586
—La misma que creías conocer —rectifiqué.
—Pero, ¿por qué haría algo así?
—Porque es la hija de Madeline Gerlach.
—¿De la directora? —cuestionó, atónita.
Asentí.
Permití que el silencio creciera entre nosotras, dándole tiempo a Beth para digerir lo que acababa de contarle. No es que fuese muy agradable enterarte de que tu compañera de habitación, la persona con la que habías convivido durante meses, no era quien decía ser.
—¿Y Adler?
Se me hizo un agujero en el estómago al nombrarlo.
Aparté la mirada de ella, clavándola en la pared que teníamos enfrente. La imagen de Adler, vivo y vibrante, chocaba contra la cruda realidad de su ausencia. Era la primera persona que se me venía a la cabeza cuando veía el hospital. Ya fuese en un televisor, en un periódico o simplemente apareciendo en alguna conversación. Pero hacía tiempo que nadie decía su nombre en voz alta.
Beth bajó la barbilla al comprenderlo.
—Pensé que los bomberos habrían llegado a tiempo y. .
—Fue Lily —la interrumpí, poniéndome muy tensa—. Ella lo mató.
El rostro de Beth palideció aún más, si eso era posible.
Sus labios se entreabrieron ligeramente, pero las palabras parecían eludirla completamente.
—Iba a dispararme a mí para impedir que me escapara, pero Adler se interpuso antes de que la bala me alcanzara.
Beth me observó directamente a los ojos, escudriñando cada rasgo, cada sombra de emoción que cruzaba mi rostro.