En la línea de fuego 599
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Era la última persona que esperaba encontrarme.

Iba vestido con el uniforme habitual de los barman que había en esa discoteca, pero a él le sentaba especialmente bien. Llevaba un chaleco de traje negro, una camisa blanca ajustada debajo que delineaba su torso atlético y contrastaba con su tono oscuro de piel, y una corbata negra metida por dentro del chaleco.

Estaba segura de que Nils era el tipo de camarero que capturaba la atención apenas entrabas en la discoteca. Su presencia era tan magnética como su sonrisa, la cual desplegó ante nosotras nada más vernos.

Se despegó de la pared y acortó la distancia que nos separaba, hasta que se plantó delante de nosotras, detrás de la barra.

—¿Qué. .? ¿Qué haces aquí? —pregunté, aún sorprendida porque nos hubiésemos encontrado en un lugar como ese.

Él se inclinó ligeramente hacia delante, apoyando los brazos en la barra.

—Trabajo como barman desde hace dos meses. Al salir del psiquiátrico, necesitaba curro, y aquí me lo dieron sin problemas. La verdad es que no me puedo quejar de este trabajo, me siento muy cómodo en él.

Y no esperaba menos, pues no era solo su apariencia lo que lo hacía destacar. Nils poseía una habilidad innata para hacer que las personas a su alrededor se sintieran cómodas y especiales, así que encajaba genial en estos ambientes festivos y alegres.

Parecía ser ese tipo de camarero que recordaba tu nombre y tu bebida favorita, el que te saludaba con una sonrisa genuina y te hacía sentir como si fueras el único cliente en el lugar, a pesar de la multitud. Hacía que cualquiera se sintiera valorado a su lado.