En la línea de fuego 605
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El hombre se enderezó, mirando fijamente a Beth con desdén.

—Suelo recordar las caras de la gente que se burla de mí

—dijo con voz amenazante—, y créeme, la tuya es la primera que recordaré.

Beth lo miró con una expresión desafiante, sin mostrar ni un ápice de miedo.

—Pues, en ese caso, espero que la mía te inspire buenos recuerdos.

—No te pongas graciosa, pelinegra. No te conviene.

Dicho eso, se alejó para unirse con su grupo de amigos.

Todos cuarentones.

—¡Eso, vete con los de tu edad, fósil ambulante! ¡Espero que tengan bastón para cuando se cansen de hablar de política! —gritó Beth.

Comencé a reírme sin parar.

A pesar de que ya se hubiese alejado, decidimos cambiar de lugar y buscar una nueva pista de baile, pues ya no nos sentíamos cómodas en ese lugar.

Sin embargo, mientras bailábamos al ritmo de la música, noté que Beth parecía inquieta. Observaba a su alrededor con una expresión concentrada y el ceño ligeramente fruncido. No le dije nada al principio, pensando que quizás solo estaba echando un vistazo al ambiente, pero su mirada preocupada no pasó desapercibida para mí.

—¿Todo bien? —le pregunté.

Beth titubeó por un momento antes de responder, pero finalmente asintió con una sonrisa forzada.

—Sí, solo que a veces me agobio un poco en lugares con mucha gente.

—¿Quieres que salgamos un rato fuera para tomar el aire?