardias de seguridad que habían escoltado la entrada de la discoteca.

Beth también los vio y les dijo con un suspiro de alivio: 608

—Menos mal que llegaron. Llévense a este hombre a un asilo de ancianos, por favor. Ni siquiera sé por qué sigue aquí.

El hombre soltó una risita baja.

—Creo que te has equivocado, pelinegra.

—¿Qué hacíais en el baño? —preguntó uno de los guardias, el que había discutido con Beth en la entrada de la discoteca.

La pregunta nos pilló por sorpresa a las dos.

—¿No cree que eso es muy intrusivo? —Beth se cruzó de brazos.

—Sólo estamos tratando de mantener el orden aquí.

Esta vez fui yo quien hablé.

—¿Y qué orden va a mantener preguntando eso, exactamente? ¿No deberían estar ocupados buscando a personas que realmente causen problemas, como el hombre que tenéis justo delante de vuestras narices, en lugar de interrogar a dos mujeres por ir al baño?

No sabía qué estaba pasando, pero la forma en que nos miraban, en especial a Beth, no me estaba dando buena espina.

—No voy a repetirlo, ¿qué hacíais en el baño?

Beth y yo nos miramos brevemente, intercambiando una expresión de confusión total.

—Esto es ridículo. Vamos, Beth.

La tomé de la mano para que pudiéramos alejarnos juntas de allí. Sin embargo, al pasar entre los dos seguratas, sentí cómo su mano se soltaba de la mía. Cuando volteé para saber qué estaba pasando, comprendí que a ella no la habían dejado pasar.

—Me temo que tu amiga se viene con nosotros.

—Espera, ¿qué?