En la línea de fuego 595
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—¿Está insinuando algo? Porque, en ese caso, me encantaría que me lo dijese sin rodeos.

—No permito excepciones, eso es lo que estoy insinuando

—respondió el hombre con tono cortante, disfrutando de su pequeño momento de autoridad.

—No es una excepción. He estado hace nada en esta discoteca, por lo que simplemente tiene que volver a dejarnos pasar.

—¿Ah, sí? —cuestionó, impasible—. ¿Puede confirmar que realmente ha estado aquí? Porque no me suena en absoluto, y su amiga tampoco.

Beth, a pesar de estar cerca de ser descubierta, no se dejó intimidar.

—Es curioso, porque yo sí que me he quedado con su cara de Miércoles. —Se cruzó de brazos, alzando una ceja—. ¿No ha cenado hoy? ¿Le ha dejado su mujer? ¿Es eso? Porque no encuentro ningún motivo racional para que no nos deje pasar. Le acabo de decir que puedo tener un ataque de asma y armar un escándalo aquí mismo si no hace lo que le he pedido amablemente, y no parece importarle demasiado.

—El escándalo ya lo está armando usted misma.

Mi amiga soltó un bufido.

—Oh, no me conoce si cree que estoy montando un escándalo. Apenas acabo de empezar.

El hombre soltó un exhausto suspiro, echando un vistazo a las personas que Beth tenía detrás.

—Le agradecería si deja que siga con mi trabajo, estáis formando más cola.

Eso no pareció entrar en los planes de Beth, pues un destello de sorpresa y confusión cruzó su rostro. Supongo que pensaba que su plan funcionaría a la perfección, pero ahora no solo había fracasado, sino que dudaba que nos dejasen 596

pasar aunque hiciésemos esa cola interminable.

—¿Sabe qué? Voy a hablar con su supervisor ahora mismo

—amenazó Beth, con un dedo en alto y una expresión indignada—. ¡Esto es discriminación contra los asmáticos!

El guardia soltó una áspera carcajada.

—Ni siquiera existe eso.

—En realidad, sí —intervine, dando un paso al frente al tiempo en que todas las miradas se posaban en mí.

Hasta ahora me había mantenido al margen de esto, pero no me había gustado con qué aires de suficiencia se había dirigido hacia Beth.

—La discriminación por razones de salud —empecé a decir—, como el asma, está expresamente prohibida por la ley.

De acuerdo con la Ley de Estadounidenses con Discapacidades, se requiere que se hagan ajustes razonables para permitir el acceso a lugares públicos a personas con discapacidades, lo cual incluye permitirles el acceso a sus medicamentos necesarios, como un inhalador. Además, negar el acceso a alguien que necesita un medicamento vital podría conside-rarse negligencia.

Esa era la ventaja de mi carrera, que nadie podía tomarme el pelo cuando se trataba de leyes y regulaciones.

Beth parpadeó, sorprendida, pero rápidamente recuperó la compostura y decidió seguirme la corriente.

—Ehhh, eso es lo que estaba diciendo, sí. —Carraspeó la garganta.

—Así que, le aconsejaría que hiciese caso a mi amiga, si no quiere meterse en problemas legales —añadí.

El guardia frunció el ceño, dispuesto a discrepar de nuevo a pesar de todo. Sin embargo, antes de que pudiera responder, intervino su compañero: